PP y Vox redactan actas de cada reunión negociadora como garantía de cumplimiento de lo pactado en Aragón, Extremadura y Castilla y León
La estabilidad de los futuros gobiernos es una prioridad para Génova: "Descartamos un gobierno de día a día"
Vox exige un programa de gobierno para entrar en los ejecutivos y cerrar los pactos
Un acta por cada reunión. Es la norma que están aplicando PP y Vox para garantizar una comunicación clara en las negociaciones en Aragón, Extremadura y Castilla y León. Tanto Bambú como Génova quieren tener «perfectamente agarrado» todo aquello que se trata en cada reunión negociadora con el objetivo de superar la desconfianza. Se está negociando con un nivel de concreción nunca visto hasta ahora entre ambas formaciones. Esta profundidad en el detalle hace que los acuerdos no vayan a salir adelante antes de Semana Santa.
Según fuentes conocedoras de la negociación de ambas formaciones, la dinámica comenzó después de las elecciones en Aragón, tras la exigencia de Vox de pactar un plan de gobierno con «medidas concretas» antes de entrar en los ejecutivos.
En el Partido Popular no niegan su existencia, pero tampoco la confirman. Ambas formaciones insisten en que «no quieren negociar a través de los medios de comunicación» para alcanzar un acuerdo.
Por su parte, fuentes de Vox señalan que «sí hay actas», y que su finalidad no es «ser enseñadas». Si bien, en alguna ocasión, el líder de la formación, Santiago Abascal, ha amenazado al secretario general del PP, Miguel Tellado, con mostrarlas, tras insinuar que Vox había bloqueado las negociaciones en Extremadura. «No son reuniones de 20 minutos», señalan los de Abascal, que desmienten el clima informal de los encuentros.
Las actas buscan «evitar el clima de desconfianza» que reinó al comienzo de las negociaciones en Extremadura a raíz de los desaires entre la líder popular, María Guardiola, y el equipo de Vox nacional tras filtraciones y aireos a la prensa del estado de las negociaciones.
La valoración de los populares sobre las conversaciones se limita a insistir en que «hoy por hoy no hay nada sobre la mesa que esté encallando las conversaciones» y que se han «aterrizado» muchos detalles.
Negociaciones dirigidas por las cúpulas
Génova admite que en Castilla y León «no ha cambiado nada» y seguirán pilotando las negociaciones porque «la política de pactos confiere a la dirección nacional». Sin embargo, puntualizan que «no se meterán en las políticas concretas».
Vox impuso, desde el principio, un equipo negociador capitaneado por Montserrat Lluis, secretaria general adjunta y miembro del Comité Ejecutivo Nacional de Vox, a quien Abascal le encomendó ya la tarea de pactar la formación de los gobiernos autonómicos en 2023.
La catalana pilota las negociaciones con cada uno de los candidatos regionales de la formación. Una carga de trabajo que lleva a sus espaldas desde diciembre tras las extremeñas, a la que se le ha ido sumando Aragón y Castilla y León. Un hecho que retrasó el comienzo de las negociaciones en Aragón al coincidir con la semana donde se debía pactar la mesa de la Asamblea de Extremadura.
A fin de reajustar las conversaciones y armonizar la gran coalición a nivel autonómico, Génova optó también por tomar las riendas de los pactos, supervisando los avances de las negociaciones.
No obstante, tanto Bambú como el núcleo duro de los populares reconocen que para ellos «es una prioridad pactar», pero aún hay las diferencias entre ambas formaciones. Una de ellas son los tiempos: Vox tiene claro que la prisa no va a marcar las negociaciones y en el PP apremian a los de Abascal para «desbloquear la situación» y alcanzar acuerdos que posibiliten «gobiernos estables».
La estabilidad es una prioridad para Génova: «Descartamos pactar gobiernos de día a día», rechazan. «Si alcanzamos un acuerdo, es para cuatro años y no para que abandonen a la primera de cambio; de lo contrario, que digan el tiempo que quieren estar y cuándo se marcharán».
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