Manuel Manzano, veterinario, sobre los gatos: «Para ganarte su amor tienes que aprender a ignorarlo y respetar su espacio»
Un veterinario da las claves sobre la convivencia con gatos y una regla que puede dar resultados sorprendentes
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Todo aquel que sea dueño de un gato, sabrá como a veces, convivir con este puede resultar desconcertante especialmente durante los primeros días. Mientras algunos se acercan enseguida, se frotan contra las piernas y aceptan las caricias, también es bastante normal asumir que nuestro gato no es tan sociable como querríamos y suele permanecer escondido, observando desde lejos e incluso evitan que les toquemos. Y ante esa aparente indiferencia, es habitual insistir para ganarse su confianza, aunque esa actitud puede provocar precisamente el efecto contrario. El animal no necesita que lo persigan por la casa, de hecho cuando lo adoptamos o cuando llega a casa es cuando debemos asentar las bases para una buena relación y eso pasa por disponer de tiempo para reconocer el terreno y decidir cuándo está preparado para relacionarse.
El veterinario Manuel Manzano sostiene que el vínculo con un felino debe construirse respetando su ritmo. Y propone algo que puede que a muchos les sorprenda. Consiste en ignorar por completo al gato, pero no por desinterés o para dejar de atender sus necesidades, sino para evitar los acercamientos forzados y permitir que sea el propio gato quien tome la iniciativa. La confianza suele aparecer cuando comprueba que puede moverse por la vivienda sin sentirse vigilado, acorralado o sometido a un contacto que todavía no desea.
Manzano es veterinario por la Universidad de Zaragoza y además desarrolla una amplia labor divulgativa a través del proyecto Veterinario Gratis, desde el que comparte recomendaciones sobre salud, conducta y convivencia con animales. Al hablar de los gatos, el especialista insiste en dos ideas principales: reforzar el respeto hacia el animal y establecer rutinas reconocibles. A partir de esos pilares, explica una serie de gestos sencillos que ayudan a crear un vínculo sin invadir su espacio.
Manuel Manzano, veterinario: «Para ganarte el amor del gato tienes que aprender a ignorarlo»
El primer error que se debe evitar según Manzano es seguir al gato cuando se aleja o tratar de sacarlo de su escondite. Si se refugia debajo de una cama, detrás de un sofá o en una habitación tranquila, lo más conveniente es dejarle una salida libre y esperar ya que arrinconarlo puede elevar su nivel de estrés y llevarlo a defenderse mediante arañazos, mordiscos o bufidos. Esa reacción no significa necesariamente que tenga un carácter agresivo: en muchas ocasiones responde al miedo y a la sensación de no poder escapar.
«Si ustedes quieren acercarse al gato, la mejor manera es ignorarlo», resume Manzano. En la práctica, esto significa continuar con la rutina habitual, hablar con un tono calmado y evitar inclinarse sobre él o intentar cogerlo en brazos. Cuando el entorno deja de representar una amenaza, la curiosidad natural del felino suele llevarlo a aproximarse por voluntad propia.
Tampoco conviene acariciar todo su cuerpo desde el primer contacto. El especialista recomienda empezar por las áreas en las que los gatos poseen glándulas utilizadas para dejar señales olfativas: debajo de las mejillas, en la zona inferior de la barbilla y detrás de las orejas. Cuando se frotan contra una persona, depositan su olor y la incorporan a un entorno que consideran familiar. El lomo, las patas, la cola y, especialmente, el vientre requieren más confianza. «Calma, no queramos hacer las cosas más rápido de lo que debe ser», advierte el veterinario.
El parpadeo lento o el llamado «beso de gato»
La mirada también interviene en la comunicación felina. Mantener los ojos fijos sobre un gato durante demasiado tiempo puede ser interpretado como una señal de amenaza, sobre todo cuando todavía no conoce bien a la persona. Para transmitir tranquilidad, Manzano recomienda recurrir al denominado «beso de gato» que consiste en mirarlo durante dos o tres segundos y cerrar los párpados lentamente antes de apartar la vista. Ese parpadeo pausado comunica que no existe una intención hostil y puede ser correspondido por el animal.
Según explica el veterinario, el gato lo recibe como un mensaje de pertenencia y afecto, parecido a decirle que forma parte del mismo grupo y que su presencia es importante. No siempre responderá de inmediato, pero repetir el gesto sin invadirlo puede ayudar a que se relaje y asocie a esa persona con una interacción segura. El acercamiento debe completarse con momentos de juego, ya que un gato no construye su relación con las personas únicamente a través de las caricias. Manzano aconseja dedicar alrededor de cuatro horas semanales, repartidas en sesiones diarias de aproximadamente media hora. Los juegos que imitan la caza suelen despertar mayor interés: cañas con plumas, pequeños objetos que se mueven de manera imprevisible o juguetes caseros elaborados con cartón y un cordón pueden ser suficientes.
Estas actividades permiten que el felino aceche, persiga y capture una presa simulada, al tiempo que realiza ejercicio y descarga energía. Además de prevenir el aburrimiento, jugar con frecuencia ayuda a que la presencia del tutor quede vinculada a una experiencia positiva. No hace falta llenar la casa de accesorios costosos; importa mucho más que el juego sea cotidiano, variado y adaptado a la edad y al estado físico del animal.
La regla 3-3-3 para adaptarse a una nueva casa
La confianza tampoco puede medirse únicamente por lo que ocurre durante las primeras horas. El veterinario recurre a la regla 3-3-3 para explicar las distintas fases de adaptación. De acuerdo con esta referencia, un gato puede necesitar unos tres días para comenzar a explorar un territorio desconocido, alrededor de tres semanas para comprender las rutinas del hogar y hasta tres meses para sentirse completamente integrado.
Estas cifras son orientativas, ya que cada animal arrastra experiencias diferentes. Un gato acostumbrado desde pequeño a convivir con personas puede adaptarse con rapidez, mientras que otro procedente de la calle, de una protectora o de una situación traumática necesitará más paciencia. Durante ese periodo conviene mantener estables los horarios de comida y juego, colocar el arenero en un lugar tranquilo y ofrecer refugios donde pueda descansar sin interrupciones.