Zapatero o cómo estrangularse en público con un collar de esmeraldas y diamantes
La entrevista de José Luis Rodríguez Zapatero en el programa de Javierito Ruiz en TVE no sirvió para otra cosa más que para apuntalar las sospechas de que el ex presidente del Gobierno tiene un horizonte penal más sombrío que un zafiro negro, porque, más allá de que negara de nuevo haber ejercido influencia alguna sobre nadie del Gobierno en el rescate de Plus Ultra, estuvo especialmente poco fino en lo relativo a las joyas. Y cuando decimos poco fino es porque no queremos contribuir a ponérselo más crudo de lo que se lo ha puesto él mismo con una declaración surrealista.
Y es que Zapatero dijo que las joyas fueron un regalo de «cortesía personal» que guardaba en una caja fuerte de su despacho sin tener «afán patrimonial» ni «intención de defraudar». Lo de la «cortesía personal» se presta a la chanza y lo de que las guardó sin «afán patrimonial» ni «intención de defraudar» es la apoteosis de la idiocia. Porque Zapatero vino a decirnos que le regalaron 1.300.000 euros en joyas por pura cortesía, como a quien le regalan una pulsera de cuero trenzado y la mete en una caja fuerte.
Tan absurdo todo que bien podría decirse que su comparecencia televisiva, aunque fuera en territorio amigo, ha sido una lección de cómo estrangularse en público con un collar de esmeraldas y diamantes, que es precisamente una de las piezas más costosas del botín que le incautó la Policía, con un valor de tasación de 220.000 euros. Parece evidente que su paso por TVE, seguramente forzado por Moncloa, no ha dado el fruto esperado.
Porque negarlo todo y despachar el escándalo de las joyas con tanta estulticia no sólo es un disparate en estrictos términos de estrategia de defensa, sino que lo convierte a ojos de millones de españoles en un descomunal jeta, incluso para quienes creían ver todavía en el ex presidente del Gobierno un referente moral. Es de suponer que su abogado esté a estas horas subiéndose por las paredes. Natural.