No es ninguna broma: uno de los pueblos más bonitos de Castilla y León tiene el museo más original de España
Este artículo rinde honor a una de las joyas medievales de la provincia de Salamanca. Sus murallas en forma de estrella, su catedral románica y su bullicioso Carnaval del Toro la convierten en uno de los destinos más completos de Castilla y León. Y, entre toda esa herencia histórica, guarda también lo que muchos consideran el museo más original de España.
Nadie que visite esta ciudad mirobrigense sale del todo igual que entró. No solo por el peso de sus siglos, sino por ese espacio singular que ocupa la primera planta de un edificio del siglo XVIII en la zona monumental: ocho salas, miles de piezas y una temática que, al primer anuncio, arranca siempre la misma reacción.
¿Cuál es el museo más original de España y en qué bonito «pueblo» se encuentra?
El Museo del Orinal de Ciudad Rodrigo es exactamente lo que su nombre indica: un espacio dedicado íntegramente al orinal, ese objeto doméstico que la modernidad relegó al olvido, pero que, durante siglos, estuvo en cualquier hogar sin excepción.
Ubicado en el antiguo Seminario Diocesano de San Cayetano (Plaza de Herrasti), el museo exhibe más de 1.350 piezas procedentes de 29 países. La pieza más antigua data del siglo II d. C. y tiene origen romano.
La más pequeña es una miniatura de platino, fabricada por un joyero sueco, con el tamaño de un garbanzo. La más grande es una vasija de barro de 45 centímetros elaborada en la propia Ciudad Rodrigo.
Los materiales recorren casi todo lo que el ser humano ha trabajado: hojalata, madera, cerámica, porcelana, cobre, aluminio, piedra, cristal, hierro, esmalte, y algunos ejemplares en oro y plata.
Cabe aclarar aquí que, más que un pueblo, Ciudad Rodrigo es técnicamente una ciudad de casi 12.000 habitantes. No obstante, posee un tamaño pequeño y un ambiente tradicional, lo que le da el alma de pueblo.
El récord Guinness dentro del museo más original de España y los misteriosos «Dompedros»
Entre las piezas más llamativas están los dompedros: muebles de madera noble (caoba, palo santo, roble, castaño o cerezo) que ocultan en su interior un orinal. Algunos presentan marquetería incrustada o pan de oro, lo que los convierte en objetos que ilustran con elocuencia las diferencias de clase de otras épocas.
El museo figura entre los diez más curiosos del mundo y ostenta un récord Guinness por ser una de las muestras más originales del planeta.
La primera vez que la colección se expuso al público fue en 1991, como muestra itinerante por España y Portugal. No fue hasta 2006, con motivo de Las Edades del Hombre en Ciudad Rodrigo, cuando encontró sede fija.
Lo que hay que saber antes de visitar el Museo del Orinal de Ciudad Rodrigo
Detrás del museo está la obsesión de un ciudadano corriente. José María del Arco Ortiz, conocido en Ciudad Rodrigo como Pesetos, pasó décadas recorriendo anticuarios, hospitales y mercadillos de todo el mundo con un objetivo fijo: encontrar orinales.
Su colección creció hasta superar el millar de piezas y acabó por convertirse en el museo más original de España. Murió en 2011, con 69 años, dejando atrás una herencia tan inesperada como difícil de clasificar.
La entrada cuesta cinco euros (2,50 en tarifa reducida o para grupos; gratis para menores de diez años). En abril, abre de 11:15 a 14:00 y de 17:15 a 19:30.
Más de Ciudad Rodrigo, la ciudad con alma de pueblo que pide quedarse más de un día
Ya de por sí la presencia del museo es una razón más que noble para acercarse a Ciudad Rodrigo, pero este rincón salmantino da mucho más de sí. Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1944, sus dos kilómetros de muralla en forma de estrella son los mejor conservados de Castilla y León.
La catedral románica, los palacios renacentistas y la Plaza Mayor componen un casco histórico que, en cualquier otra región, sería destino de primer orden por sí solo.
Su Carnaval del Toro (Fiesta de Interés Turístico Internacional, con documentación que se remonta al siglo XVI) y el farinato (un embutido de manteca, harina, pimentón, anís y aguardiente) completan el retrato de una ciudad que no necesita inventar nada para llamar la atención. Y que, aun así, ha acabado siendo conocida en todo el mundo por una colección de orinales.