Pedro Sánchez y Begoña Gómez ignoran el protocolo en la misa del Papa León XIV: el gesto que ha indignado a numerosos católicos
La falta de respeto de Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, a León XIV
La ovación a los Reyes vs. el silencio hacia el presidente del Gobierno

La visita del Papa León XIV a España dejó este miércoles imágenes históricas, discursos institucionales y una cuidada puesta en escena en la Sagrada Familia de Barcelona. Sin embargo, como suele ocurrir en los grandes acontecimientos, algunos de los detalles más comentados no estuvieron en el altar ni en las palabras del Pontífice, sino en los pequeños gestos que captaron las cámaras.
Uno de ellos tiene como protagonistas a Pedro Sánchez y Begoña Gómez. El presidente del Gobierno y su esposa acudieron a una misa solemne que, además, tiene un valor simbólico añadido: se trata de la primera vez que Sánchez asiste a una ceremonia religiosa de estas características desde que llegó a La Moncloa en 2018.
La falta de respeto de Sánchez y su mujer a la Iglesia
La imagen contrasta con otras ausencias que fueron muy comentadas en los últimos años. El presidente no acudió a distintas celebraciones religiosas multitudinarias celebradas tras tragedias nacionales o acontecimientos de especial impacto social, lo que convierte su presencia junto al Papa en un hecho excepcional dentro de su agenda institucional. Pero si hubo una imagen que llamó especialmente la atención, fue la que se produjo al acceder al interior de la basílica.
Mientras los Reyes avanzaban hacia sus asientos, la reina Letizia realizó una breve inclinación de cabeza ante el sagrario. Un gesto discreto, prácticamente de segundos, pero que forma parte de las normas de cortesía tradicionalmente observadas en templos católicos cuando el Santísimo Sacramento se encuentra reservado.
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No se trata de una obligación legal ni de una exigencia para quienes no profesan la fe católica. Sin embargo, sí constituye una muestra de respeto protocolario habitual en este tipo de escenarios. De hecho, muchas autoridades civiles suelen realizarla independientemente de sus convicciones personales. Pedro Sánchez y Begoña Gómez, por su parte, continuaron su recorrido sin efectuar esa inclinación. Un gesto que demuestra que el presidente del Gobierno considera que es incluso más poderoso que Dios.
La diferencia ha sido especialmente comentada porque Letizia tampoco se ha caracterizado nunca por exhibir públicamente una religiosidad especialmente marcada. Su gesto fue interpretado por muchos como una cuestión de cortesía institucional más que de convicción religiosa. Y es precisamente ahí donde algunos observadores han situado el foco. No en las creencias personales de unos y otros, sino en la distinta forma de entender los códigos protocolarios de un acto celebrado en uno de los templos más emblemáticos del mundo. Pero el contraste no terminó ahí.
La ovación a los Reyes frente al silencio hacia el presidente del Gobierno
Las imágenes de la llegada de los Reyes reflejan cómo numerosos religiosos presentes en la basílica recibieron a Felipe VI y Letizia con aplausos mientras avanzaban por la nave central. Una escena cargada de simbolismo que evidenciaba la buena sintonía existente entre la institución monárquica y buena parte de la Iglesia española.
En cambio, cuando hicieron su entrada Pedro Sánchez y Begoña Gómez, el ambiente fue radicalmente distinto. No hubo aplausos. Tampoco muestras visibles de entusiasmo. Lo que predominó fue un silencio casi absoluto que muchos espectadores no tardaron en señalar en redes sociales. Dos recibimientos diferentes dentro del mismo escenario y separados por apenas unos minutos.
La paradoja es que Sánchez acabó protagonizando una de las imágenes religiosas más destacadas de su mandato precisamente después de haber mantenido durante años una distancia evidente con este tipo de celebraciones.De hecho, la relación del presidente con los actos religiosos ha estado marcada por las ausencias. Por eso sorprendió especialmente que decidiera acudir a la misa presidida por León XIV cuando ni siquiera estuvo presente en otras ceremonias que habían generado una enorme sensibilidad social en España.
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Tampoco pasó inadvertido otro episodio reciente relacionado con la visita papal. Durante el paso de León XIV por Madrid, Sánchez optó por mantener su agenda personal y desplazarse fuera de la capital para asistir a un festival, una decisión que ya entonces generó comentarios sobre la escasa implicación institucional del presidente en una visita considerada histórica. Quizá por eso cada gesto de esta jornada fue analizado con lupa.
Una inclinación que unos hicieron y otros no. Unos aplausos que sonaron para unos invitados, pero no para otros. Y una presencia que, por excepcional, terminó siendo observada con más atención que nunca. Porque en determinados actos, especialmente cuando se mezclan política, religión e instituciones, los detalles más pequeños suelen ser los que dejan la huella más grande.