INVASIÓN de CEUTA

Niñas marroquíes de 10 años se esconden bajo los coches de la Policía por miedo a ser violadas por los invasores de Ceuta

Si se separan de los policías son violadas y agredidas sexualmente por los ilegales que deambulan por la ciudad autónoma

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Rosalina Moreno

Niñas marroquíes de 10 años se esconden hasta debajo de los furgones de la Policía por miedo a ser violadas por los invasores de Ceuta. El terror a sufrir violaciones no sólo existe entre las jóvenes y mujeres ceutíes, también entre las chicas del asalto, que son precisamente quienes, hasta el momento, están sufriendo estos ataques.

En Ceuta, de los 80.000 invasores aún permanecen entre 8.000 y 11.000 y los índices de delincuencia están subiendo. Los policías reciben a diario llamadas de agresiones sexuales, no dan abasto. Sin embargo, «no todas afloran y por miedo, muy pocas víctimas presentan denuncia», declaran a este diario fuentes policiales. En el caso de las menores, actúa la Fiscalía.

Este jueves fue perpetrada una de estas violaciones en la ciudad autónoma. Fue en manada, pero sólo uno de los autores pudo ser detenido. Tuvo lugar en la Avenida de Lisboa, una de las arterias de la ciudad. Y fue gracias al aviso de unos vecinos que pudo detenerse a uno de los implicados, todos ellos marroquíes ilegales.

Uno de estos grupos de pequeñas de la invasión permanece pegado a los policías, como puede ver en las imágenes que acompañan a esta información. Se trata de una treintena de niñas, de unos 10, 14, 15 y 16 años, y de jóvenes en la veintena. Entre ellas hay una pequeña de tan sólo 3 años, con sus juguetes.

Estas niñas y jóvenes junto a los policías y a la izquierda de los furgones un asentamiento de ilegales.

Tal es el pánico que sienten que se refugian junto a los furgones policiales, donde los agentes las protegen de los invasores que se encuentran en campamentos ilegales cercanos y merodean alrededor de ellas.

La tensión va en aumento

Ha sido el sindicato Jupol, el mayoritario en la Policía Nacional, el que ha dado la voz de alarma sobre la terrible situación de las agresiones sexuales a niñas en Ceuta y el caos en el que se encuentra sumida la ciudad autónoma, «que está muy lejos de ser normal y segura».

Jupol ha viajado esta semana a Ceuta para dar su apoyo a los agentes desplegados, que están viviendo una situación crítica, incluso con ataques a manos de los ilegales. Además, este sindicato quería con este viaje hacer una radiografía fidedigna de la realidad y destaparla públicamente, ya que la «normalidad» de la que habla el Gobierno de Pedro Sánchez no casa con la verdadera situación que se vive en la ciudad autónoma, donde «la tensión va en aumento».

«Es escalofriante lo que está sucediendo a diario en las calles de Ceuta, cada día hay una violación», declara a este diario Laura García, portavoz del sindicato, denunciando este «absoluto escándalo». Y señala el caso de este grupo de niñas que se encuentran refugiadas junto a los policías, con quienes ha tenido ocasión de conversar, y afirman que «si se separan de los agentes son violadas y agredidas sexualmente».

Además, como recientemente ha informado OKDIARIO, los policías están siendo atacados salvajemente, a pedradas y a patadas. Hay incluso policías con los dedos rotos por las agresiones de los invasores que deambulan por la ciudad.

La ministra de Igualdad sigue sin ir

El campamento donde se encuentra esta treintena de niñas que se refugian de los ilegales casi debajo de los furgones policiales, pegadas a las ruedas, está a plena intemperie junto a otros asentamientos ilegales de individuos de la invasión.

En concreto, se ubica en la carretera que sube de las playas de Benítez y El Trampolín hacia el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Junto a un dispositivo policial fijo que hay justo antes de llegar al CETI, con varios furgones policiales.

Un dispositivo en el que hay una veintena de efectivos para controlar los asentamientos ilegales de la zona. Los alrededores del CETI están tomados por los ilegales.

Los agentes controlando la situación en las inmediaciones del CETI, junto a este grupo de niñas.

Aterradas durante todo el día

Este grupo de niñas y jóvenes pasan el día «muy asustadas, pendientes de cada movimiento de los policías para que no se alejen de donde están». «Es muy triste lo que viven», sentencia Laura García, subrayando que en la ciudad autónoma hay agresiones sexuales que «se ocultan».

Pese a la gravedad de la situación que se vive en Ceuta, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, todavía no se ha dignado a viajar a la ciudad autónoma para arropar a las mujeres ceutíes y las menores ilegales. Además, la ministra asegura que «las niñas no están deambulando», sino en «espacios seguros».

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tampoco se acercó en su viaje de este jueves a los puntos donde los agentes afrontan esta realidad, en la que, además, tanto guardias civiles como policías siguen sin recibir instrucciones ante un posible nuevo asalto.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, sí ha conocido de primera mano la situación. En su visita a Ceuta este miércoles. Una vecina, llamada Pepi, estalló ante la presencia de Robles, por el «abandono» del Gobierno a Ceuta. «¡Tengo miedo!», reconoció, envuelta en lágrimas. La mujer le explicó, además, que ha tenido que «coger un cuchillo» por la inseguridad que sufren los ciudadanos ceutíes tras la invasión. Y le suplicó entre lágrimas que no «abandone» a la ciudad autónoma.

Jupol también se trasladó este jueves a la Jefatura Superior de Policía de Ceuta para «dar una calurosa bienvenida al ministro del Interior» al grito de «Marlaska dimisión» porque «tiene absolutamente abandonados a los policías nacionales y a los guardias civiles, y no sólo en esta invasión, sino siempre».

«Es el peor ministro del Interior y, además, un cobarde», sentencia García. Esto último lo afirma en relación a que «al ver a Jupol y a los periodistas a las puertas de la Comisaría de Ceuta, el ministro ni se bajó del coche, se fue».

En su visita a la ciudad, el ministro también fue recibido con una monumental pitada y gritos de «cobarde», «traidor» y «dimisión».

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