Turismo interior

En 1940 fue el primer pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico de España: 86 años después esta villa empedrada castellana es la mejor escapada otoñal que puedes hacer desde Madrid

villa empedrada castellana
Calle en La Alberca. Foto: Estevoaei en Wikimedia Commons.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La fama de la villa empedrada castellana que abordaremos a continuación no nació recientemente ni de la nada: hace 86 años que el Estado español la señaló como un lugar único, digno de protegerse por encima de cualquier otro pueblo del país. Sus calles de piedra, tan angostas que apenas entra un carro, conservan casas con balcones de madera que se inclinan unas hacia otras.

Y su reconocimiento llegó merecidamente. Porque pocos lugares en España conservan tan intacta la fusión de culturas que marcó su historia, con huellas judías, cristianas y árabes conviviendo en cada fachada. Casi nueve décadas después, sigue siendo un destino menos masificado (en según que fechas) que otros clásicos del turismo rural, algo que se agradece especialmente cuando llega el otoño.

La Alberca, la villa empedrada castellana que fue pionera hace 86 años

El lugar en cuestión es La Alberca, un municipio de poco más de 1.000 habitantes situado en la Sierra de Francia, en la provincia de Salamanca.

En 1940 se convirtió en el primer pueblo de toda España declarado Conjunto Histórico-Artístico, una figura de protección que reconocía el valor excepcional de su arquitectura y que, con el paso de las décadas, se extendería a cientos de localidades más.

Vista panorámica de La Alberca
Vista panorámica de La Alberca. Foto: Rodelar en Wikimedia Commons.

Por otro lado, el nombre del pueblo tiene origen árabe. Viene de ‘al-bírka’, que significa «el estanque», un recuerdo de siglos de convivencia entre comunidades árabes, judías y cristianas en esta parte de Castilla. Desde luego, esa mezcla cultural quedó grabada en la piedra: todavía hoy sus calles estrechas y sinuosas recuerdan al trazado de una antigua judería.

Y cabe remarcar que el reconocimiento de 1940 no fue el único: en 2014 se sumó a la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España, y hoy recibe entre 800 y 900 visitantes al día pese a tener poco más de 1.000 vecinos censados.

Inclusive, el propio Miguel de Cervantes y Lope de Vega dejaron constancia de su fama en sus obras, mucho antes de que existiera ningún sello oficial de protección.

Piedra, madera y cal: así es la arquitectura de esta villa empedrada

La construcción tradicional combina granito, madera de castaño, barro y cal, con casas de dos plantas en las que el piso superior sobresale sobre el inferior, apoyado en vigas de madera vistas.

Antiguamente, la planta baja se destinaba a establo, de modo que el calor de los animales ayudaba a templar la vivienda de la familia en el piso de arriba durante los inviernos más duros.

Ese entramado de calles empedradas y balcones floridos desemboca en la Plaza Mayor, el corazón social del pueblo, rodeada de soportales, tiendas de turrón artesano y las tallas de madera típicas de la zona.

Y muy cerca, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, terminada en 1733, convive con una torre más antigua, construida más de dos siglos antes por encargo de los Duques de Alba.

Las tradiciones que todavía laten cada tarde en las calles de La Alberca

Cada atardecer, una vecina recorre las calles tocando una campana y recitando oraciones por las ánimas del purgatorio: es la Moza de Ánimas, una costumbre que se mantiene viva desde hace siglos y que convierte un paseo nocturno en una experiencia casi de otra época.

Otra tradición singular es la del cerdo de San Antón, que cada 13 de junio se bendice y suelta libre por el pueblo con un cencerro hasta que se sortea el 17 de enero.

También destaca el traje de vistas, un atuendo festivo que puede pesar hasta 30 kilos, ocho de ellos solo en joyas: collares, cruces, camafeos y relicarios que cubren a la mujer que lo porta desde el cuello hasta los tobillos. Como dato curioso, el pintor Joaquín Sorolla quedó tan fascinado con esta prenda que la retrató en un cuadro que llegó a exponerse en Nueva York. El cuadro pertenecía a una serie de 14 lienzos que retrataban costumbres y tradiciones de diversas regiones españolas.

¿Por qué el otoño es la mejor época para descubrir La Alberca?

Recordemos que La Alberca se encuentra dentro del Parque Natural de las Batuecas-Sierra de Francia, una zona de bosques de roble y castaño que en otoño se cubre de tonos ocres, rojizos y dorados.

Rutas como la de la Laguna de San Marcos o el Camino de las Raíces, que combina senderismo y arte contemporáneo, se recorren en esta época sin el calor ni las aglomeraciones del verano.

Desde Madrid, el trayecto en coche ronda las tres horas y los 290 kilómetros, una distancia razonable para una escapada de fin de semana.

Plaza Mayor de La Alberca.
Plaza Mayor de La Alberca. Foto: Cruccone en Wikimedia Commons.

Quien llegue en otoño, además, podrá comprar turrón artesano recién hecho en los puestos de la Plaza Mayor, la misma plaza que en 1940 empezó a protegerse antes que ninguna otra en España.

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