El público de la Manolo Santana asiste absorto a un monólogo. "¿Ya?", pregunta un aficionado a otro cuando el reloj señala 25 minutos y Sinner ya se ha apuntado el primer set. Ni rastro de Zverev. "¿Cuándo se presenta a la final?", cuestiona el mismo aficionado mencionado. No se llega a la hora cuando el italiano ya ha echado el lazo (6-1, 6-2) al torneo, su cuarto Masters 1.000 de la temporada y su quinto consecutivo. Algo inalcanzable incluso para Nadal, Federer y Djokovic. Nadie lo había logrado. De Sinner asusta más su futuro que el presente.
Miranda Priestly nunca ha necesitado explicarse, pero su imagen sí ha sido reinterpretada con el paso del tiempo hasta convertirse en algo más complejo que un simple personaje de ficción. Hoy, su figura vuelve a situarse en el centro del debate cultural a raíz de la forma en la que encarna una idea cada vez más presente en la moda y la belleza contemporánea: el pelo blanco como símbolo de poder, control y elegancia sin concesiones. Lo que antes se asociaba de forma casi automática al envejecimiento como pérdida de valor estético, ahora se está reescribiendo como una afirmación estética deliberada.