Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura: «El secreto de una buena vejez no es más que un pacto honrado con la soledad»
La soledad es el eje sobre el que gira casi toda la obra de Gabriel García Márquez. Lejos de tratarla como una condena, la abordó como una condición humana que hay que aprender a gestionar. El escritor obtuvo el Nobel de Literatura en 1982 y vendió más de 50 millones de ejemplares de Cien años de soledad. Y a lo largo de ese camino, construyó una visión del envejecimiento.
Hoy, las recetas habituales hablan de actividad, sociabilidad y movimiento. Pero este ilustre colombiano apuntaba en otra dirección. A lo largo de su obra y de sus declaraciones dejó reflexiones sobre el tiempo que pasa, el proceso de hacerse mayor y lo que importa cuando la vida lleva ya muchas décadas encima.
La buena vejez, según García Márquez: lo dejó claro en «Cien años de soledad»
La frase que el escritor colombiano dejó para la posteridad sobre este asunto procede de su novela más célebre, Cien años de soledad (1967): «El secreto de una buena vejez no es más que un pacto honrado con la soledad».
El contexto es la historia de la familia Buendía, atravesada de principio a fin por distintas formas de aislamiento: el voluntario, el impuesto, el que surge del orgullo y el que llega con los años.
La idea que defiende la frase es la de la aceptación. No resignarse ni conformarse, sino dejar de resistir algo que llega de forma natural. Envejecer implica, entre otras cosas, más tiempo a solas con uno mismo. Menos ruido exterior, más espacio interior.
García Márquez sugiere que la clave no es llenar ese espacio a toda costa, sino aprender a habitarlo con honradez. El «pacto honrado», como él llama, implica una relación sin engaños con la propia compañía.
La sabiduría llega tarde: otras reflexiones de García Márquez sobre el envejecimiento
El Nobel colombiano no se quedó en esa sola frase. Varias de sus citas más conocidas apuntan en la misma dirección. En pocas palabras, una visión del envejecimiento que combina lucidez y algo de ironía. A continuación, desandamos algunas de las más populares:
- «La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada», escribió, con esa mezcla de humor y verdad incómoda que recorre toda su obra.
- También dejó una reflexión más personal: «Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no».
- Y una tercera que cierra el círculo: «La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado». El envejecimiento, según García Márquez, no es solo físico. Es también una negociación continua con la memoria.
Para el colombiano, a la madurez hay que verla como un proceso de depuración. ¿Qué sería esto? Pues, quitarse compromisos, personas y obligaciones que no aportan nada. La buena vejez, en esa lectura, empieza mucho antes de llegar a ella, por la capacidad de ir rechazando lo innecesario.
Cicerón, Séneca y Schopenhauer: otros grandes que llegaron a conclusiones parecidas sobre la soledad y la vejez
La visión de García Márquez sobre la soledad y la vejez recuerda por su brillantez a otros ilustres.
Por ejemplo, Cicerón escribió en el siglo I antes de Cristo un tratado completo sobre el asunto, De Senectute, en el que argumentaba que la vejez no equivale al declive y que el mayor placer de esa etapa es el intelectual: vivir con uno mismo, rodeado de pocas cosas pero verdaderas.
Séneca llegó más lejos al plantear que la vejez podía ser, bien entendida, un objetivo positivo de la existencia. Estar solo en la vejez no excluye una actitud plena ante la vida; al contrario, puede facilitarla.
Schopenhauer, por su parte, defendió que la soledad no es mero aislamiento, sino el clima necesario para la contemplación y el autoconocimiento. Solo quien aprende a ser su propia compañía puede habitar ese espacio con tranquilidad.
García Márquez llegó a las mismas conclusiones por la vía literaria. Su «pacto honrado» con la soledad es, en el fondo, lo mismo que Cicerón llamaba vivir consigo mismo y Schopenhauer convertía en condición de la sabiduría.
Esto es, una relación honesta con el único compañero que uno tiene de verdad a lo largo de toda la vida.