Los expertos en climatización coinciden: con este calor no bajes las persianas del todo, sólo consigues que la casa se caliente más
Bajar las persianas dejando que entre algo de aire puede ser clave para mantener la casa más fresca
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Cuando el termómetro supera los 30 grados tal y como está pasando la mayoría de días este verano, en gran parte de España, bajar las persianas del todo parece la reacción más lógica para impedir que el sol entre en casa, pero existe un detalle que suele pasar inadvertido y es que si las dejamos completamente cerradas se puede crear una bolsa de aire muy caliente entre las lamas y el cristal. Por ello, los especialistas aconsejan mantener abiertos los orificios de ventilación para que ese calor tenga una salida.
El problema se nota especialmente en habitaciones con grandes ventanales orientados al sur o al oeste, donde el sol incide durante horas. Si la persiana queda pegada al alféizar y sin ninguna abertura, el aire atrapado delante de la ventana aumenta de temperatura y parte de esa energía acaba pasando al interior. El resultado puede ser una estancia recalentada que cuesta mucho refrescar al llegar la noche. La solución no consiste en subir la persiana y permitir que la radiación atraviese el cristal. Basta con dejarla casi bajada, sin apoyar por completo la última lama, o conservar abiertas las ranuras que aparecen entre unas piezas y otras. Así se mantiene la sombra y puede circular algo de aire. El gesto es todavía más aconsejable con las persianas de plástico, porque las temperaturas elevadas pueden favorecer su deformación.
Los expertos en climatización coinciden: con este calor no bajes las persianas del todo
El fabricante alemán Warema aconseja que, por encima de los 30 grados, las persianas no permanezcan totalmente cerradas. Las ranuras destinadas al paso de la luz y del aire deben quedar abiertas para ventilar el hueco existente entre la ventana y las lamas. No hace falta levantarlas mucho: una pequeña separación permite que el aire caliente no quede encerrado sin renunciar a la sombra. Y cuando el modelo carece de ranuras, se puede conseguir un efecto parecido dejando una abertura en la parte inferior ya que la persiana continuará interceptando los rayos solares, pero el calor acumulado dispondrá de una salida.
Por otro lado, Roma, que es otro fabricante especializado, señala que los perfiles de aluminio con orificios de ventilación resultan apropiados, ya que reflejan parte de la radiación y conservan cierta circulación cuando están casi cerrados. Pero ante una tormenta o viento fuerte, sin embargo, conviene cerrarlas completamente para evitar daños.
La importancia de instalar «protección solar en el exterior»
Los expertos en climatización hablan además, de recurrir a la «protección solar exterior», que nos puede sonar a un tratamiento especial para los cristales, pero se refiere a algo mucho más corriente ya que consiste en el uso de persianas, toldos, contraventanas, estores exteriores o lamas colocadas por fuera de la ventana. Estos elementos detienen la radiación antes de que alcance el vidrio ya que su posición exterior protegen mejor frente al calor que una cortina situada dentro del dormitorio o el salón.
Cuando los rayos ya han atravesado el cristal, parte de su energía queda en la estancia. Una cortina puede reducir el deslumbramiento y proporcionar sombra, pero tiene más dificultades para devolver a la calle el calor recibido. Los expertos recomiendan por ese motivo colocar la protección en el exterior siempre que sea posible. Sin embargo, aunque España es un país del que siempre se dice que es de los pocos que tiene persianas en Europa, no en todas las viviendas se permiten instalar elementos en la fachada así que quienes sólo puedan recurrir a soluciones interiores deberían buscar tejidos o superficies de color blanco, reflectantes y con poca transparencia. Cuanta más radiación devuelva el material, menor será la que absorba. Aun así, su eficacia será inferior a la de un sistema que frena el sol antes de que llegue al cristal.
Ventilar a la hora equivocada también calienta la vivienda
Abrir todas las ventanas al mediodía tampoco suele aliviar el ambiente si fuera hace más calor que dentro. Durante las horas centrales conviene mantener cerradas puertas y ventanas. La ventilación debe comenzar cuando la temperatura exterior cae por debajo de la interior, algo que normalmente sucede al anochecer o a primera hora de la mañana. Si es posible además, se deben abrir ventanas situadas en lados opuestos para crear corriente y no olvidarnos de lo explicado: bajar las persianas, manteniendo abiertas sus ranuras.
La vivienda también contiene fuentes de calor que suelen olvidarse. El televisor, el ordenador y las lámparas desprenden energía mientras funcionan; algunos aparatos continúan consumiendo en modo de espera. Apagar o desenchufar lo que no se utilice ayuda a reducir esa carga térmica. En el caso de los frigoríficos y congeladores no pueden desconectarse, pero conviene evitar abrirlos continuamente. Así, la estrategia más útil combina sombra exterior, circulación detrás de la persiana, ventanas cerradas durante las horas de más calor y ventilación nocturna. Y por último, dejar unas pequeñas ranuras abiertas evita que la protección situada frente al cristal termine convertida en una cámara de aire recalentado.