Durante décadas se ha explicado la construcción de las pirámides de Egipto con una imagen muy concreta: rampas, cuerdas y miles de trabajadores moviendo enormes bloques de piedra. Una teoría asumida casi sin discusión. Sin embargo, un estudio reciente ha vuelto a agitar el debate y ha obligado a revisar esa explicación tan repetida. La investigación, publicada en la revista científica PLOS ONE, plantea que el agua pudo desempeñar un papel clave en el proceso constructivo de algunos de los primeros monumentos egipcios.