OPINIÓN

Europa le escupe en la cara a Trump cuando más lo necesita

Europa le escupe en la cara a Trump cuando más lo necesita
  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

Europa le ha dicho “no” a Trump a la cara cuando el mandatario norteamericano ha pedido la colaboración de sus aliados frente al cierre del vital estrecho de Ormuz por parte de Irán. Y sí, vale, también japoneses y coreanos se han hecho los locos ante la petición norteamericana, aunque con excusas bastante más atendibles.

Pero, en el caso europeo, uno advierte cierto recochineo en la negativa, un punto de esa repulsiva arrogancia del lacayo que aprovecha el momento de debilidad de su señor para escupirle en la cara. Y uno tiene que preguntarse a qué juega Europa, exactamente.

Es cierto que en el panorama internacional se está formando tentativamente una agrupación de países, por lo demás totalmente incompatibles, unidos solo por el rencor contra el hegemón mundial, algo parecido a esa heterogénea alianza de tribus —desde islamistas a activistas LGTB— sobre la que descansa todavía la hegemonía ideológica de la izquierda. Rusia y China serían los inverosímiles líderes de este contubernio internacional.

Pero Europa no querría acercarse a esta alianza ni con un palo. Ha hecho un juramento a lo Aníbal de odio eterno a todo lo ruso, y con China su relación es, en el mejor de los casos, comercialmente tormentosa.

Entonces, ¿en qué se apoyan los países europeos para respaldar este desafío? La respuesta, mucho me temo, es que el Viejo Continente vive en la ilusión de que todavía pinta algo por sí mismo en la escena internacional.

Será mejor que despierten, y deprisa Por el estrecho de Ormuz pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. En el caso europeo, la dependencia energética externa supera el 55 %, y una parte relevante de ese suministro procede directa o indirectamente del Golfo. Lo que ocurra en ese estrecho no es una cuestión lejana: afecta al precio de la energía, a la inflación y, en última instancia, a la estabilidad económica del propio continente.

En materia de defensa, los países europeos siguen dependiendo en gran medida de Estados Unidos. Y Europa quiere comportarse como un actor global sin asumir los costes. Negarse a colaborar puede interpretarse como un gesto de independencia, pero, sin una alternativa, el gesto parece a la pataleta de un niño mimado.

Pero cabe una segunda interpretación. Puede que los dirigentes europeos no hayan dejado de creer en la alianza transatlántica. Puede que, simplemente, no crean en Trump y estén haciendo tiempo, esperando a que pase la tormenta y que llegue a la Casa Blanca una administración demócrata para restablecer las viejas formas, los consensos y la previsibilidad. Sería una apuesta muy arriesgada.

Porque incluso en el caso de que ese relevo político se produjera —y no es en absoluto seguro—, no está claro que Washington vaya a comportarse como esperan en Bruselas. Las dinámicas de poder, una vez en marcha, rara vez se deshacen por completo. Y los avances en política internacional, especialmente en términos de presión estratégica o redefinición de alianzas, no suelen abandonarse sin más por un simple cambio de inquilino en la Casa Blanca.

Menos aún cuando se percibe falta de reciprocidad. Europa puede permitirse hoy un gesto de distanciamiento porque sigue confiando en que la estructura profunda de la alianza no cambiará. Que Estados Unidos seguirá garantizando, en última instancia, su seguridad y sus intereses vitales, con independencia de los roces coyunturales.

Pero esa confianza puede ser excesiva. Porque desde Washington la escena puede leerse de otra manera: como la negativa de un aliado a implicarse en un momento de tensión en una región crítica para el sistema internacional. Como una bofetada, en definitiva, en un momento en el que se pedía apoyo.

Lo último en Opinión

Últimas noticias