«El cliente quiere ser más ladrón que yo»: la confesión del rey del trile en Mallorca sobre la avaricia de los turistas
Fernando Bustamante, histórico trilero de la Playa de Palma, rompe su silencio y concede una extensa entrevista a OKDIARIO
Llevan más de cuatro décadas formando parte del paisaje de la Playa de Palma. Entre denuncias, multas, persecuciones policiales y miles de turistas que cada verano pasan por el Arenal, la familia Bustamante ha mantenido vivo el negocio del trile, convirtiéndose en uno de los clanes más conocidos de la zona. Ahora, Fernando Bustamante, histórico trilero y uno de los líderes de la familia, rompe su silencio y concede una extensa entrevista a OKDIARIO en la que desvela los secretos de un oficio tan polémico como lucrativo.
Desde el funcionamiento interno de las partidas y la organización del clan hasta sus enfrentamientos con la Policía, las estrategias para captar jugadores y el dinero que mueve el negocio, Bustamante lo cuenta todo sin tapujos.
El negocio del trile en la Playa de Palma sigue atrayendo a turistas pese a las advertencias y la vigilancia policial. Para Fernando Bustamante, uno de los nombres más conocidos de este juego callejero, el éxito de la actividad no depende tanto de la habilidad del trilero como de la ambición de quienes creen poder derrotarle.
«Esto es un engaño y no es un engaño. Yo me pongo ahí a hacer el tonto. Si la gente para y quiere ser más ladrón que yo —porque ve la bola, yo se la enseño y quiere llevarse el dinero mío— pues termina cayéndose para abajo», afirma. Según su visión, la responsabilidad recae en quienes se dejan llevar por la codicia. «Eso se llama avaricia. Eso es querer una cosa que, si estás pasando de vacaciones y estás viendo eso, no quieras llevarte lo que no… Si tú ves que tienes tu dinero en tu cartera, guárdatela. Sigue caminando, que yo no te voy a hacer nada. Pero si bajas y quieres ganarme, pues te terminas cayendo».
Detrás de la aparente improvisación del juego existe una estructura perfectamente organizada. Bustamante asegura que para controlar una zona de playa apenas necesita un reducido grupo de colaboradores. «Yo con cinco personas la hago, ahora mismo. Con un vigilante y cuatro en la mesa, me sobra».
Una parte esencial del funcionamiento del trile son los conocidos compinches, personas integradas entre el público que ayudan a generar confianza entre los posibles jugadores. «Los de al lado son los compinches, claro. Controlan el tema y animan un poquito para que el otro juegue, para que la cosa quiera funcionar. Cuando el cliente ve que los de al lado ganan, pues se anima».
Sin embargo, deja claro que la última palabra siempre la tiene quien maneja las patatas y la bolita. «Esto es toda la voz mía. Yo soy el que digo y el que hago, el que tiene que ganar y el que tiene que perder».
En cuanto a los beneficios económicos, reconoce que los ingresos son irregulares, aunque pueden resultar muy rentables en determinados momentos. «Se juegan a 50 pavos la partida, 50 billetes». Y añade: «De vez en cuando sí, no está mal el jornal. Hay veces, por ejemplo, que llevo cuatro días que no hago nada, luego a lo mejor en un día me gano 400 euros».
El reparto de las ganancias se realiza entre todos los participantes, aunque el papel del trilero principal tiene una recompensa superior. «Cada uno se lleva su parte, lo que se merece. Pero el mago, el David Copperfield, soy yo; yo soy el que más gano», concluye.