Nutrición

¿Es seguro el ayuno de 40 horas?: los especialistas analizan el caso de Abascal

Expertos señalan que las prácticas de ayuno muy restrictivas pueden acarrear riesgos físicos como mareos, cefaleas e irritabilidad

Ayunos de 40 horas Abascal
Santiago Abascal, en el Congreso. (EP)
Diego Buenosvinos

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Santiago Abascal, líder de VOX, ha dicho en una entrevista en OKDIARIO que ha perdido alrededor de 11 kilos en los últimos meses combinando una dieta baja en hidratos de carbono con ayunos prolongados que a veces superan las 40 horas. Él mismo explica que durante esos periodos de ayuno ingiere únicamente agua y café, y describe la práctica como algo «llevadero», aunque reconoce que no quiere dar consejos para que otros lo imiten sin precaución.

La práctica del ayuno, esencialmente abstenerse de ingerir alimentos durante un periodo determinado, es una estrategia popular que muchas personas utilizan para intentar disminuir la ingesta calórica total y, por tanto, perder peso. En contextos clínicos más estudiados, el ayuno intermitente suele referirse a periodos de 12–16 horas de ayuno diario, o variantes como 16/8, y la evidencia sugiere que puede mejorar algunos marcadores de salud y peso en el corto plazo, aunque no está claro si aporta beneficios adicionales a simplemente reducir calorías con una dieta equilibrada.

Los médicos y nutricionistas señalan que los ayunos prolongados, como los que Abascal menciona (más de 40 h), no están bien estudiados y presentan incertidumbres importantes sobre su seguridad a largo plazo. Organizaciones como la Mayo Clinic expresan que los efectos a largo plazo del ayuno prolongado en salud no se conocen bien, y que la pérdida de peso observada en estudios de ayuno suele explicarse por una disminución global de calorías, no necesariamente por mecanismos únicos del ayuno.

Además, los expertos señalan que las prácticas de ayuno muy restrictivas pueden acarrear riesgos físicos y efectos secundarios que incluyen mareos, cefaleas, irritabilidad, y alteraciones del metabolismo si no se realizan bajo supervisión profesional. También existen estudios preliminares que sugieren que formas muy estrictas de ayuno intermitente (por ejemplo, ventanas de ingesta muy cortas) podrían asociarse con mayores riesgos cardiovasculares en ciertos grupos, aunque estos datos no implican causalidad directa y deben interpretarse con cautela.

En términos prácticos, los ayunos más estudiados son los de tipo intermitente ligero o moderado, donde se deja de comer por 12–16 h y se ingieren comidas nutritivas dentro de una ventana establecida. Durante el periodo de ayuno se permite típicamente agua, café negro o infusiones sin calorías. Aunque algunas personas señalan beneficios en su control de peso, la evidencia científica resalta que la magnitud de beneficios sobre glucosa, lípidos o presión arterial varía entre estudios, y que estos efectos pueden lograrse igualmente con una reducción calórica bien planificada sin ayunos extremos.

Los profesionales de la salud suelen advertir que las dietas muy restrictivas o ayunos prolongados deben adaptarse a cada persona y, en caso de personas con condiciones médicas como diabetes, trastornos alimentarios, embarazo, o uso de medicamentos que afectan el azúcar en sangre o la presión arterial, deben ser supervisados por un médico o nutricionista. Además, en ayunos muy largos puede ser más difícil asegurar una ingesta adecuada de nutrientes esenciales, lo que puede llevar a déficits nutricionales si no se planifica correctamente.

Así, sobre la dieta mencionada por Santiago Abascal con ayunos de más de 40 horas para perder peso, es su experiencia personal y no una recomendación médica generalizada. La evidencia científica sugiere que el ayuno puede ser una herramienta para perder peso principalmente porque reduce el consumo total de calorías, pero los riesgos y beneficios varían mucho entre individuos y no hay consenso médico de que ayunos prolongados sean seguros o superiores a otras estrategias más moderadas.

Protocolo

Un ayuno de 40 horas consiste en pasar un día completo sin ingerir alimentos sólidos y extender el ayuno hasta el día siguiente, superando el ciclo habitual de 24 horas. Por ejemplo, la última comida se realiza el día 1 a las 20:00 horas, y no se vuelve a comer hasta el día 3 a las 12:00, aproximadamente. Durante ese tiempo no se ingieren calorías procedentes de alimentos.

Durante el periodo de ayuno, los únicos líquidos permitidos según la mayoría de protocolos médicos conservadores son agua, agua con gas, café solo y té o infusiones sin azúcar ni edulcorantes. No se recomiendan zumos, bebidas isotónicas, alcohol ni edulcorantes, ya que rompen el ayuno metabólico al estimular la insulina. Algunos especialistas permiten una pequeña cantidad de sal disuelta en agua para evitar mareos, aunque esto debe individualizarse.

Antes de iniciar un ayuno prolongado, los nutricionistas recomiendan una comida previa, rica en proteínas, verduras y grasas saludables, y baja en azúcares y harinas refinadas. El objetivo es evitar picos de glucosa y reducir la sensación de hambre intensa durante las primeras horas del ayuno. Comer en exceso antes del ayuno no se considera adecuado, ya que empeora la tolerancia posterior.

Durante el ayuno pueden aparecer síntomas frecuentes, como hambre intensa las primeras 24 horas, dolor de cabeza leve, cansancio, sensación de frío o irritabilidad. Los médicos explican que estos síntomas suelen coincidir con la transición metabólica desde el uso de glucosa hacia el uso de grasa corporal como fuente principal de energía. Sin embargo, mareos intensos, debilidad extrema o confusión son señales para interrumpir el ayuno.

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