La Semana Santa es, en muchos lugares de nuestra geografía, una de las semanas más esperadas del año. Calles que se vuelven arterias de un sistema nervioso impulsado por la tradición, los profesionales y el rugir de los tambores. Se cantan saetas, se hiela el paso frente a las procesiones silenciosas y salen a relucir los trajes tradicionales de todas nuestras comunidades autónomas.
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Entre tanta celebración, hay quienes prefieren alejarse a lugares donde el lujo se encuentra en los silencios. Destinos que son patrimonio, que guardan historias y rincones donde cobra sentido adoptar un viaje como un motivo para desconectar. De todos ellos, entramos en el club de los cinco destinos donde deberías poner el nuevo foco para disfrutar de rincones con historia, gastronomía y mucho encanto esta Semana Santa.
Ezcaray
Que la ONU mencionase Ezcaray como uno de los mejores pueblos del mundo el año pasado tiene su aquel. Había que pasar varios filtros, como la existencia, impulso y preservación de los recursos culturales y naturales; las políticas de sostenibilidad; el papel del turismo; las particularidades de sus infraestructuras y su nivel de conectividad; y la disponibilidad de servicios de salud y seguridad tanto para la población local como para los visitantes.

Superó – y con creces – estos filtros, añadiendo por primera vez a la Rioja entre las 52 localidades que forman parte de la Best Tourism Villages List. Lo suyo es la mezcla de un pueblo con historia reflejado en su arquitectura «manteniendo la esencia del casco histórico con sus calles porticadas, sus edificaciones tradicionales y las numerosas casas blasonadas que reflejan la historia local», tal y como mencionaba el comunicado. Edificaciones de estética barroca con gran historia y artesanía, como el palacio del Arzobispo o la Real Fábrica de Paños de Santa Bárbara.
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A lo que se suma la doble estrella Michelin del restaurante El Portal de Echaurren, donde Francis Paniego y su hermano Chefe son la 5ª generación al frente de esta gran casa, ya centenaria. Transmitiendo bajo su visión las raíces culinarias de su familia y, por tanto, de este enclave riojano.
Jerez de la Frontera
El sur y Semana Santa siempre son una combinación ganadora. Pero si hablamos de Jerez, a la ya tradicional fiesta se suma el hecho de que este año ha sido considerada como Capital Española de la Gastronomía 2026. Sus tabancos – la mejor versión de taberna – y ventas – casas de comidas del sur – son la versión jerezana de cómo debe ser un lugar para saborear la tradición.

Además de su vino o su vinagre, incluso el producto del campo y el mar servido en las anteriores sedes. Desde luego, si de algo puede presumir gastronómicamente este lugar es de producto.

Tanto como de sus rincones, construcciones y paseos. Solo con visitar las bodegas centenarias podrías tener toda la semana cubierta caminando por el Callejón de los Ciegos. Aunque perderse en el casco antiguo, declarado conjunto histórico-artístico en el siglo XX, ayuda a ver de forma condensada todo el encanto que tiene este lugar. Y a comprender su historia, puesto que esta zona es el reflejo del paso de culturas antiguas como la fenicia, romana, musulmana y cristiana.
Fuerteventura
Aunque queda tiempo para entrar en el verano, las Islas Canarias tienen esa capacidad de mantener perenne el buen tiempo durante todo el año. Si buscas un viaje dedicado a desconectar para reconectar a través de la naturaleza, la isla de Fuerteventura es ese refugio donde la playa cede toda su extensión para hacer inolvidables unas vacaciones. Esta isla comprende un paraíso con más de 150km de playas de arena blanca y agua turquesa plagada a su alrededor de parques y reservas naturales.
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Como el Parque Natural de las Dunas de Corralejo, un paraíso para quienes disfrutan de la superficie marina con sus olas, o la Reserva Natural de la Isla de Lobos, para quienes prefieren vivir la isla surcando las profundidades. Mención aparte merecen la playa de Sotavento, famosa por sus aguas cristalinas, y la de Cofete, donde sus 12 kilómetros de playa beben del Atlántico y descansan en la falda de las montañas.
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Esto ocurre en la costa, mientras que en el interior los paisajes volcánicos que dejan a su paso espectaculares miradores y pueblos con tanta historia como encanto. Como Betancuria, el pueblo con aspecto colonial que llegó a ser capital de la isla. O lugares donde practicar el turismo activo, como son el sendero al volcán Calderón Hondo, la ruta de los molinos de Fuerteventura, y las visitas al pueblo de Pájara y las Cuevas de Ajuy.
Cartagena
Costa Cálida no es solo un nombre para Murcia, es un adelanto de cómo es este lugar. Aunque aquí la calidez va más allá del tiempo: es el sentimiento con el que te recibe una comunidad autónoma que descansa entre el paisaje abrupto de costa y la sensación extrañamente familiar de su gente. Sobre su territorio converge la historia de la ciudad de Cartagena, una joya mediterránea milenaria que descansa entre ruinas y yacimientos arqueológicos, historia y los resquicios arquitectónicos del porvenir de civilizaciones.

