Pensiones

Gonzalo Bernardos, economista y profesor: «Un jubilado español cobra más que uno alemán y nosotros tenemos salarios bastante más bajos»

jubilado español alemán
Blanca Espada

El sistema de pensiones vuelve a estar ahora en el centro del debate, debido a una reciente comparación realizada por el economista Gonzalo Bernardos a partir de lo que reciben los jubilados españoles con las prestaciones de otros países europeos. El economista y profesor de la Universidad de Barcelona, considera que España cuenta con un sistema especialmente favorable para quienes terminan su vida laboral. Sin embargo, también advierte de que mantener durante las próximas décadas las mismas condiciones, tanto en las cuantías como en la edad de jubilación, será complicado.

Durante su intervención en el pódcast Think Small, Bernardos aseguró que «un jubilado español cobra más que uno alemán», pese a que los salarios en España son bastante más bajos. Sin embargo, no se compara la cantidad mensual que ingresa un pensionista en cada país, sino el porcentaje del último sueldo que se conserva después de retirarse. Es lo que se conoce como tasa de sustitución.Desde esa perspectiva, España se sitúa entre los países con una mayor protección. Bernardos habla de un porcentaje superior al 82%, mientras que los estudios de la OCDE también colocan al sistema español entre los más generosos para trabajadores con carreras completas. Alemania ofrece una proporción inferior respecto al salario anterior, aunque eso no significa que cualquier pensionista español cobre en euros más que uno alemán. Los salarios y las circunstancias laborales de cada persona impiden realizar una comparación directa.

Gonzalo Bernardos: «Un jubilado español cobra más que uno alemán»

Bernardos define el modelo español como «muy exitoso» por la protección económica que ofrece después de la jubilación. El problema, según explica, aparece al intentar mantenerlo sin modificaciones mientras aumenta la esperanza de vida y disminuye la proporción de trabajadores por cada pensionista. «Lo tenemos tan bueno, tan fantástico, que es imposible mantenerlo igual», afirma.

El economista no pone en duda que quienes actualmente trabajan vayan a recibir una pensión pública. Lo que considera menos probable es que puedan jubilarse a la misma edad y conservar una relación tan elevada con respecto a su último salario. «¿Cobraremos pensiones los que ahora estamos trabajando? Seguro. ¿Cobraremos lo que ahora están cobrando o nos jubilaremos a los 65 o 67 años? Lo dudo», señala.

Su propuesta pasa por relacionar la edad de jubilación, que en 2026 llega a los 66 años y 10 meses (si no se han cotizado 38 años y 3 meses) con la esperanza de vida. Esto supondría prolongar las carreras profesionales conforme la población viva más años. Bernardos también cree que los funcionarios tendrán mayores facilidades para continuar trabajando por encima de los límites actuales si desean retrasar voluntariamente su salida del mercado laboral.

Quiénes resultan más beneficiados

El sistema español no funciona como una cuenta de ahorro individual en la que cada ciudadano recupera exactamente el dinero que aportó. Las cotizaciones de los trabajadores ayudan a pagar las pensiones actuales y existen mecanismos destinados a garantizar determinados ingresos a quienes cumplen los requisitos. Esa parte redistributiva provoca que la relación entre lo aportado y lo recibido no sea idéntica para todos.

Bernardos sostiene que uno de los perfiles más favorecidos es el de quien ha cotizado únicamente durante el periodo mínimo y puede acceder posteriormente a un complemento para alcanzar la pensión mínima, siempre que cumpla las condiciones económicas exigidas. «El gran beneficiado es aquel que ha cotizado durante 15 años solo», asegura. Recordemos que para tener derecho a una pensión contributiva de jubilación se necesitan, con carácter general, al menos 15 años cotizados, dos de ellos comprendidos dentro de los 15 inmediatamente anteriores. Cumplir ese mínimo no permite cobrar toda la base reguladora. En 2026 da acceso al 50%, un porcentaje que va creciendo conforme se acumulan más meses de cotización.

En el extremo contrario, Bernardos coloca a quienes comenzaron a trabajar muy jóvenes y suman carreras laborales especialmente largas. El economista pone como ejemplo a una persona que empezó a los 14 años. Una vez alcanzado el periodo necesario para obtener el porcentaje máximo, seguir cotizando no aumenta indefinidamente la prestación, que además está sometida a un límite. Por eso considera que estos trabajadores pueden terminar aportando durante muchos más años sin recibir un incremento equivalente.

Las cotizaciones de los trabajadores autónomos

Bernardos también analiza la situación de los autónomos. Durante años, muchos trabajadores por cuenta propia pudieron elegir su base de cotización y optaron por la mínima para reducir los gastos mensuales. La decisión les permitía pagar menos mientras mantenían su actividad, pero daba lugar a pensiones más bajas al llegar la jubilación. El economista compara a una persona asalariada con un sueldo de 2.000 euros, cuyas cotizaciones para cubrir distintas contingencias pueden rondar los 440 euros, con los autónomos que en 2023 pagaban una cuota mínima cercana a los 285 euros. A su juicio, la diferencia entre ambas aportaciones debe quedar reflejada posteriormente en las prestaciones.

«Si tú aportas muy poco, cobrarás lo mínimo», resume Bernardos. No obstante, las cuotas no se destinan exclusivamente a financiar la jubilación y las circunstancias de asalariados y autónomos son distintas. Además, el sistema de cotización de los trabajadores por cuenta propia está cambiando para vincular progresivamente las cuotas a sus rendimientos netos.

Lo último en Economía

Últimas noticias