La nuclear planta cara a Sánchez: otras centrales amenazadas pedirán salir de la ‘lista negra’ del Gobierno
Las empresas defienden que la política energética "se tiene que basar en criterios técnicos o económicos y no en ideología"

La prórroga de vida de la central nuclear de Almaraz por parte del Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto la veda para que otras plantas cuyo cierre ya está señalado en el calendario del Ejecutivo se cierren en banda y pidan también la extensión de su actividad más allá de lo previsto.
Son al menos cinco los reactores que a los que Sánchez pretende echar el cierre antes de 2035 y cuyos propietarios ya han mencionado que batallarán lo que sea necesario para ampliar todo lo posible su continuidad.
El sector energético ha comprobado con la reciente prórroga de Almaraz que las fechas de cierre establecidas como «definitivas» en las autorizaciones administrativas sí que pueden modificarse.
Para que las otras centrales amenazadas puedan seguir el mismo curso sólo deberán mandar una solicitud formal de la empresa titular, la documentación técnica y la correspondiente revisión de seguridad. Eso y que el Ministerio para la Transición Ecológica dé el visto bueno y se pliegue nuevamente
Con el éxito de la central extremeña en el horizonte llega el turno de Ascó I, en Tarragona, con un cierre previsto para octubre de 2030 y Cofrentes, en Valencia, que haría lo propio en noviembre del mismo año. Sus dueños ya se han pronunciado al respecto en los últimos meses.
Iberdrola y Endesa, con la nuclear
Por una parte, Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, pidió públicamente hace tan solo unas semanas la prórroga de las centrales nucleares más allá de Almaraz argumentando que muchas de ellas podrían operar con plenas garantías durante 60 u 80 años. Iberdrola en este caso es propietaria en un 15% del reactor Ascó II y de la central de Cofrentes.
Por su lado, el recién llegado consejero delegado (CEO) de Endesa, Gianni Armani, no tardó en pronunciarse en el mismo sentido tras su aterrizaje en la eléctrica.
El responsable de la mitad de toda la capacidad nuclear instalada en España defendió que nuestro país dispone de uno de los parques nucleares más jóvenes de Europa y que, por ello, existen condiciones más que suficientes para mantener estas instalaciones en funcionamiento.
De hecho, destacó que la continuidad nuclear podría llegar a garantizar un suministro más estable, reduciendo emisiones y facilitando una colaboración energética más estrecha entre España e Italia.
También se ha sumado a la petición tras conocer la reciente extensión de la vida útil de Almaraz, Foment del Treball, la patronal empresarial de Cataluña, que ha reclamado a Sánchez una prórroga de vida de las centrales nucleares catalanas como la de Vandellòs.
Concretamente ha lanzado un dardo envenenado al Ejecutivo asegurando que «es un paso en la buena dirección» debido a que «la política energética se tiene que basar en criterios técnicos, económicos y de seguridad de suministro y no en planteamientos ideológicos».
Aprovechando la ocasión pidió que se revisara el calendario nuclear general y que aplicara el mismo criterio de Almaraz en Ascó I, Ascó II y Vandellòs II: «Cataluña no se puede permitir prescindir de una energía estable, no emisiva y esencial para la competitividad de nuestra industria», ha sentenciado.
Fundamental para abaratar la factura
Uno de los motivos aportados por el Gobierno para justificar su cambio de opinión respecto a Almaraz es que abarataría la factura del consumidor en plena escalada del precio del gas por la guerra en Irán.
Sin embargo, el impacto económico del cierre total del parque nuclear español sería todavía mayor. Según PricewaterhouseCoopers (PwC), cerrar el parque nuclear elevaría el precio mayorista más de 13 €/MWh de media anual.
Para un hogar medio, se trata unos 40 euros más al año. Para pequeñas empresas intensivas en electricidad, entre 15.000 y 40.000 euros adicionales. Para sectores como la cerámica valenciana, que representa el 95 % de la producción nacional, el sobrecoste superaría los 120 millones de euros anuales.
Cabe recordar que los siete reactores en funcionamiento en España producen alrededor del 20 % de toda la electricidad que consumimos cada año. Cada reactor abastece a cerca de un millón de hogares de forma continua, a cualquier hora, sin depender del viento ni del sol. Son, junto con la hidráulica gestionable, la única fuente que garantiza suministro estable las 24 horas.
Además de aportar energía, las centrales nucleares generan 19.500 empleos en España -8.500 directos- y contribuyen con cientos de millones en impuestos a los municipios y comunidades donde se ubican. En lugares como Almaraz (Extremadura) o Trillo (Castilla-La Mancha), la central es el principal empleador y sostiene buena parte del presupuesto local. Su cierre sería un golpe económico directo a territorios que ya tienen pocas alternativas.