La psicología dice que las personas que se adaptan a todas las situaciones no son conformistas, sólo desarrollaron resiliencia y saben mejor que nadie responder a desafíos
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Hay personas que, ante un cambio inesperado, un problema laboral, una ruptura de planes o una situación complicada, parecen mantener la calma y encontrar rápidamente una alternativa. Desde fuera, esta actitud puede confundirse con conformismo o incluso con falta de ambición. Sin embargo, la psicología ofrece una explicación diferente, ya que la capacidad de adaptarse puede ser una manifestación de resiliencia y flexibilidad psicológica. No significa resignarse a todo, sino saber modificar la respuesta cuando las circunstancias cambian sin perder de vista aquello que realmente importa.
La flexibilidad es la clave
Uno de los conceptos relacionados con esta capacidad es la flexibilidad psicológica. La investigación la define, entre otras formas, como la capacidad de continuar persiguiendo objetivos y valores importantes incluso cuando aparecen pensamientos, emociones o circunstancias desagradables.
Un estudio analizó esta capacidad en varias muestras independientes y encontró asociaciones entre flexibilidad psicológica, bienestar, regulación emocional, resiliencia y funcionamiento cotidiano.
Cambiar de estrategia cuando es necesario
Las personas psicológicamente flexibles no tienen por qué reaccionar siempre de la misma manera. Si una estrategia deja de funcionar, pueden probar otra; si un plan resulta imposible, pueden modificarlo; y si una situación exige esperar, pueden aceptar temporalmente la incertidumbre.
Esta característica puede resultar especialmente útil en momentos en los que la realidad no coincide con las expectativas. La persona no necesita convencer al mundo de que se adapte a ella, sino evaluar qué posibilidades existen y decidir cuál es la respuesta más adecuada.
La resiliencia también se aprende
Durante años se ha hablado de la resiliencia como si fuera una característica que algunas personas poseen y otras no. La psicológica ofrece una visión más dinámica. Estudios señalan que la resiliencia no es un rasgo extraordinario reservado a determinadas personas, ya que incluye comportamientos, pensamientos y acciones que pueden aprenderse y desarrollarse.
Eso significa que alguien que actualmente responde con mucha dificultad a los cambios no está necesariamente condenado a reaccionar siempre de la misma manera. La experiencia, el aprendizaje, las estrategias para afrontar el estrés y el apoyo social pueden modificar la capacidad de adaptación.
La diferencia está en saber cuándo adaptarse
Sin embargo, adaptarse a todo no siempre es saludable. Existe una diferencia entre aceptar aquello que no podemos controlar y tolerar situaciones que deberían cambiar. La flexibilidad psicológica también implica actuar de acuerdo con los propios valores, incluso cuando hacerlo resulta incómodo.
Por eso, una persona resiliente puede decir «acepto que esto ha ocurrido» y, al mismo tiempo, decidir «voy a hacer algo para cambiar lo que sí depende de mí». La adaptación no consiste en desaparecer dentro de las circunstancias, sino en encontrar la mejor respuesta posible ante ellas.
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