15-M: lo que no ven o no quieren ver

15-M, Castilla y León

Ya no es que lleven a las tertulias televisivas a los mismos secuaces mediáticos de siempre, es que también van con las anteojeras de siempre que les obligan a mirar por su mismo y único lado y que les impiden una visión perimetral y un análisis medianamente objetivo. Voy a obviar referencias personales, pero el domingo daba alipori el empeño en equiparar las derrotas de la extrema izquierda y la extrema derecha, considerando un gran fracaso el resultado de Vox; y el considerar que los vencedores de las elecciones son el PP y el PSOE, ¡a la par! No hay más remedio, entonces, que insistir en una observación más enfocada y en un análisis más detallado de datos y circunstancias para alcanzar conclusiones más certeras, expurgando las de muchos opinadores y las de los discursos siempre ganadores de los partidos.

El primer y gran error es querer concluir casi exclusivamente a partir del número de procuradores que se obtienen y, como mucho, de los que se ganan y los que se pierden. La Ley Electoral de la comunidad de Castilla y León, y no tanto el sistema de reparto (pobre D’Hondt, que le echan la culpa de todo), hace que las heterogéneas poblaciones de las provincias castellanas y leonesas generen un reparto de escaños muy poco equitativo; en Soria, por ejemplo, se necesitan para conseguir un procurador la mitad de votos que en Valladolid. Nadie debería valorar, entonces, el crecimiento o decrecimiento de los partidos fijándose únicamente en el número de procuradores, sino que es fundamental observar el número de votos y los porcentajes de apoyo globales.

Respecto a Vox, el hecho de que no hayan cumplido sus agrandadas expectativas no debería significar un fracaso, porque después de la subida de varios escalones en 2022 ya están muy cerca del techo y no se puede seguir subiendo a esa velocidad una pendiente de puerto alpino del Tour de Francia. Porque está claro que lo del sorpasso al PP es una peligrosa impostura electoral, que, si en la campaña sirve para ilusionar a los ilusos, una vez vistos los resultados, sirve para echarles encima su absurda pretensión. Pero el no alcanzar lo inalcanzable no debería ser un drama, ni equivaler al ‘sentarse a no hacer nada’ del shikantaza budista, sino servir para adquirir cordura y conciencia de su posicionamiento, que va más allá de lo que cualquiera de los otros partidos (Podemos o Ciudadanos) alcanzaron alguna vez.

Y si lo de Vox no se debe considerar una derrota, bajo ningún concepto se puede considerar lo del PSOE una gran victoria. Claro que consiguen incrementar los mismos procuradores que el PP, pero mientras los socialistas lo hacen con un exiguo crecimiento de 0,7 puntos, los populares lo hacen en casi 4 puntos; mientras los primeros crecen 17 mil votos cuando los partidos de la extrema izquierda pierden casi el doble, el PP se queda con la totalidad de los votos de Ciudadanos en 2022 con un escenario en el que Vox también crece.

La verdad es que el alcalde Martínez ha tenido mucha suerte: su único crecimiento significativo lo ha obtenido en Soria, donde ha doblado el número de votos socialistas gracias al apoyo transversal de sus paisanos, que han abandonado al regionalista Soria Ya; y en la vecina Segovia, donde consigue la carambola de quedarse con el resto del nuevo procurador por un puñado de votos, a pesar de bajar el porcentaje de apoyos.

Oírle por eso decir al bueno de Martínez que se han quedado ‘a poco’ y que ‘hay partido de vuelta’, cuando la distancia con el PP se ha ido a los 5 puntos porcentuales y a casi 60 mil votos, solo puede achacarse al recurso de la impotencia. Pero alguno de esos entrevistadores, que se arroban con la melena cardada y con el colegueo de pub de capital de provincias donde todos se saludan, podría preguntarle cómo piensa cerrar esa creciente brecha con el PP; y, más aún, cómo conseguiría, en el hipotético caso de que lo lograra, que le dejara gobernar una derecha que ya ronda el 56% en el apoyo de los votantes (muchísimo más que cuando Aznar, Lucas o Herrera conseguían sus mayorías absolutas).

En fin, que es necesario hacer desde fuera ese ajuste fino en el análisis para no quedarse con conclusiones incorrectas o incompletas. De los políticos se entiende porque no tienen otra, y porque se llevan en el sueldo el pasar el bochorno sin que les traicione una risa tonta. De hecho, es muy probable que, después del derrapaje de la segunda vuelta, Martínez agarre el coche y se quiera volver a su ayuntamiento. Total, veinte años no es nada, y más o menos ese es el tiempo que puede transcurrir hasta que la izquierda alcance una mayoría en Castilla y León.

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