Psicología

Según la psicología las personas que siempre dicen ‘lo que tú quieras’ no lo hacen por indecisión, en realidad están escondiendo un motivo mucho más profundo

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Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Probablemente conoces a alguien que, cada vez que hay que tomar una decisión entre varias personas, contesta casi siempre con un «lo que tú quieras» o «me da igual». A simple vista, esta actitud puede parecer una muestra de amabilidad o generosidad, pero detrás de esa respuesta  puede existir un patrón de comportamiento que revela cómo se siente realmente esa persona, más allá de lo que aparenta su supuesta indiferencia. Pero ¿por qué algunas personas tienen tantas dificultades para expresar lo que quieren, elegir entre opciones o mostrar su desacuerdo? Este comportamiento se conoce como «sociotropía», un término acuñado en 1983 por Aaron Beck, considerado uno de los principales impulsores de las terapias cognitivas.

Según su planteamiento, las personas con rasgos sociotrópicos conceden una gran importancia a sus relaciones sociales, hasta el punto de dejar en segundo plano sus propias necesidades, opiniones y deseos para mantener la armonía en su entorno. En este contexto, responder constantemente «lo que quieras» no es una muestra de amabilidad o generosidad, sino una forma de protegerse emocionalmente. Un estudio publicado en PubMed en 2025 señala que este tipo de comportamiento puede estar asociado con una autoestima baja y con una valoración personal muy condicionada por la aprobación externa.

La razón por la que hay personas que dicen siempre ‘lo que tú quieras’

Una de las explicaciones más habituales tiene que ver con la conocida como «alta agradabilidad», uno de los cinco grandes rasgos de personalidad que estudia la psicología. Las personas con este tipo de comportamiento se caracterizan por ser comprensivas y conceder importancia al bienestar del grupo. En determinadas situaciones pueden preferir evitar una discusión o un desacuerdo, incluso cuando opinan de manera diferente. En el día a día, esta actitud puede aparecer en frases como «lo que tú prefieras», aunque en realidad sí exista una opción que la persona elegiría.

Responder de esta manera no significa necesariamente que alguien carezca de personalidad o tenga dificultades para tomar decisiones. Investigadores de la Universidad de Waterloo estudiaron el papel de la asertividad y la falta de asertividad dentro de las relaciones personales y observaron que existen diferentes motivos por los que una persona puede ceder ante la elección de otra.

En algunos casos, la persona puede estar tratando de evitar tensiones o pensar que la otra parte disfrutará más escogiendo. Por eso, una misma respuesta puede tener detrás razones muy distintas. Ahora bien, el problema aparece cuando ceder se convierte en una respuesta automática ante prácticamente cualquier situación, ya que esto puede terminar generando frustración, agotamiento emocional o incluso resentimiento con el paso del tiempo.

El investigador Daniel Ames, de la Universidad de Columbia, plantea que lo importante es encontrar un punto de equilibrio entre defender los propios intereses y conservar relaciones saludables, sin caer ni en la agresividad ni en una complacencia excesiva.

Escala de sociotropía-autonomía

«Beck describió la sociotropía como un sentido de la propia valía construido sobre las relaciones con los demás: aceptación, cercanía, ausencia de conflicto. La autonomía, en cambio, la construye sobre el logro individual, el control y la independencia», explica la Clínica Universidad de Navarra.

Aaron Beck desarrolló la denominada escala de sociotropía-autonomúa, conocida como SAS, para analizar ambas dimensiones de la personalidad. El psiquiatra estadounidense consideraba que tanto la sociotropía como la autonomía extrema podían estar relacionadas con la depresión. Por un lado, una dependencia excesiva de las relaciones sociales podría llevar a la persona a necesitar constantemente la aprobación de los demás. En el extremo contrario, una necesidad exagerada de independencia y de no depender de nadie también podría constituir un patrón poco adaptativo.

Para desarrollar la prueba SAS, se llevó a cabo un estudio psicométrico que permitió identificar tres factores relacionados con la sociotropía.

  1. El primero está vinculado con la preocupación de la persona ante la posibilidad de no recibir aprobación social. En este apartado se incluyen aspectos como la presión por cumplir determinados roles y encajar en las expectativas del entorno.
  2. El segundo factor está relacionado con la preocupación por establecer vínculos con otras personas, teniendo en cuenta la incertidumbre que puede existir sobre cómo responderán o reaccionarán ante los acercamientos sociales.
  3. El tercer componente hace referencia a la tendencia a intentar complacer de manera constante a los demás, buscando mantener unas relaciones positivas y evitar posibles conflictos o rechazo.

La escala también contempla el extremo contrario: la autonomía. Para medir esta dimensión se establecieron otros tres factores que permiten analizar diferentes aspectos.

  • El primero evalúa la capacidad de desenvolverse de forma autónoma sin necesitar ayuda externa.
  • El segundo analiza hasta qué punto la persona trata de mantenerse al margen del control o la influencia de los demás.
  • Finalmente, el tercer factor mide la preferencia por permanecer sola frente a la opción de relacionarse o estar acompañada.

De esta manera, la SAS queda estructurada en seis factores: tres destinados a evaluar la sociotropía y otros tres centrados en la autonomía. Juntos permiten analizar cómo se sitúa una persona entre la necesidad de conexión y aprobación social y el deseo de independencia.

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