Visto lo visto en el derbi ante el Atlético el Real Madrid no puede ganar esta Liga pero es que tampoco le van a dejar. Los de Mourinho perdieron por deméritos propios, de eso no hay duda, pero también por el doble rasero del colegiado Ortiz Arias. Él y el VAR se hicieron los ciegos y dejaron sobre el campo al Cuti Romero y a Kan-In Lee pero no titubearon en expulsar justamente a Huijsen cuando agarró a Giuliano dentro del área. El Atleti se puso 2-0 en un pispás y, aunque el gol postrero de Rüdiger le dio algo de emoción al derbi, al Madrid ya no le quedaba ni tiempo ni fuerzas..
Mourinho fue previsible como el final de Titanic. Tenía el once del derbi en la cabeza desde hacía días y no hubo sorpresas. En el Real Madrid jugaban los que cualquiera, incluido Simeone, sabía que iban a jugar. Tchouaméni y Valverde en el medio, Güler a la derecha y la BMV, intocable por mucho que Diomande esté picando a la puerta de la titularidad. De momento, Mou no le abre. Atrás, claro está formaban Courtois, Dumfries, Konaté, Huijsen y Cucurella.
Enfrente Simeone dispuso un once en el Atlético para protegerse primero y hacer daño al Real Madrid después. En los laterales Llorente para tapar a Vinicius y Hancko para no dejar una autopista para Arda. Pubill y El Cuti Romero ejercían de paradores de Mbappé. Por delante una línea de cuatro en rombo con Cardoso en el eje, Giuliano y Grimaldo en los lados y Baena en el vértice. Arriba, Kan-In con libertad de movimientos y Jonathan David de nueve.
Con un Barça imparable el derbi se tornaba dramático. Si perdía el Atleti se quedaría a 8 de los de Hansi Flick y con la Liga (medio) perdida. Si perdía el Real Madrid, a 6 del Barcelona con tres semanas sin fútbol por delante para diseccionar una crisis morrocotuda. Pues eso. Puro drama. Como el que estuvo a punto de vivir Courtois a los 40 segundos si Jonathan David, que partía de fuera de juego, no hubiera arañado el cielo azul de Madrid. Primer susto.
De salida presionó el Real Madrid. Era una presión como las colas de facturación de Ryanair: con mucha gente y poca organización. El Atleti optó por el bloque bajo para no dejar espacios a Mbappé ni a Vinicius. Ocurrieron pocas cosas, más allá de una tarascada de Baena a Güler y viceversa, en los primeros minutos del derbi.
El lado débil del Real Madrid era Cucurella. Giuliano le birló una pelota que le dejó retratado y ahí perdió el hilo del partido el internacional español. Más allá de eso el partido, en sus primeros 20 minutos, no valía un pimiento. Pérdidas de balón, pases insípidos, y dos equipos bien posicionados atrás y con poco atrevimiento y menos talento. Un pepinazo de Tchouaméni desde Coslada despertó al Metropolitano del sopor.
Derbi de sueño
Dos minutos después fue Vinicius el que tuvo una volea en el área grande de Oblak que envió a la M-40. Insisto: el derbi tenía incertidumbre e intensidad, pero no fútbol. De nuevo Vini se la jugó en individual con un tiro seco que hizo enojar a Mbappé con razón. Respondió el Atlético en el 31 con un centro de Kan-In que se envenenó y desvió como pudo Courtois. El rechace lo sacó bajo palos bien colocado Dumfries, no como Konaté, cuyos fundamentos defensivos causan enfermedades coronarias.
Consumiéronse los primeros 35 minutos de un derbi feo, tosco y sin fútbol. Fue entonces cuando una entrada abajo de Bellingham al Cuti Romero provocó una amarilla al inglés. El argentino le pisó alevosamente la rodilla del madridista, el VAR advirtió a Ortiz Arias y el colegiado tomó una decisión salomónica. Para no expulsar a Romero, decidió quitarle la amarilla a Bellingham y amonestar al argentino. Aunque uno puede entender la decisión si se pone en la piel del árbitro, la jugada (tras verla seis veces en el monitor) está mal juzgada.
