En los años 80 un buque vació su agua de lastre en los Grandes Lagos: 40 años después EEUU ofrece 200.000 dólares de premio a quien resuelva la plaga de mejillones que han causado
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Un buque procedente del mar Negro vació sus tanques de agua de lastre en los Grandes Lagos a finales de los años 80 y, sin saberlo, introdujo las larvas del mejillón cebra en Norteamérica. Cuatro décadas después, el Bureau of Reclamation de Estados Unidos ofrece hasta 200.000 dólares de premio a quien diseñe una solución definitiva contra esta plaga.
El organismo federal, encargado de gestionar la infraestructura hidráulica del oeste del país, ha lanzado el concurso «Halt the Hitchhiker» para frenar la propagación de mejillones cebra, quagga y dorados a través de los compartimentos de lastre de las embarcaciones recreativas. La fase inicial del concurso cerró el 29 de mayo de 2026 con la selección de seis propuestas ganadoras.
En qué consiste el premio contra los mejillones cebra que ofrece Estados Unidos
El Bureau of Reclamation estructura el concurso en tres fases. En la primera, seis equipos han recibido 25.000 dólares cada uno por presentar conceptos de descontaminación novedosos, entre ellos sistemas de filtración, reactores de luz ultravioleta y sondas bioeléctricas. Los ganadores avanzan ahora a la segunda fase, donde competirán por hasta 150.000 dólares adicionales mediante presentaciones técnicas ante un panel de expertos.
La tercera fase premiará el desarrollo de prototipos con hasta 125.000 dólares para el primer puesto, 75.000 para el segundo y 50.000 para el tercero. El organismo prevé completar las pruebas de laboratorio en 2027 y destinar un total de 550.000 dólares si se entregan todos los premios máximos.
El origen de una plaga que cuesta 1.000 millones de dólares al año
Los mejillones cebra (Dreissena polymorpha) colonizaron los cinco Grandes Lagos en menos de una década tras aquel primer vertido de agua de lastre. Una sola hembra puede poner hasta un millón de huevos al año, y la ausencia de depredadores naturales en Norteamérica facilitó su expansión descontrolada. Poco después llegó el mejillón quagga, y en octubre de 2024 las autoridades detectaron el mejillón dorado en el Delta de Sacramento-San Joaquín, en California.
Los tres moluscos se adhieren en capas densas a cualquier superficie dura y taponan las tuberías de las plantas potabilizadoras y las centrales hidroeléctricas. El Bureau of Reclamation calcula que los mejillones cebra y quagga generan por sí solos más de 1.000 millones de dólares anuales en reparaciones y tareas de control en todo el país.
El daño no se limita a la infraestructura. Los mejillones filtran hasta un litro de agua al día y absorben el plancton que alimenta a los peces nativos, lo que provoca el llamado efecto de «agua clara»: un lago que parece limpio mientras su cadena alimenticia colapsa por dentro. Sus conchas, además, se acumulan en las playas y cortan los pies de los bañistas al morir.
Por qué resulta tan difícil eliminar a los mejillones cebra de las tuberías
Las larvas microscópicas de estos moluscos, llamadas velígeras, resultan casi imposibles de detectar a simple vista y viajan con facilidad en el agua retenida dentro de mangueras y tanques de lastre. Los métodos convencionales, como verter cloro a gran escala, dañan los ecosistemas acuáticos cuando esa agua vuelve al cauce, lo que obliga al Bureau of Reclamation a buscar alternativas que no generen residuos peligrosos.
Qué soluciones se están probando actualmente para eliminar a los mejillones de las tuberías
Varios laboratorios estadounidenses ensayan ya biopesticidas quiméricos, bacterias modificadas que atacan el sistema digestivo de los mejillones sin afectar a peces ni plantas. Otras plantas potabilizadoras inyectan ozono o peróxido de hidrógeno con ácido peracético, compuestos que asfixian a las larvas y se degradan en oxígeno y agua sin dejar residuos.
Ciudades como Austin y Lewisville utilizan generadores de iones de cobre que debilitan la concha de los moluscos antes de que logren adherirse a las tuberías. En paralelo, distintos equipos de ingeniería prueban ondas acústicas de baja frecuencia y lámparas de luz ultravioleta que alteran el ADN de las larvas en tránsito, además de recubrimientos antiadherentes de silicona que repelen hasta el 80% de las fijaciones.
El premio de 200.000 dólares del Bureau of Reclamation busca precisamente una tecnología portátil capaz de combinar varias de estas soluciones para descontaminar los botes de los turistas en cuestión de minutos.