Marruecos

En 2016 Marruecos construyó una ‘ciudad solar’ en pleno desierto: ahora tiene 580 MW de electricidad suministrando energía a más de 1 millón de personas

Marruecos ciudad solar
Planta solar de Nur Uarzazat. (Foto: Redes sociales)
Blanca Espada

La energía solar lleva años siendo la «tabla de salvación» de países que buscan reducir su dependencia de los combustibles fósiles y aprovechar los recursos que tienen más a mano. Marruecos es uno de ellos y a pocos kilómetros de Ouarzazate, donde comienza el paisaje árido que conduce hacia el Sáhara, el país levantó uno de sus proyectos energéticos más llamativos. Miles de espejos ocupan una enorme superficie y, vistos desde lejos, forman una especie de ciudad tecnológica en mitad del desierto.

Se trata de Noor Ouarzazate, un complejo que aprovecha precisamente uno de los recursos que más abundan en esta zona: el sol. La primera planta comenzó a funcionar en 2016, aunque el complejo que hoy conocemos se terminó por fases. Con las posteriores ampliaciones llegó a sumar unos 580 MW de potencia instalada. El proyecto combina diferentes tecnologías solares y fue planteado para proporcionar electricidad a más de un millón de personas, según los datos difundidos durante su desarrollo por el Banco Mundial. Una escala que convirtió a Ouarzazate en una de las referencias de la apuesta marroquí por las energías renovables.

En 2016 Marruecos construyó una ‘ciudad solar’ en pleno desierto

Cuando Noor I entró en funcionamiento en febrero de 2016 todavía era sólo la primera pieza del proyecto. Tenía una potencia de 160 MW y utilizaba colectores cilindro-parabólicos, unos grandes espejos curvados que siguen el recorrido del sol y concentran su radiación para generar calor.

Después llegaron otras tres plantas. Noor II añadió 200 MW y mantuvo la tecnología termosolar, mientras que Noor III incorporó otros 150 MW y una configuración diferente. En este caso, los espejos dirigen la radiación hacia un receptor situado en una gran torre central, una estructura que destaca incluso a gran distancia. La cuarta instalación, Noor IV, utiliza tecnología fotovoltaica y aporta alrededor de 70 MW. La suma de las cuatro deja al complejo en unos 580 MW.

El sistema que permite guardar el calor del sol

Una de las diferencias de Noor respecto a una instalación formada únicamente por paneles fotovoltaicos está en la forma de aprovechar la radiación solar. Buena parte del complejo utiliza energía termosolar de concentración. Los espejos captan la radiación y generan temperaturas elevadas que después se utilizan para producir vapor y mover una turbina.

Pero hay otro elemento que resulta especialmente útil: el calor puede almacenarse. Las instalaciones termosolares emplean sistemas con sales fundidas que permiten conservar durante horas parte de la energía térmica obtenida durante el día. De esta manera, la producción eléctrica no tiene que detenerse inmediatamente cuando desaparece el sol. De este modo, Noor I fue diseñada con capacidad para continuar generando durante varias horas después de perder la radiación directa. Las siguientes fases aumentaron esa capacidad de almacenamiento. Esto permite cubrir parte del consumo de las últimas horas de la tarde y de la noche, cuando la demanda continúa aunque los espejos ya no reciban la misma cantidad de luz.

Por qué Marruecos apostó por construir Noor

Ouarzazate tenía algo difícil de ignorar cuando Marruecos empezó a buscar nuevos lugares para producir electricidad: sol durante buena parte del año y grandes extensiones de terreno disponibles. El proyecto, sin embargo, no nació únicamente para sacar partido a esas condiciones. El país compraba en el exterior buena parte de los combustibles fósiles que necesitaba y reducir esa dependencia llevaba tiempo siendo una cuestión importante para su sistema energético.

El cambio comenzó a tomar forma en 2009, cuando Marruecos presentó sus nuevos planes para impulsar las renovables. Noor Ouarzazate acabaría siendo uno de los proyectos más visibles de aquella apuesta. Levantar un complejo de semejante tamaño exigía mucho dinero y en su financiación participaron organismos como el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y el Banco Europeo de Inversiones. La apuesta no terminó en Ouarzazate. Marruecos continuó instalando parques solares y eólicos y desarrollando otras fuentes renovables. El objetivo que se marcó para 2030 es que estas tecnologías representen el 52% de toda la potencia eléctrica instalada en el país.

Electricidad para más de un millón de personas

El tamaño que ha alcanzado Noor Ouarzazate poco tiene que ver con el de aquella primera planta que comenzó a funcionar en 2016. Hoy son cuatro instalaciones que, juntas, suman unos 580 MW. Según las estimaciones difundidas por el Banco Mundial durante el desarrollo del proyecto, esa capacidad permite producir electricidad para más de un millón de personas.

Desde el aire es donde mejor se aprecia hasta dónde llega el complejo. Los espejos se suceden durante kilómetros sobre un terreno prácticamente desnudo y la imagen cambia especialmente alrededor de Noor III. Allí, en lugar de formar simples hileras, se distribuyen mirando hacia una torre central que recibe la radiación solar concentrada por todos ellos como vemos a continuación. Noor I arrancó hace una década con 160 MW y fue sólo el principio. Después llegaron las otras tres plantas hasta formar el complejo actual. Para Marruecos, Ouarzazate supuso además llevar a gran escala una idea bastante sencilla: utilizar un recurso que tiene en abundancia para producir una parte de la electricidad que necesita.

 

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