El reto de cuidar el bienestar emocional durante el embarazo
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El embarazo suele presentarse socialmente como una «dulce espera», una etapa de plenitud absoluta y felicidad constante. Sin embargo, detrás de las imágenes idealizadas y el foco mediático en los cambios físicos, existe una realidad mucho más compleja y, a menudo, silenciada.
Mientras el sistema sanitario se vuelca con precisión en el control del peso, las analíticas y las ecografías de alta resolución, la salud emocional de la mujer queda, en muchas ocasiones, relegada a un segundo plano. Los datos, sin embargo, nos obligan a mirar hacia dentro: una de cada cinco mujeres experimenta sentimientos de ansiedad o tristeza profunda durante la gestación.
Esta estadística revela que el embarazo es, ante todo, un proceso de transformación vital extrema. No se trata sólo de que el cuerpo cambie para albergar una nueva vida; la identidad, las prioridades y la percepción del futuro sufren una metamorfosis que no siempre es fácil de gestionar. El hospital Quirónsalud San José ha identificado esta necesidad de cuidado integral, poniendo sobre la mesa un debate necesario: la importancia de validar las emociones desagradables como parte natural de la maternidad.
El tabú de la felicidad obligatoria y la culpa
Uno de los mayores obstáculos que enfrentan las mujeres gestantes es la expectativa social. Existe una especie de mandato invisible que dicta que se debe “disfrutar del embarazo” en todo momento. Esta presión genera una incongruencia dolorosa cuando aparecen la duda, el miedo o la desconexión. “A veces aparecen sentimientos de tristeza o una sensación de vacío que es difícil de explicar a los demás”, señala Juan Luis Barroso Benito, psicólogo sanitario del Hospital Quirónsalud San José.
Según el experto, esta desconexión entre lo que se siente y lo que se supone que se debe sentir suele derivar en sentimientos de culpa o vergüenza.
Sentir miedo ante el parto, dudar sobre la propia capacidad para ser madre o experimentar una pérdida de control sobre la propia vida no significa que se esté haciendo algo mal. Son reacciones humanas ante un cambio profundo. El problema surge cuando estas emociones se esconden por miedo al juicio, lo que puede cronificar estados de ansiedad que afectan no solo a la madre, sino también al vínculo con el bebé. Validar que no todos los embarazos se viven desde una felicidad constante es el primer paso para una salud mental robusta.
Psicomamá: un refugio para la salud perinatal
Ante esta realidad, Quirónsalud ha impulsado el programa Psicomamá, un espacio diseñado para que sentir no sea un problema. Se trata de un enfoque profesional y cálido donde las emociones tienen lugar y nombre propio. El programa no ofrece recetas mágicas ni fórmulas de felicidad instantánea, sino herramientas reales para transitar la incertidumbre.
Concebido como un momento de oportunidad y descubrimiento personal, el programa busca que la mujer se sienta sostenida en su vulnerabilidad, transformando ese miedo en fortaleza a través del conocimiento de sus propios procesos internos. En las sesiones de Psicomamá se abordan cuestiones que a menudo no caben en una consulta obstétrica convencional: los cambios en la imagen corporal, el temor a la pérdida de identidad profesional o personal y la preparación emocional para el postparto, esa etapa tan idealizada como desconocida.
El objetivo es que la madre llegue al nacimiento de su hijo no sólo sabiendo cómo respirar en las contracciones, sino entendiendo qué está pasando en su mente y cómo gestionar el impacto emocional que supone la llegada de un nuevo miembro a la familia.
La importancia de la coparentalidad y la comunidad
El programa no está dirigido exclusivamente a la mujer; la pareja juega un papel fundamental en este ecosistema de cuidados. Destinado especialmente para el segundo y tercer trimestre (entre las semanas 27 y 35 de gestación), Psicomamá incluye a la pareja como una figura activa que también atraviesa su propio proceso de transformación.
La paternidad o la segunda maternidad también implican dudas y cambios de rol que necesitan ser hablados y validados. Incluir al otro progenitor en este espacio de salud emocional refuerza el vínculo y prepara el terreno para una crianza más consciente y compartida.
Por otro lado, el acompañamiento en grupo refuerza la idea de comunidad. La maternidad no debería vivirse en soledad, y Psicomamá facilita que las parejas compartan sus miedos y descubran que no son las únicas que sienten esa «desconexión» o ese temor al futuro. Este apoyo mutuo, supervisado por psicólogos especializados en salud perinatal, permite sostener tanto lo visible como lo invisible del embarazo.
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