¿Qué buscaba Sánchez tras la sotana del Papa?
Hace algo más de 80 años, un dirigente de la II República, Manuel Azaña, quizá la figura señera más representativa de aquel convulso periodo de la España contemporánea, pronunció aquella frase histórica: «España, hoy, ha dejado de ser católica…».
El odio del presidente Azaña a todo lo eclesiástico era tan fuerte como el que también frecuentaba contra el Ejército y que demostró fehacientemente cuando fue titular del Ministerio de Defensa. Posteriormente, dicen los historiadores que le secundaron hasta el final de sus días en su exilio mexicano, también su esposa Dolores Rivas Cherif, que se «convirtió» poco tiempo antes de irse al otro mundo. Estos días españoles, a propósito de la formidable capacidad del Papa Prévost para movilizar masas ávidas de su liderazgo espiritual, he pensado mucho acerca de la máxima azañista que se ha demostrado en las calles como un absoluto error histórico.
Bien. Vayamos a lo mollar de la visita del Papa de Roma a la vieja y «católica» España. Los millones y millones de personas en las calles movilizadas por la figura y los mensajes del Pontífice representan un input de primer nivel, teniendo en cuenta los avatares de todo tipo por los que atraviesa este atormentado país. Nos quedaríamos en que los católicos españoles llevan medio siglo en las catacumbas excavadas por una izquierda irredenta que en muchas ocasiones ha hecho de los ataques a la Iglesia su razón de ser «progresista», incluso cuando hombres de esa Iglesia han demostrado que no les llegan al tacón en cuestiones tan importantes como la defensa de los más desfavorecidos y pobres en general. También el jefe de la Iglesia universal les ha demostrado que el Evangelio se defiende con la palabra, sí, pero básicamente con hechos que consuman a diario miles y miles de religiosos en todo el mundo atormentado y ardiendo.
El Papa, este joven Papa, es un enorme líder sobre la base de la VERDAD. Y esto es lo que ha visto Sánchez y sus equipos dispuestos a aprovechar en lo que puedan esa credibilidad que es la base de un Santo Padre tan singular. De ahí que toda la izquierda española, cuanto más radical, más fans, se haya intentado mimetizar con los mensajes decisivos de León XIV. El jefe de la Iglesia de Roma se puede definir con cuatro palabras: autenticidad, verdad, humildad y entrega. Justo lo que una mayoría de españoles (no todos) echa a faltar en el poder político de la coyuntura.
No hay mejor análisis social de la España de Sánchez que lo que se ha podido documentar en las calles, los estadios y las catedrales. Con el Evangelio en bandolera siempre.
El que quiera entender, que entienda. El país no puede ser conducido por un ciego, o mejor, por un conjunto de ciegos interesados.
Temas:
- Papa León XIV
- Pedro Sánchez