Psicología

La psicología sugiere que las personas más amables y serviciales tienen pocos amigos porque utilizan estos rasgos como mecanismo de defensa, y eso las convierte en vulnerables

Personas amables
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Existe la creencia generalizada de que las personas amables y serviciales suelen tener pocos amigos. Asimismo, hay quienes defienden que que quienes ayudan constantemente a los demás utilizan esa conducta como un mecanismo de defensa emocional. Pero, ¿realmente esto es así? Desde la perspectiva psicológica, no hay ninguna evidencia de que la amabilidad, por sí sola, conduce a tener menos amistades.

Es más, según diversas investigaciones, la amabilidad es uno de los rasgos de personalidad más valiosos para construir relaciones sanas y duraderas. El problema surge cuando este comportamiento nace de ciertas necesidades emocionales, como la búsqueda constante de validación, la dificultad para establecer límites o el miedo al rechazo. En estos casos, sí se puede convertir en un factor determinante para la construcción de relaciones tóxicas y genere sentimientos de agotamiento, frustración e incluso soledad.

La amabilidad como fortaleza, no como debilidad

«La amabilidad es la cualidad de ser amable, generoso y considerado. La amabilidad hace que las personas se sientan bien y ayuda a desarrollar amistades. En una investigación, los niños que hacían actos de bondad por otros tenían más amigos. Las habilidades sociales y de relaciones, como la amabilidad, se pueden desarrollar. Una forma de practicar esta habilidad es a través de actos de bondad espontáneos», detalla la Universidad de Wisconsin-Madison.

Diversos estudios sitúan la amabilidad como uno de los cinco grandes rasgos de personalidad del modelo conocido como «Big Five», ampliamente utilizado por psicólogos para comprender el comportamiento humano:

  1. Apertura a la experiencia: este rasgo refleja el grado de curiosidad, creatividad y disposición para descubrir nuevas ideas, experiencias y formas de pensar. Las personas con alta apertura suelen ser imaginativas, flexibles, innovadoras y receptivas ante los cambios.
  2. Responsabilidad: este factor hace referencia a la capacidad de organización, la autodisciplina, el compromiso y la constancia para alcanzar objetivos.
  3. Extraversión: este rasgo evalúa el nivel de sociabilidad, energía y preferencia por interactuar con otras personas. Quienes presentan una alta extraversión suelen disfrutar de los entornos sociales, expresar sus ideas con facilidad y buscar nuevas experiencias.
  4. Amabilidad: este componente mide la empatía, la cooperación, la confianza y la capacidad para mantener relaciones interpersonales saludables.
  5. Neuroticismo: este rasgo se relaciona con la estabilidad emocional y la tendencia a experimentar emociones como ansiedad, preocupación, irritabilidad o frustración.

Si bien la amabilidad es una virtud, existe una gran diferencia entre ayudar porque realmente se desea hacerlo y ayudar porque se siente que es la única manera de recibir aprobación. Muchas personas aprenden, generalmente desde la infancia, que recibir cariño, reconocimiento o atención depende de satisfacer las necesidades de los demás. Con el paso del tiempo, esta conducta puede consolidarse hasta el punto de priorizar constantemente las necesidades de los demás,.

Uno de los factores más estudiados por la psicología es el temor al rechazo social. Quienes han sufrido abandono emocional, críticas constantes o ambientes familiares poco afectivos pueden desarrollar una necesidad intensa de agradar y, en consecuencia, tratan de evitar cualquier conflicto, aceptan responsabilidades que no les corresponden y rara vez expresan desacuerdo.

La dificultad para establecer límites

Muchas personas aceptan compromisos que realmente no desean, posponen sus propias necesidades o asumen responsabilidades que no les corresponden. Este comportamiento no suele responder a una decisión consciente, sino a la dificultad para establecer límites de forma clara y saludable.El temor a decepcionar a otras personas, provocar un conflicto o ser rechazado puede llevar a decir «sí» cuando en realidad se  desea responder «no».

Existen múltiples factores que pueden dificultar esta habilidad. Entre los más frecuentes se encuentran haber aprendido desde la infancia a priorizar las necesidades ajenas, el miedo al rechazo o al abandono, una baja autoestima, la búsqueda constante de aprobación o creencias como «si digo que no, decepcionaré a los demás» o «poner límites es ser egoísta».

¿Cómo comenzar a establecer límites? Desde la perspectiva psicológica, el cambio no tiene por qué producirse de forma inmediata. Se puede empezar con  acciones sencillas, como dedicar unos minutos antes de responder a una petición, expresar un «no»» de forma clara y respetuosa, evitar justificar en exceso las decisiones y recordar que proteger el propio bienestar es clave para construir y mantener relaciones más sanas. Aceptar que no siempre será posible satisfacer las expectativas de todas las personas también forma parte de este proceso.

En definitiva, la diferencia entre una amabilidad saludable y una perjudicial no está en la cantidad de favores que una persona hace a los demás, sino en la motivación que existe detrás de ellos y en cómo se siente consigo misma. Cuando la generosidad nace de la empatía y se combina con autoestima, límites claros y relaciones recíprocas, se convierte en una fortaleza. Pero cuando responde al miedo al rechazo o a la necesidad constante de aprobación, puede derivar en vínculos que aumentan la sensación de vulnerabilidad y soledad.

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