Psicología

Los psicólogos coinciden: las personas que tienen baja autoestima suelen tener más logros que los demás, aunque los disfruten poco

personas que tienen baja autoestima
Joven desilusionada con varios títulos. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Suele darse por hecho que las personas más exitosas, las que acumulan títulos, ascensos y reconocimientos, tienen que sentirse necesariamente bien consigo mismas. La lógica parece sencilla: si algo funciona, la confianza debería acompañarlo. Sin embargo, la psicología lleva décadas documentando justo el patrón contrario en una parte importante de esos perfiles.

Distintos estudios coinciden en que las personas con baja autoestima no solo no rinden peor, sino que en muchos casos acumulan más logros que quienes se sienten más seguros de sí mismos, aunque esos logros les produzcan una satisfacción mucho menor de la que cabría esperar.

El fenómeno del impostor: la clave para entender por qué logran más

La explicación con más respaldo científico tiene nombre propio: el fenómeno del impostor, descrito por primera vez en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes al observar a mujeres con trayectorias muy exitosas que, pese a sus logros objetivos, vivían con la sensación constante de ser un fraude a punto de ser descubierto.

En esa misma investigación, publicada en la revista Psychotherapy: Theory, Research & Practice, las autoras comprobaron que muchas participantes atribuían sus éxitos a la suerte o al esfuerzo, en lugar de reconocer sus propias capacidades,.

Inclusive, investigaciones posteriores han confirmado que existe una relación negativa entre la autoestima y la intensidad de estos sentimientos de impostor.

Cuanto más baja es la autoestima de una persona, más probable es que puntúe alto en esta escala, incluso cuando sus resultados académicos o profesionales son objetivamente mejores que los de la media.

¿Por qué las personas con baja autoestima disfrutan poco de lo que consiguen?

Aquí está la parte más paradójica del fenómeno: como se anticipó arriba, quienes puntúan alto en sentimientos de impostor tienden a atribuir sus éxitos a factores externos, como la suerte, el azar o una supuesta benevolencia del examinador, en lugar de reconocer su propia capacidad.

A ese patrón los investigadores lo llaman «descuento del éxito», y explica por qué un logro que para cualquier otra persona sería motivo de celebración apenas roza la autoestima de quien lo ha conseguido.

El resultado es un ciclo que se repite una y otra vez: la persona se sobreprepara o se esfuerza al límite por miedo a fallar, consigue el resultado, lo atribuye a algo externo a ella misma y, en lugar de sentirse satisfecha, vuelve a sentir la misma inseguridad de partida ante el siguiente reto.

¿De dónde viene realmente este vínculo tan contraintuitivo?

Un estudio publicado en la revista Personality and Individual Differences en 2018 identificó a la autoestima como una variable mediadora clave entre el perfeccionismo y el fenómeno del impostor.

Es decir, no es la baja autoestima por sí sola la que empuja a lograr más, sino que suele combinarse con un perfeccionismo exigente.

La persona se marca estándares altísimos, en parte porque necesita demostrar constantemente su valía, y ese mismo empuje, alimentado por el miedo al fracaso, termina traduciéndose en más horas de trabajo, más preparación y, casi como efecto colateral, más logros visibles hacia el exterior.

Las consecuencias de vivir persiguiendo una validación que nunca llega

Y ojo aquí, porque este patrón no es gratuito ni inofensivo. Las personas con niveles altos de sentimientos de impostor reportan más ansiedad, más síntomas depresivos y una frustración constante por no alcanzar nunca los estándares que se imponen a sí mismas, por muy altos que ya sean sus resultados reales.

Con el tiempo, ese desajuste entre lo que se consigue y lo que realmente se siente puede derivar en agotamiento, ya que la validación que se busca en cada logro nunca llega a ser suficiente ni duradera.

Entender este mecanismo no sirve para justificar la exigencia extrema como una virtud, sino más bien lo contrario: ayuda a identificar cuándo una racha de éxitos esconde, en realidad, una necesidad de reconocimiento que ningún logro externo va a terminar de cubrir.

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