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OKDIARIO localiza al etarra Vicente Nazábal, el pistolero que asesinó a Jesús Ulayar de cinco tiros delante su hijo

Ni una palabra para la viuda ni para los cuatro hijos del hombre al que mató

Etxarri-Aranatz nombró hijos predilectos a los asesinos, vecinos del pueblo

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OKDIARIO ha localizado en Echarri Aranaz (Navarra) a Vicente Nazábal Auzmendi, el etarra que asesinó en 1979 al ex alcalde Jesús Ulayar de cinco tiros frente a su casa y ante su hijo de 13 años. Preguntado una y otra vez si se arrepiente, Nazábal sólo respondió con empujones, insultos y un «no grabes».

Nazábal se encontraba en la terraza de una cafetería de Pamplona. OKDIARIO le ha preguntado ante la cámara lo que la familia de la víctima lleva más de cuatro décadas esperando escuchar: si se arrepiente. No hubo respuesta. Solo gritos de «¡Fuera de aquí!», «¡Quítate de aquí!» y «no grabes», empujones al reportero y un calificativo: «Rata provocadora».

—¿Te arrepientes de haber matado a Jesús Ulayar? ¿Cómo puedes dormir por las noches?
—¿Eres tonto? Te estás hablando solo.

EL ETARRA VICENTE NAZÁBAL. Nazábal junto a Cake Minuesa, periodista de OKDIARIO. El etarra asesinó a Jesús Ulayar de cinco tiros delante de su hijo.

Durante varios minutos, el reportero le mostró la fotografía de Ulayar y le recordó que esa familia «no va a poder reunirse nunca más». Nazábal le reprochó que le impedía el paso y terminó refugiándose en un local, desde donde, según se aprecia en la grabación, dedicó un gesto a la cámara. Ni una palabra para la viuda ni para los cuatro hijos del hombre al que mató.

«Algún día me pegarán cinco tiros»

Jesús Ulayar llegó a la alcaldía de Echarri Aranaz en 1969, y desde ese momento el mundo abertzale lo señaló como objetivo de ETA. En 1975 dejó el cargo, pero renunciar no le sirvió de nada: el acoso continuó. Era plenamente consciente de lo que le esperaba y lo dijo en voz alta: «Algún día me pegarán cinco tiros». Así fue. La mañana del 27 de enero de 1979 salió de casa con su hijo Salvador, que tenía 13 años, porque se había terminado el gasóleo de la calefacción. Cuando se disponía a abrir la furgoneta, un encapuchado se le acercó a escasos metros y le disparó cinco veces. Murió en el acto.

Año y medio después, el 26 de junio de 1980, la justicia dictó sentencia. Los hermanos Vicente y Juan Nazábal Auzmendi, autores del crimen, fueron condenados a 27 y 22 años de reclusión mayor. Jesús María Reparaz Lizarraga recibió 12 años y un día de condena como cómplice, y Eugenio Juan Ulayar Huici, primo del propio alcalde, 6 años y un día por encubrimiento. El tribunal obligó a todos ellos a indemnizar a los herederos de la víctima.

La sentencia, sin embargo, no cerró la herida de los Ulayar. Les tocó vivir lo mismo que a tantas otras familias de víctimas de ETA: el silencio cómplice de los vecinos, el eterno «algo habrá hecho» y años de insultos y amenazas cada vez que pisaban la calle. Según la familia, uno de los hijos llegó a llamar a Nazábal «asesino, sinvergüenza y caradura» a la cara, y este le respondió con una patada en el pecho. Por si fuera poco, el Ayuntamiento nombró hijos predilectos a los asesinos, vecinos del pueblo. El consistorio jamás ha dado marcha atrás.

A día de hoy, ningún monumento recuerda a Jesús Ulayar en el lugar donde lo mataron. Echarri Aranaz, a unos 40 kilómetros de Pamplona, sigue luciendo pintadas a favor de ETA y fotografías de etarras colgadas en los bares. Ahora que se multiplican los mensajes sobre reinserción y los beneficios penitenciarios para los presos de la banda, la pregunta es inevitable: ¿se arrepienten los asesinos de ETA? Vicente Nazábal ya ha contestado.

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