La reflexión de Gonzalo Bernardos, economista: «El chaval que quiere ahorrar para una vivienda se hace tres vacaciones y come de buen restaurante dos o tres veces»
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El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza para los jóvenes en España. Comprar una casa ya no es sólo una cuestión de tener estabilidad laboral o de conseguir una hipoteca, sino de algo previo que es clave, y que tiene que ver con lograr ahorrar lo suficiente para dar la entrada. Y ahí es donde muchos se quedan fuera ya que entre alquileres altos, salarios que no terminan de despegar y el coste de vida en aumento, la sensación general es que el objetivo cada vez está más lejos, algo que expertos como Gonzalo Bernardos asumen pero también tienen una clara opinión sobre la situación personal de muchos.
El experto economista ha introducido otro elemento en el debate de la vivienda. En su su intervención en en el programa La Sexta Xplica, Bernardos defendió que una parte del problema para ahorrar está en los hábitos de consumo de los jóvenes, una afirmación que no tardó en levantar polémica tanto dentro como fuera del plató dado que existe una generación hoy en día que parece valorar más el vivir y disfrutar de la vida ante las pocas expectativas de futuro que tienen.
La reflexión de Gonzalo Bernardos sobre los jóvenes y el ahorro
El economista fue bastante directo al exponer su punto de vista. Para él, ahorrar no es compatible con mantener un nivel de vida alto de forma constante. O, dicho de otra manera, no se puede tener todo al mismo tiempo. «El chaval que quiere ahorrar para comprar una vivienda se hace tres vacaciones, come de buen restaurante dos o tres veces y tiene fines de semana fantásticos», explicó.
A partir de ahí, su mensaje fue claro ya que para él el ahorro exige sacrificio. «Ahorrar cuesta esfuerzo», insistió, antes de añadir otra frase que resume bien su planteamiento: «uno no puede pegarse la vida padre y ahorrar a la vez». No es la primera vez que Bernardos se pronuncia en esta línea, pero en esta ocasión el contexto ha hecho que sus palabras tengan más repercusión. El problema de la vivienda está especialmente presente y cualquier explicación que se salga de lo habitual genera reacción inmediata.
Diferencias generacionales: gastar o guardar
En su intervención, el economista también comparó el comportamiento de distintas generaciones. Según su análisis, existe una diferencia clara en la forma de entender el dinero. Para Bernardos, las personas mayores tienden a gastar menos, incluso cuando podrían permitirse un mayor nivel de consumo. En cambio, considera que entre los jóvenes ocurre lo contrario: una mayor predisposición a gastar en ocio, viajes o restauración.
«En este país la gente mayor no gasta porque, aunque no tienen futuro, creen que van a vivir como Matusalén. La gente joven tiene futuro, pero gasta como si no hubiera ninguno», afirmó. Es una visión que simplifica una realidad bastante más compleja, pero que deja clara una idea que aparece de forma recurrente en el debate público: si las nuevas generaciones priorizan más el presente frente al ahorro a largo plazo.
Un problema más amplio que el gasto
Más allá de la polémica, lo cierto es que el acceso a la vivienda no depende únicamente de cómo se gasta el dinero. Los datos reflejan que el precio de la vivienda, tanto en compra como en alquiler, ha subido de forma notable en los últimos años, especialmente en grandes ciudades. A eso se suma que los salarios, en muchos casos, no han crecido al mismo ritmo, lo que reduce la capacidad real de ahorro. Para muchos jóvenes, incluso reduciendo gastos, el margen sigue siendo muy limitado.
Por eso, las palabras de Bernardos han sido recibidas con críticas por parte de quienes consideran que el problema es estructural. Es decir, que no basta con gastar menos si los ingresos no permiten generar un ahorro suficiente en un plazo razonable. Al mismo tiempo, otros defienden que sí existe un componente de decisión personal y que determinados hábitos de consumo pueden dificultar aún más el objetivo de comprar una vivienda.
El debate, en el fondo, no es nuevo. Cada cierto tiempo reaparece con distintos matices: el equilibrio entre disfrutar del presente y planificar el futuro. Viajar, salir a cenar o aprovechar el tiempo libre forman parte del estilo de vida de muchos jóvenes, pero también implican un gasto que, acumulado, puede marcar la diferencia. La cuestión es hasta qué punto ese gasto es determinante frente a factores como el precio de la vivienda o la estabilidad laboral. Y ahí es donde no hay consenso. Lo que sí parece claro es que el acceso a la vivienda seguirá siendo uno de los temas centrales en los próximos años. Y, con él, también lo serán este tipo de reflexiones que, acertadas o no, consiguen reabrir un debate que afecta a toda una generación.