Ciencia Mercurio

El hielo de Groenlandia desvela que el ser humano lleva 4.500 años contaminando el planeta con mercurio

Un equipo internacional con participación del CSIC ha reconstruido la mayor secuencia continua de mercurio del Holoceno a partir de un testigo de hielo

Medir el mercurio depositado en ellas permite leer, año a año, cómo ha variado este contaminante a lo largo del tiempo

Perforan el hielo de Groenlandia y temen que vuelva un fenómeno de hace 7.000 años

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Núcleos de hielo descartados sobre la superficie helada de Groenlandia. (Foto EGRIP).
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El mercurio es uno de los venenos más temidos del planeta y su rastro suele asociarse a las chimeneas de la era industrial. Un nuevo análisis del hielo de Groenlandia adelanta ese reloj varios milenios.

Un equipo internacional con participación del CSIC ha reconstruido la mayor secuencia continua de mercurio del Holoceno a partir de un testigo de hielo extraído en el noreste de Groenlandia. El registro cubre los últimos 12.000 años.

Un archivo helado

El trabajo se publica en Science Advances y se apoya en el sondeo del East Greenland Ice Core Project (EGRIP). Las muestras abarcan una profundidad de entre 14 y 1.254 metros, es decir, milenios de historia atmosférica congelada.

Cada capa de nieve atrapó las partículas que el viento arrastró hasta el Ártico. Medir el mercurio depositado en ellas permite leer, año a año, cómo ha variado este contaminante a lo largo del tiempo.

Medición ultralimpia

Hasta ahora ningún registro de hielo había cubierto todo el Holoceno con tanto detalle. El análisis se hizo a niveles de partes por billón, con un protocolo de limpieza extremo para evitar cualquier contaminación de las muestras.

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Durante años, investigadores perforaron el hielo en el noreste de Groenlandia desde instalaciones bajo la superficie nevada. (Foto EGRIP).

Esa precisión es la que ha permitido distinguir señales muy débiles. El mercurio se mueve en cantidades minúsculas, y sólo una medición ultralimpia puede separar el ruido del dato fiable.

La huella humana

La principal conclusión rompe una idea muy asentada. La deposición de mercurio entró en varios periodos de aumento continuo durante casi dos milenios después de los primeros usos humanos del metal.

Esos incrementos coinciden con la Edad del Bronce, con las primeras interacciones humanas cerca de zonas ricas en mercurio y con la minería de oro y plata. La señal aparece mucho antes de la industrialización.

Cuatro milenios de rastro

Las mediciones continuas de los últimos 4.500 años muestran cambios bruscos que los autores atribuyen a la mano del ser humano. El planeta arrastra así un rastro de contaminación por mercurio de unos 4.000 años.

Hasta ahora se pensaba que el impacto humano sobre el ciclo del mercurio era muy reciente. El estudio sugiere que esa huella empezó antes de lo estimado, cuando las primeras civilizaciones comenzaron a fundir minerales.

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Interior de la red de túneles bajo la nieve, donde se desarrollan las actividades del proyecto. (Foto EGRIP).

Clima y picos naturales

El registro también refleja los grandes vaivenes climáticos del Holoceno. Aparecen marcados el inicio del periodo, el evento frío de hace 8.200 años y la fase árida de hace 4.200 años.

Esos episodios alteraron las fuentes naturales del metal. Separar lo natural de lo humano era el gran reto, por lo que el equipo combinó las medidas del hielo con modelos de la química atmosférica del mercurio.

Un veneno global

El mercurio preocupa porque resulta tóxico para el sistema nervioso y se acumula en la cadena alimentaria. En su forma de metilmercurio se concentra en los peces y alcanza al ser humano a través del consumo.

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La cúpula científica bajo un llamativo halo solar, un fenómeno atmosférico típico de las regiones polares. (Foto EGRIP).

El Ártico funciona como un gran sumidero de este metal. Las partículas emitidas a miles de kilómetros terminan depositándose sobre el hielo de Groenlandia y sobre sus frágiles ecosistemas.

Participación del CSIC

En la firma del estudio figura el investigador del CSIC Alfonso Saiz-López, del Instituto de Química Física Blas Cabrera, junto a científicos de Canadá, Italia, Dinamarca y otros países.

El mismo grupo ya había vinculado antes el deshielo del Ártico con un repunte de las emisiones naturales de mercurio. Este nuevo trabajo añade una capa decisiva: el peso de la actividad humana en la prehistoria.

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Excavación de túneles para la extracción de núcleos de hielo. (Foto EGRIP).

Deshielo en marcha

El hallazgo llega además en un momento delicado. El calentamiento global está reduciendo el hielo perenne del Ártico, lo que podría liberar a la atmósfera parte del mercurio almacenado durante siglos.

Por este motivo el pasado importa tanto como el futuro. Saber cuánto metal había ya en circulación ayuda a anticipar qué ocurrirá si el deshielo continúa al ritmo actual.

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Los túneles bajo la nieve proporcionan la temperaturas adecuadas para el almacenamiento de muestras de hielo. (Foto: Zhiyuan Gao).

Lecciones para hoy

Conocer cuánto mercurio liberó el ser humano en el pasado ayuda a calcular las emisiones totales acumuladas. Ese dato resulta clave para aplicar tratados como el Convenio de Minamata, que busca reducir su uso.

El testigo de Groenlandia confirma que la relación entre el ser humano y el mercurio es mucho más antigua de lo que indicaban los registros previos. La contaminación no es un fenómeno sólo moderno. El hielo guarda la prueba escrita capa a capa: llevamos contaminando el planeta con mercurio desde hace cuatro milenios.