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Los electricistas coinciden: estás utilizando el frigorífico al revés y puede tener consecuencias en tu factura de la luz

Los electricistas coinciden: estás utilizando el frigorífico al revés y puede tener consecuencias en tu factura de la luz
Imagen generada con IA.
Álvaro Olivero

En la cocina existen distintos hábitos que parecen inofensivos. La realidad es muy diferente, ya que agotan tu energía y la de tu nevera. Los expertos portugueses sostienen que muchos errores tienden a repetirse sin que nos demos cuenta. La buena noticia es que, con pequeños cambios, podemos ahorrar dinero y alargar la vida útil del electrodoméstico.

«Es en los detalles donde se desperdicia energía», afirmó un técnico en declaraciones a Inside Jornal, exponiendo que la mayoría de los problemas aparecen de rutinas inconscientes. No hace falta ser profesional para ponerles fin: es suficiente con comprender cómo circula el frío y cómo funciona el frigorífico.

La eficiencia comienza fuera de la nevera

La ubicación donde se coloque el electrodoméstico es más importante de lo que se piensa. Se debe evitar la exposición al sol, hornos próximos y rincones sin ventilación. El calor externo obliga al compresor a trabajar a fondo, lo que deriva en mayor gasto de luz y una subida en la factura.

Los especialistas sugieren dejar un hueco de espacio libre por detrás y a los lados. «Si el aire caliente no escapa, el motor no descansa», expuso otro profesional. Una distancia con respecto a una pared de tan solo unos pocos centímetros puede ser diferencial.

Si la temperatura es la adecuada, beneficia a tus alimentos

El termostato no es un elemento de decoración. Para el uso cotidiano, las temperaturas de referencia seguras van de los 3 a los 5 ºC en el frigorífico y -18 ºC en el congelador. Bajar la temperatura por debajo de dichas cifras no supone alimentos más seguros, sino un gasto mayor.

Se deben organizar los alimentos razonablemente en la nevera: los estantes superiores para comidas preparadas, los intermedios para productos lácteos y sobras y los inferiores para carnes, pescados y otros envasados. Los cajones, con una humedad específica, para verduras y frutas.

El error que bloquea el aire

Llenar el frigorífico hasta arriba es señal de una mala gestión. El aire frío debe circular alrededor de los alimentos con libertad. Colocar los artículos próximos a las rejillas de ventilación genera zonas calientes, en las que los alimentos no reciben el efecto del frío, y temperaturas irregulares.

La recomendación es usar recipientes transparentes y poco profundos. «Quienes lo ven, lo usan; quienes lo acumulan, lo olvidan», comentó un electricista acostumbrado a medir el consumo en casas. A menor caos, mayor eficiencia.

Las fugas invisibles, en las puertas y juntas

Si la junta de la puerta está desgastada o rota, el aire frío se escapa sigilosamente. La solución es deslizar un trozo de papel entre la puerta y la junta. Si no opone resistencia, significa que hay una fuga. En este caso, se deben limpiar las juntas con un paño húmedo y cambiarlas cuando pierdan elasticidad.

Abrir y cerrar la puerta repetidamente le echa más leña al fuego. Se debe evitar abrirla y cerrarla en la medida de lo posible y cerrarla con firmeza. Cada vez que se abre, entra aire caliente que el compresor tendrá que expeler.

Estos son algunos hábitos que marcan la diferencia:

  • Dejar enfriar los alimentos calientes a temperatura ambiente antes de guardarlos en la nevera.
  • Cubrir los platos y los líquidos para reducir la humedad y la formación de hielo.
  • Organizar los alimentos según el orden en el que se van a consumir.
  • Descongelar el congelador cuando haya hielo en las paredes.
  • Limpiar las rejillas traseras y las partes más bajas para evitar el calor.
  • Mantener el frigorífico en un correcto nivel para un óptimo sellado de la puerta.
  • Las botellas de agua facilitan la estabilización de la inercia térmica cuando estén medio llenas.

Pequeñas decisiones pueden dar grandes frutos

La rutina puede decidir la factura. Un termostato correctamente fijado, una puerta bien sellada, una instalación segura y una buena circulación del aire son cruciales. Estas sencillas acciones reducen el consumo, evitan los desperdicios y prolongan su vida útil. En definitiva, el secreto no está en comprar el mejor frigorífico, sino en usar con inteligencia el que ya tienes.

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