Llevaba cuatro o cinco entrevistas esa mañana (cuando se lo pregunté ya había perdido la cuenta), pero justo antes de empezar la nuestra, Antonio Carmona levantó la mano y pidió un segundo. No para hablar del disco ni de la gira que nos había llevado a sentarnos en la misma mesa. Para abrir el móvil: "Dame un segundo, que tengo que ver el vídeo de mi nieto". Sonríe como si acabase de recibir un premio. "Me tiene loco, hace que tenga toda la casa llena de pelotas".
Las protestas que están sacudiendo Irán estos días suelen explicarse en clave política: represión, falta de libertades, corrupción, desigualdades... Ese marco es real, pero incompleto. Existe otro factor estructural que atraviesa el país desde hace años y que tiene que ver con una severa crisis ambiental. Como resultado de la misma han aparecido problemas que amenazan a millones de personas, como la escasez de agua, el hundimiento del terreno o una contaminación atmosférica totalmente descontrolada. Este profundo deterioro del entorno actúa como un potente amplificador del malestar social reinante en el país persa.