Filosofía

Miguel de La Quadra-Salcedo, aventurero español: «La curiosidad es el elixir de la eterna juventud»

Curiosidad
Miguel de la Quadra-Salcedo en León. Foto: Rodelar en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Qué curiosidad por la vida la que tenía Miguel de la Quadra-Salcedo. Este ilustre español nació en Madrid en 1932 y murió en la misma ciudad en mayo de 2016, cuatro décadas después de haberse convertido en uno de los rostros más reconocibles de la televisión española. Fue atleta olímpico en los Juegos de Roma de 1960 y corresponsal de guerra que cubrió Vietnam siete ocasiones.

Y vaya que era curioso: entrevistó al Dalái Lama, a Salvador Allende, a Indira Gandhi y a Pablo Neruda. Fue también el fundador de la Ruta Quetzal, el programa que llevó a más de 8.000 jóvenes a recorrer América Latina. Cuando le preguntaban qué lo había mantenido tan activo durante más de ocho décadas, su respuesta era siempre la misma y tenía que ver con la curiosidad.

Para Quadra-Salcedo, la curiosidad fue el elixir de la eterna juventud: ¿Por qué?

«Encontré aquello que Ponce de León tanto buscó», declaró en varias entrevistas. «El elixir de la eterna juventud. He descubierto que consiste en mantener la curiosidad y rodearte de gente joven», señalaba.

La primera parte de la fórmula, la que él citaba siempre primero, era la que consideraba más determinante: una mente que no deja de preguntarse cosas, de querer saber qué hay detrás de esa montaña o qué ocurre en ese país que acaba de entrar en guerra.

La segunda parte, rodearse de jóvenes, era también inseparable de su historia personal. La Ruta Quetzal, que dirigió durante 37 años consecutivos con unos 200 estudiantes de 16 y 17 años por expedición, fue el proyecto que definió la segunda mitad de su vida. Quadra-Salcedo repitió en muchas ocasiones que aquellos muchachos le devolvían más energía de la que él les daba.

No lo decía como halago, sino como una observación sobre la mecánica de la curiosidad. Y claro, es que quien se rodea de personas que aún lo preguntan todo no puede permitirse dejar de hacerlo.

Quadra-Salcedo y una vida de 84 años como demostración de su propia tesis

La trayectoria de Quadra-Salcedo es, antes que ninguna otra cosa, la historia de alguien que nunca dejó de seguir preguntas. A los 28 años compitió en Roma como lanzador de disco.

Poco antes había establecido con la técnica vasca un lanzamiento de jabalina de 112,30 metros (récord mundial en su momento) que la IAAF acabó prohibiendo por considerarla fuera del reglamento. La hazaña dice algo sobre su manera de entender las cosas. Había encontrado un camino para ir más lejos que todos los demás y lo había tomado sin pedir permiso.

Su trabajo como corresponsal también respondía a esa misma lógica. Cubrió el golpe de Estado de Pinochet en Chile en 1973, no para confirmar lo que ya sabía, sino para ver lo que nadie había visto todavía.

Esa misma actitud fue la que lo llevó a fundar la Ruta Quetzal. No le bastaba con haber recorrido Iberoamérica por su cuenta. «Fui nómada de pequeño y seguí siéndolo. Es una filosofía de vida y no una profesión. Considero que nunca he trabajado», declaró en varias ocasiones. La curiosidad y el movimiento fueron la constante de sus más de ocho décadas.

Einstein y Leonardo también lo sabían: la curiosidad como antídoto contra el envejecimiento mental

Vamos, que la intuición de Quadra-Salcedo no era algo revelador. Otros antes que él habían llegado a conclusiones similares. Albert Einstein dejó escrita una frase que recorre todavía la bibliografía sobre educación y creatividad: «No tengo talentos especiales. Solo soy profundamente curioso».

El mismo Einstein añadió que le parecía «un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada», en una crítica a los sistemas que enseñan respuestas antes de que nadie haya aprendido a formular preguntas.

Leonardo da Vinci, cuya obra abarca pintura, anatomía, ingeniería, botánica y diseño militar, dejó escrito: «La curiosidad es el motor del conocimiento».

Su caso ilustra el mismo principio desde otro ángulo. No fue curioso a pesar de dominar tantas disciplinas, sino que las dominó precisamente porque no dejó de serlo.

Por eso Quadra-Salcedo no fue atleta olímpico, correspondal de guerra y educador de jóvenes en campos separados. Lo fue todo a la vez porque era incapaz de cerrar una puerta cuando otra le ofrecía algo que todavía no sabía.

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