Mientras China y EEUU están jubilando sus submarinos nucleares, Argentina invierte 10 millones en modernizar un destructor de 1984

Publicado el: 13 de junio de 2026 a las 08:04
Síguenos
Destructor ARA Sarandí de la Armada Argentina navegando durante operaciones en el mar tras su programa de modernización.

La Armada Argentina ha abierto una licitación para comprar un radar de navegación destinado al destructor ARA «Sarandí», una de sus unidades MEKO 360. El proceso figura como Licitación Pública 0137/2026 y depende del Comando de la Flota de Mar, con apertura de ofertas prevista para el 8 de junio de 2026.

No se trata de un detalle menor en un barco con más de cuatro décadas de servicio. El radar buscado deberá operar en banda X, seguir hasta cien blancos y alcanzar 96 millas náuticas, casi 180 kilómetros, según las especificaciones conocidas del proceso.

Un radar para ver mejor

Un radar de navegación funciona como unos ojos electrónicos para el puente de mando. Emite señales, recibe los ecos de barcos, costas u otros obstáculos y ayuda a la tripulación a entender qué hay alrededor, incluso de noche o con mala visibilidad.

En la práctica, seguir cien blancos significa que el sistema puede mantener una lista activa de contactos. Barcos, boyas, ecos en movimiento o referencias costeras aparecen en pantalla para que los operadores tomen decisiones con más margen. Pequeño en apariencia. Importante cuando el mar se llena de señales.

Qué es la banda X

La banda X es una zona de uso habitual en radares marítimos porque permite obtener mucho detalle a distancias cortas y medias. En el mundo naval se usa para maniobras, vigilancia cercana y navegación en zonas con tráfico, donde distinguir bien un eco puede marcar la diferencia.

Eso no convierte al radar en una solución mágica. La lluvia fuerte, el oleaje y el llamado «ruido» de pantalla pueden complicar la lectura. Pero un equipo moderno ayuda a filtrar mejor esos ecos y reduce parte del trabajo manual de la tripulación.

Por qué importa el Sarandí

El ARA «Sarandí» no es un buque cualquiera dentro de la Armada Argentina. Es un destructor tipo MEKO 360 construido por Blohm+Voss en Hamburgo, con 125,9 metros de eslora, 3.600 toneladas a plena carga y una tripulación de unos 200 marinos.

El barco llegó a la Base Naval Puerto Belgrano el 21 de junio de 1984, después de zarpar desde Hamburgo. Desde entonces, ha formado parte de la columna vertebral de la flota de superficie argentina. Como ocurre con un coche antiguo muy cuidado, puede seguir siendo útil, pero cada pieza electrónica vieja pesa más con los años.

Una recuperación con límites

La compra del radar encaja en un programa más amplio para recuperar capacidades del ARA «Sarandí». Según información publicada sobre los proyectos de inversión de 2026, la iniciativa cuenta con más de 13.000 millones de pesos asignados para el año en curso.

Aun así, conviene no confundir esta licitación con una modernización completa del sistema de combate. Un radar de navegación mejora la seguridad y la conciencia de situación, pero no equivale por sí solo a renovar sensores de vigilancia aérea, dirección de tiro o armamento. Es una pieza del puzle, no el puzle entero.

Menos repuestos y más orden

Uno de los puntos más interesantes del proceso es la idea de estandarizar radares entre unidades. La lógica es sencilla. Si varios barcos usan equipos similares, la Armada necesita menos tipos de repuestos, simplifica el mantenimiento y puede formar técnicos con procedimientos comunes.

Ese enfoque suena poco espectacular, pero en defensa muchas veces lo básico decide si un sistema navega o queda amarrado. Tener repuestos disponibles, manuales claros y personal entrenado evita que una avería pequeña se convierta en un problema grande.

Lo que cambia en la flota

Para el ARA «Sarandí», el nuevo radar supondría una mejora concreta en navegación y seguimiento de contactos. Para la Armada Argentina, también sería una señal de que intenta sostener sus unidades MEKO 360 mientras decide qué hacer con una flota de superficie envejecida.

El reto es evidente. Mantener barcos de los años ochenta exige dinero, planificación y acceso a componentes que a veces ya no se fabrican. Por eso, cada compra puntual debe leerse con matices. Puede ganar tiempo, pero no sustituye a una política de renovación naval más amplia.

Un paso pequeño, pero visible

La licitación no cambia de golpe el equilibrio naval del Atlántico Sur ni convierte al «Sarandí» en un buque nuevo. Lo que sí puede hacer es mejorar una función diaria y crítica. Ver mejor, seguir más contactos y navegar con más seguridad.

Al final del día, la defensa naval también se construye con decisiones así. No siempre son grandes anuncios ni sistemas llamativos. A veces, la diferencia empieza en una pantalla de radar que muestra el mar con más claridad.

La licitación oficial se ha publicado en el Boletín Oficial de la República Argentina.


Kevin Montien

Comunicador Social y Periodista con más de seis años de experiencia en la creación y edición de contenidos digitales para medios de alto impacto, como Revista Semana y ahora en Red+ Noticias. Me destaco por mi capacidad para redactar noticias y cubrir eventos internacionales, como el Giro de Italia 2022. Con conocimientos en estrategia digital y SEO, así como en la optimización de contenidos para Google Discover.

Deja un comentario