Consternación en la Policía Nacional de Baleares por la muerte de la inspectora Dolores Juan a los 45 años
Las comisarías de Baleares despiden a una profesional muy querida dentro y fuera del Cuerpo

La Jefatura Superior de la Policía Nacional en Baleares vive horas de profundo dolor tras la muerte de Dolores Juan García, conocida cariñosamente como Lola, a los 45 años después de una larga enfermedad. Su fallecimiento ha dejado un enorme vacío entre quienes compartieron con ella dos décadas de servicio en la Policía Nacional y una trayectoria marcada por el esfuerzo, la cercanía y la vocación policial.
Lola llegó al Cuerpo hace 20 años y, desde entonces, fue construyendo una carrera en la que pasó por diferentes destinos y responsabilidades. Sus primeros pasos estuvieron vinculados a la Brigada de Extranjería, además de prestar servicio durante un tiempo en la Comisaría de Mahón, en Menorca.
Con el paso de los años, su recorrido profesional estuvo especialmente ligado a la Seguridad Ciudadana. Trabajó en la Sala del 091, en el Grupo de Conducciones y, de manera muy especial, en los radiopatrullas, los conocidos como ‘zetas’. Fue allí donde muchos compañeros pudieron conocer de cerca su manera de entender la profesión: siempre dispuesta a ayudar, cercana en el trato y con una sonrisa que, según quienes trabajaron junto a ella, formaba parte de su personalidad.
Su trayectoria fue creciendo paso a paso. Tras convertirse en oficial y posteriormente en subinspectora, continuó vinculada a la Brigada de Seguridad Ciudadana y a los servicios de radiopatrulla, donde se ganó el respeto y el cariño de sus compañeros.
Pero Lola todavía tenía un último sueño profesional por cumplir. Recientemente había conseguido superar la oposición para acceder a la categoría de inspectora, culminando así años de sacrificio y dedicación. Su intención era regresar a la Brigada de Extranjería, precisamente el lugar donde había comenzado su aventura dentro de la Policía Nacional.
Ese ascenso, conseguido después de tantos años de esfuerzo, fue el broche a una carrera que sus compañeros recuerdan con enorme orgullo.
«Estamos todos consternados. Ha sido un golpe muy fuerte para todas las personas que conocíamos a Lola», recuerdan quienes compartieron servicio con ella. Más allá de su faceta profesional, quienes la conocieron destacan especialmente a la mujer que había detrás del uniforme: una persona generosa, cercana y profundamente querida.
La noticia de su muerte ha provocado una gran conmoción en la Jefatura Superior de Baleares. Mandos, compañeros y amigos han querido trasladar su cariño y sus condolencias a la familia.
Con Lola se marcha una profesional que consiguió alcanzar la categoría de inspectora después de años de trabajo, pero también una compañera que dejó una huella difícil de borrar.
Hoy, en la Policía Nacional de Baleares, no solo se despide a una inspectora. Se despide a Lola, a una compañera querida y a una mujer que durante veinte años hizo del servicio a los demás una forma de vida.