Turismo interior

En 1985 era una bonita villa de 1.500 habitantes que recibía hasta 25.000 turistas en verano: 41 años después es un pueblo fantasma anegado por la crecida de un lago

pueblo fantasma
Ruinas de Villa Epecuén. Foto: Horacio_Fernandez en Wikimedia Commons.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Hubo un tiempo en el que este rincón sudamericano competía con los principales balnearios de la región por atraer turistas. Hoy, sin embargo, apenas queda un pueblo fantasma de calles vacías y edificios carcomidos por la sal, un escenario que parece sacado de una película apocalíptica. Y lo más dramático, es que la transformación ocurrió en cuestión de horas.

La caída de un terraplén bastó para que el agua se tragara calles, comercios y viviendas en cuestión de días. Nadie murió en el desastre, pero miles de familias perdieron todo lo que tenían. Décadas después, las ruinas volvieron a asomar entre la sal y se convirtieron en un destino insólito que atrae cada vez a más curiosos.

Villa Epecuén, el pueblo fantasma que el agua devoró en Argentina

El lugar en cuestión es Villa Epecuén, un antiguo balneario situado en la provincia de Buenos Aires, en Argentina, a orillas de un lago de aguas hipersalinas comparadas muchas veces con las del Mar Muerto.

Fundado en 1921 por el empresario Arturo Vatteone, el pueblo se convirtió con rapidez en uno de los destinos termales más visitados del país gracias a la fama curativa de sus barros y sus aguas.

Costanera de Villa Epecuén en sus mejores años. Foto: Dominio público.

Inclusive, en su época de mayor esplendor, durante los años 70 y 80, la villa llegó a tener 1.500 habitantes estables y a recibir hasta 25.000 turistas en temporada alta, con 6.000 plazas hoteleras y 250 comercios repartidos por sus calles.

Así, aquel pueblo fantasma que hoy conocemos era entonces un verdadero popurrí de gente, con trenes que llegaban a diario desde distintos puntos del país.

Una tragedia anunciada para los argentinos: los avisos que nadie quiso escuchar

El desenlace llegó el 10 de noviembre de 1985, cuando un terraplén que contenía las aguas del lago cedió tras una sudestada y una crecida sostenida desde 1980. La laguna venía subiendo entre 50 y 60 centímetros por año, y las obras del canal Ameghino, pensadas para regular el nivel del agua, se habían paralizado en 1976, apenas un año después de iniciadas.

En este marco, vecinos y bomberos de la zona habían advertido semanas antes que el terraplén presentaba grietas y no resistiría una nueva crecida, pero el intendente y otros funcionarios provinciales descartaron el riesgo en público.

Y lamentablemente, la evacuación se ordenó recién cuando el agua ya avanzaba sobre las primeras calles, y en apenas quince días casi la totalidad de la población tuvo que abandonar sus casas sin poder rescatar sus pertenencias.

Con el paso de los meses, el nivel siguió subiendo hasta cubrir el pueblo entero bajo casi siete metros de agua.

Pueblo fantasma
Inundación de Villa Epecuén. Foto: Dominio público.

Desde luego, no hubo víctimas mortales, pero las pérdidas económicas en toda la región se calcularon en unos 1.500 millones de dólares, con 4,5 millones de hectáreas bonaerenses anegadas por el desborde del río Salado. Años después, distintas investigaciones judiciales apuntaron a la desidia estatal y al desvío de fondos destinados a las obras de contención.

Pablo Novak, el último vecino de este pueblo fantasma

Entre las pocas personas que se negaron a marcharse estaba Pablo Novak, un vecino que decidió quedarse a vivir entre las ruinas incluso después de que el resto de la población abandonara el lugar. Durante casi cuatro décadas fue la única presencia humana estable en Villa Epecuén, y recorría a diario las calles vacías junto a su perro Chozno y una vieja bicicleta.

Posteriormente, Novak falleció el 22 de enero de 2024, a los 93 años, y con su muerte Villa Epecuén quedó declarada oficialmente como un pueblo desierto, sin un solo residente permanente.

Su historia se convirtió en un símbolo de resistencia frente al desastre y todavía se recuerda en la región como el guardián solitario de las ruinas, un apodo que la prensa local le adjudicó con cariño.

Vestigios entre la sal: ¿Se puede visitar Villa Epecuén en la actualidad?

La respuesta corta es , pero vale la pena aclarar algunas cuestiones. Desde mediados de los años noventa, el agua comenzó a retroceder de forma gradual y dejó a la vista las calles, los cimientos y los árboles muertos que hoy definen el paisaje del lugar.

Por otra parte, la sal blanqueó troncos y estructuras hasta darles un aspecto casi lunar, y esa imagen se transformó en el principal atractivo de la zona para fotógrafos, cineastas y viajeros curiosos.

Hoy se puede recorrer el lugar en visitas guiadas que parten desde Carhué, la localidad más cercana, situada a ocho kilómetros. Los circuitos incluyen un pequeño museo y recorridos a pie entre lo que fueron viviendas, hoteles y el antiguo balneario municipal.

Cada noviembre, además, coincidiendo con el aniversario de la tragedia, se corre la Vuelta al Lago Epecuén, una carrera pedestre que atraviesa parte del trazado sumergido y convierte al pueblo fantasma en escenario deportivo.

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