El encanto de este lugar de la geografía mediterránea va más allá del núcleo urbano. De hecho, la parte más sorprendente y auténtica descansa a una media hora en coche, en el Parque Regional de la Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán se encuentra el camping de lujo TAIGA Costa Cálida. No es un cámping como podríamos imaginarlo, más bien es una experiencia de lujo completamente integrada con la experiencia del ambiente.

Tras una profunda reforma, acaba de abrir sus puertas con una renovada oferta de alojamientos que incluyen 3 tipos de bungalows – 2 adaptados para personas con movilidad reducida – dispuestas como si fuese una urbanización para favorecer la interacción entre las familias, y 24 glamping con diferentes capacidades para 2 o 4 personas.

Además de durante la Semana Santa, este lugar es perfecto para conocer la orografía de esta parte de la costa en cualquier momento del año, gracias a su programación de actividades dispuesta tanto para familias con niños como para adultos. De hecho, una de las más interesantes consiste en recorrer en kayak la Reserva Natural de Cabo Tiñoso. Se sale desde la playa hasta llegar a la Punta del Moco, bordeando la costa para disfrutar de la vista de una zona CEPA. En esta misma parte de la costa, además, se pueden disfrutar de rutas por dos cuevas junto a los acantilados: cueva del Gigante o la cueva de Neptuno.
Tarragona
Tarragona es, para muchos, la ciudad de las sorpresas. Situada en un punto medio entre las dos grandes ciudades de Barcelona y Valencia, este lugar custodiado por grandes murallas encierra secretos, calles donde la historia y la cultura hacen que en un paseo encuentres resquicios arquitectónicos romanos, como su anfiteatro, el circo romano y Torre de Pilatos. O, la Catedral de Santa María de Tarragona, una obra de transición entre el románico y el gótico, construida principalmente entre los siglos XII y XIV.

Incluso pasear por la calle Cavallers, ubicación predilecta por la nobleza de la época para erguir sus grandes palacios, te permite hacerte a la idea de la opulencia que marcó esta ciudad. Más allá del casco antiguo y de su encanto urbano, los alrededores de Tarragona encuentran lugares en los que la Semana Santa puede llegar a convertirse en una semana de culto al hedonismo.
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Entre ellos se distingue el hotel Terra Dominicata, uno de los cinco hoteles en tener las tres llaves Michelin. Destaca por su concepto de hotel bodega, su ubicación en la Sierra del Montsant – el corazón del Priorat – y la historia de este edificio, que durante el siglo XII sirvió de monasterio para los monjes cartujanos. Es un hotel oculto en el encanto de su ubicación, nacido con la vocación de ser un remanso de paz al servicio de sus 26 habitaciones y que cuenta con viñedos y bodega propia que se puede degustar en sus espacios gastronómicos. Donde, además, se sirve lo mejor de la tierra en la mesa.
Las Palmas
En Las Palmas, la isla no sólo conquista por sus playas y su clima envidiable, sino también por rincones que parecen sacados de un catálogo internacional. Uno de ellos es el Arco de la Peñita, un enclave natural que combina acantilados, formaciones rocosas y vistas al Atlántico que dejan sin aliento. Pasear por este arco es como viajar a otro continente sin salir de España: cada ángulo ofrece una postal diferente, ideal para desconectar y capturar momentos únicos durante la Semana Santa.

