El enigmático pueblo navarro que esconde uno de los museos más originales y terroríficos de España
En el norte español hay una localidad que lleva siglos cargando con una reputación tan oscura como fascinante. Sus caseríos de piedra y la vegetación espesa que la rodea le dan el aspecto de pueblo tranquilo. Pero bajo esa apariencia se esconde una de las páginas más sombrías de la historia nacional y también uno de los museos más originales y terroríficos de España.
Ese pasado sigue vivo en sus calles y en las cuevas que bordean un río conocido como la Regata del Infierno, escenario donde, según los inquisidores del siglo XVII, se celebraban los aquelarres. Hoy, esos mismos lugares son el principal reclamo de un pueblo navarro que no ha olvidado (ni quiere olvidar) lo que ocurrió entre sus casas hace más de 400 años.
¿Cuál es uno de los museos más terroríficos y originales de España?
Nuestro «terrorífico» protagonista es el Museo de las Brujas de Zugarramurdi, que abrió sus puertas el 20 de julio de 2007 en el antiguo hospital del pueblo, un edificio de tres plantas construido en 1788 por la familia Dutaria. Desde entonces se ha convertido en uno de los museos más originales y terroríficos de España y en uno de los más visitados del norte peninsular.
No se limita a exponer objetos: audiovisuales, escenografías recreadas y pantallas interactivas reconstruyen el proceso inquisitorial que sufrió el pueblo de Zugarramurdi a comienzos del siglo XVII.
Sus fondos incluyen 56 piezas etnográficas, 31 documentos históricos del fondo Henningsen-Rey y 49 ejemplares sobre brujería e Inquisición.

La primera planta arranca con la denuncia que lo desencadenó todo: la de María Ximildegui, una joven de veinte años que regresó de Francia en 1608 con relatos sobre aquelarres que había presenciado al otro lado de los Pirineos.
La caza de brujas y los procesos judiciales que tuvieron lugar en este pueblo navarro
María había residido durante años en Ciboure, una localidad del País Vasco francés, donde fue testigo de la brutal caza de brujas dirigida por el juez Pierre de Lancre. Sus relatos al regresar a casa encendieron la mecha.
En enero de 1609 llegó a Zugarramurdi un comisario de la Inquisición y los arrestos se sucedieron. Al final del proceso, 53 vecinos de Zugarramurdi y de la comarca de Xareta fueron juzgados en el auto de fe de Logroño, celebrado los días 7 y 8 de noviembre de 1610.
El espectáculo fue de dimensiones descomunales. En una ciudad de apenas 6.000 habitantes se congregaron 30.000 personas para presenciar el juicio.
Seis acusados fueron quemados vivos; otros cinco, ya fallecidos, ardieron en efigie. Dieciocho más fueron reconciliados tras confesar. La mayoría había cedido bajo tortura.
La historia tiene un giro que cambia por completo su lectura. Uno de los propios inquisidores del proceso, Alonso de Salazar Frías, investigó después los hechos y llegó a una conclusión inesperada: «No hubo brujas ni embrujados en el lugar hasta que se comenzó a tratar y escribir sobre ello».
Su informe obligó a la Inquisición a reconocer el error y a no volver a abrir nunca más un proceso mayor por brujería.
Las cuevas del aquelarre, a 300 metros de uno de los museos más originales y terroríficos de España
A 300 metros del museo se encuentran las Cuevas de Zugarramurdi, conocidas también como Serginen Leizea en vasco.
Formadas por el curso de la Regata del Infierno, estas grutas fueron el escenario donde supuestamente se celebraban los aquelarres: reuniones nocturnas de brujas y brujos que alimentaban el terror de los inquisidores y la imaginación popular de toda la comarca.
El museo dedica una planta entera a la mitología de fondo. Figuras como Mari, la diosa madre de la tradición vasca, o Aker, el macho cabrío que presidía los ritos, aparecen integradas en la exposición junto a plantas medicinales, rituales ancestrales y reconstrucciones de la vida doméstica del siglo XVII.
Lo que la Inquisición presentó como un crimen era, en gran parte, un tejido de medicina popular y creencias paganas antiguas.
La tercera planta alberga una instalación artística contemporánea, ORO/TOTALIDAD, de la artista local Agurtzane Anduetza, inspirada en las palabras mágicas que, según la leyenda, permitían volar hasta el aquelarre.
Cómo visitar el Museo de las Brujas de Zugarramurdi
La entrada cuesta 6,50 euros para adultos y 4,50 euros para niños de seis a once años; hay un descuento de un euro si se combina con la visita a las cuevas. La visita completa dura entre 45 minutos y una hora.
De octubre a junio, el museo cierra lunes y martes; el resto de días abre a partir de las 10:30. En verano amplía el horario hasta las 19:00.
Está disponible en castellano, vasco, francés e inglés. Como dato de color, cada 18 de agosto, las cuevas acogen el ziriko-jate, un festival gastronómico tradicional que se celebra en su interior desde hace décadas. El pueblo está a 47 kilómetros de San Sebastián y a 55 de Pamplona.