A rey muerto, rey puesto: ‘El Hoyo’, el nuevo lodazal del narcotráfico en Mallorca
Un poblado chabolista emergente, vigilado, con enganches ilegales y clanes reorganizados

Cuando un imperio cae o está a punto de caer, otro ocupa su lugar. El vacío dejado por el histórico Son Banya ya empieza a tener nombre y apellidos en Palma. Se llama El Hoyo y, a ojos de las fuerzas de seguridad, no es otra cosa que una nueva sucursal del narcotráfico en Baleares, llamada a heredar el trono del que durante décadas fue el mayor hipermercado de la droga del archipiélago, que aún resiste.
La decadencia de Son Banya, cercado durante años por la presión policial, operaciones antidroga y detenciones constantes, ha provocado un desplazamiento natural de los clanes que dominaban el negocio. Los clanes gitanos exiliados de Son Banya, junto con las nuevas generaciones que antes residían en Son Roca, han encontrado en El Hoyo el lugar idóneo para reorganizarse y volver a controlar el tráfico de estupefacientes.
El asentamiento se encuentra al final del Camí de Ca na Verda, entre el Secar de la Real y Establiments. Se trata de un núcleo chabolista formado por viviendas levantadas en su mayoría de manera ilegal, que funcionan como puntos de venta, almacenes y centros logísticos de la droga. Además del tráfico de estupefacientes, existe constancia policial de robos del suministro eléctrico, utilizados para alimentar plantaciones de marihuana en el interior de las casas.
Policialmente, El Hoyo ya está considerado el segundo Son Banya. Salvando las diferencias, ambos asentamientos comparten una estructura similar. Mientras que en Son Banya los clanes se especializaron durante años en la venta y distribución de cocaína y heroína, en ‘El Hoyo’ el negocio se ha centrado principalmente en la marihuana, hasta el punto de que los grupos que lo controlan están catalogados como los principales abastecedores de cannabis de Palma.
Fuentes policiales consultadas señalan que, aunque el grueso de la actividad se concentra en la capital, la droga también se distribuye, a menor escala, por diferentes puntos de la isla. Tras el desmantelamiento progresivo del histórico supermercado de la droga, se han detectado nuevos focos de venta, muchos de ellos vinculados directa o indirectamente a este poblado. Los residentes viven permanentemente vigilados por la Policía Nacional.
El aspecto de ‘El Hoyo’ recuerda inevitablemente a otros grandes poblados chabolistas de Palma. Calles sin asfaltar, animales sueltos —perros, gatos e incluso gallos— y una sensación permanente de vigilancia. El acceso en vehículo solo puede realizarse por un punto, lo que facilita el control del perímetro y el trabajo de los conocidos agüeros, encargados de alertar a los puntos de venta ante cualquier movimiento sospechoso o presencia policial.
Desde que Son Banya da sus últimos coletazos y los clanes históricos caen uno tras otro como un castillo de naipes, El Hoyo ha ganado protagonismo, aprovechando la decadencia del antiguo poblado para tomar el relevo como nuevo asentamiento gitano de referencia en Baleares vinculado al mundo de la droga.
Desde hace meses, el poblado permanece sin alumbrado público. El suministro fue cortado debido a los continuos enganches ilegales detectados para abastecer plantaciones de marihuana. Una situación que ha sumido al enclave en la oscuridad y ha incrementado la inseguridad entre los vecinos.
El presidente de la Asociación de Integración del Pueblo Gitano, Manuel Alameda, conocido como Mangote, ya presentó en su día un escrito en el registro del Ajuntament de Palma en el que expresaba su preocupación por el corte del suministro eléctrico sin previo aviso. Según Alameda, esta situación supone «un grave problema de seguridad» y constituye «una falta de respeto y un trato inhumano» hacia los residentes.
Hoy, la historia parece repetirse. Cambia el nombre del poblado, cambian algunos rostros, pero el modelo permanece intacto. A rey muerto, rey puesto, y El Hoyo emerge con fuerza para ocupar el espacio que Son Banya ha dejado atrás.