Aún habría tiempo en el derbi para que Mbappé reclamara un penalti por empujón de Pubill. Empujón hubo, pero quizá no lo suficiente como para señalar pena máxima. Con esa polémica y la sensación de que el Atlético se iba al descanso con once de prestado llegamos al descanso de un derbi áspero, feo, pasional y de bajo (bajísimo) nivel futbolístico.
En el primer tiempo vimos un derbi de granjeros. Eran los de Villarriba contra los de Villabajo. Mucha pasión, mucha intensidad, mucha cara de estar enfadado, poco fútbol. Ninguno. Fue un derbi de cobardes, al menos en los primeros 45 minutos porque tanto el Atlético como el Real Madrid tenían más miedo a perder que ansia de ganar.
Simeone cambia al descanso
Al descanso metió Simeone a Koke por el amonestado Pubill. Mourinho a nadie por nadie. Arrancó fuerte el Atleti con un disparo cruzado de Baena al que respondió Courtois con un despeje a dos manos. El Real Madrid apostó por las transiciones rápidas, pero le faltaba un punto de clarividencia en los de arriba. Y amenazaba con partirse.
Fue entonces cuando el Atlético trazó una diagonal con un pase de Hancko, sin que nadie le exigiera. La pelota voló, Cucurella se la zampó y Huijsen valoró mal la acción y sujetó a Giuliano dentro del área. Ortiz Arias pitó penalti y amonestó a Huijsen. El VAR le advirtió de que lo revisara. El árbitro obedeció, volvió a mirar la acción y dejó al Real Madrid con diez, algo que no había hecho en el primer tiempo con El Cuti Romero. Grimaldo ejecutó la pena máxima y batió a Courtois. El Atleti se ponía por delante en el derbi y el Madrid necesitaba remontar con diez.
Reaccionó Mourinho con un doble cambio. Fuera Vinicius (sí, Vinicius), dentro Diomande. Y fuera también Arda Güler y dentro Rüdiger. El Real Madrid perdía el derbi y con él media Liga. Las cosas se torcieron todavía más cuando Giuliano volvió a retrartar por enésima vez a un espantoso y descolocado Cucurella y la puso al área. Allí llegó tarde el viejo Rüdiger, que está más acabado que Pedro Sánchez, y Dumfries, que trató sin éxito de corregir. La pelota llegó rasita al área para que Jonathan David fusilara a Courtois. Rugía el Metropolitano, que celebraba la muerte del eterno rival.
El Madrid se disuelve
Simeone aprovechó la inercia para quitar al goleador y meter a Julián Álvarez, recibido por su afición con la madre de todas las pitadas. El Atlético tenía en sus botas la opción de triturar al Real Madrid. Lo evitó Courtois con un paradón y luego Konaté al despejar bajo palos el rechace que tuvo en sus pies Julián Álvarez.
Mourinho metió a Camavinga por Tchouaméni por ver si sonaba la flauta. Pero el único pase peligroso del segundo tiempo lo volvió a dar Courtois, que habilitó a Diomande delante de Oblak. El meta del Atlético repelió la volea del extremo madridista con una mano firme. Hubiera dado igual porque el Real Madrid estaba muerto y enterrado. No había ni rastro de orgullo en el equipo de Mourinho, enterrado en vida tanto por el rival como por el doble rasero de Ortiz Arias.
Mou quitó a Bellingham para sacar a Bernardo Silva en el 81. Sólo el ímpetu de Diomande daba señales de vida en un Real Madrid zombie. Precisamente el ímpetu de Diomande generó una falta que botó Bernardo Silva en el 89. La puso al área, se durmió la zaga del Atleti y cabeceó Rüdiger para hacer el 1-2 que ponía incertidumbre a los minutos finales del derbi.
Lo intentó el Madrid hasta el final. Le puso más corazón y más fútbol en los minutos finales del derbi que en el resto del partido. Pero ya no había tiempo ni fuerzas. El Atlético se llevó el derbi y el Madrid la crisis. La polémica y el doble rasero de Ortiz Arias lo marcará todo pero estas tres semanas sin fútbol para Mourinho van a ser molto longas.