Que le cuenten a Alejo lo que es Irán
Por razones de higiene mental jamás veo la TVE sanchista. Probé hará cosa de seis años, en plena pandemia, y decidí borrar del listado el canal que sufragamos con nuestros impuestos. Aquel día comprobé que la cantosidad y desvergüenza de la propaganda avergonzaría a la dictadura cubana, a la venezolana, al envenenador Adolf Putin y sólo indignaría por blandengue a Kim Jong-un. Pero ya se sabe que Corea del Norte es otra liga en el Eje del Mal. Y, por lo que se ve, España también. El jueves volví a tirar de experimento para ver qué contaban de la guerra de Irán. Todas mis expectativas quedaron tumbadas por la realidad. Cada minuto era más bestia y repugnante que el anterior. Sólo con la UCD se comportó como una tele plural, después siempre estuvo manipulada hasta la náusea, aunque nada que ver con los niveles de sectarismo, mendacidad y odio al discrepante de la actualidad.
Cuando el jueves informaban de los ataques iraníes a intereses estadounidenses en la zona, militares o no, los locutores y las locutoras ponían una vocecita que no creo difiera mucho de la que sale de su boquita cuando alcanzan el orgasmo. Se presentaba a Mojtaba Jamenei, el sucesor de su padre a título de sátrapa y genocida, poco menos que como un mártir, una víctima, un héroe de la libertad. Al Gobierno iraní, al que jamás de los jamases llaman como lo que es, una dictadura, lo equiparaban implícitamente a una democracia, y al Ejecutivo democrático estadounidense a una tiranía. El mundo al revés.
Una y otra vez hablaban de la escuela de Minab «bombardeada por los Estados Unidos que causó la muerte de 180 niñas». Noticia que hay que poner en cuarentena por razones obvias: hasta ahora la única fuente de información oficial es la teocracia iraní que lapida mujeres, cuelga homosexuales y desde enero ha asesinado a 50.000 personas que pedían libertad por las calles del país. Y que miente más que Pedro Sánchez, que ya es decir. El Pentágono aún no ha emitido veredicto y sólo el tan zurdo como antitrumpista The New York Times se ha atrevido a apuntar con el dedo acusador en la misma dirección que Teherán. La única verdad incontrovertible hasta ahora es que esa escuela estuvo durante un tiempo dentro de un complejo militar. Nada nuevo bajo el sol. Hamás, histórico subordinado de ese estado terrorista que es Irán, hace exactamente lo mismo: tiene arsenales y terroristas actuando desde hospitales y escuelas para que el enemigo no se atreva a actuar y, si osan hacerlo y cae una bomba, ya tienen el relato hecho. «Masacre de niños tras un ataque de EEUU/Israel [que tanto monta, monta tanto]». A estos seres diabólicos los chiquillos les importan lo mismo que a mí el cultivo de la patata riojana. Cero patatero.
Jamás entenderé cómo puede haber gente que proteste por que se intente derrocar a una tiranía sanguinaria como la de los ayatolás en Irán
Y, faltaría más, una y otra vez atacaban a Trump como si no hubiera un mañana. No se cortaban en insultarle. Le llamaban «asesino», «genocida» y otras lindezas. El otro objetivo de las invectivas calumniosas era, para variar, Benjamin Netanyahu. Esa misma mañana, un diputado de Más Madrid con aspecto de no haberse duchado en semanas, Emilio Delgado, tildaba al presidente estadounidense de «pederasta» en otro canal. Otro higiénico contertulio lo calificó directamente de «gilipollas» al día siguiente. Olvidando que no hay un solo testimonio del caso Epstein que incrimine siquiera tangencialmente a Trump, que mandó a esparragar al violador en serie neoyorquino hace 22 años y que la principal testigo de cargo, Virginia Giuffre, declaró que el ahora presidente «jamás» abusó o se acostó con ninguna menor en Little Saint James, también conocida como la Isla de los pedófilos.
Lo bueno es que esta chusma que se orgasmea cuando escucha hablar a Mojtaba Jamenei, que está encantada cuando hay muertos estadounidenses o israelíes, pinchó ayer por todo lo alto en la manifestación más simbólica contra la guerra: la de Madrid. Sólo 5.000 personas se plantaron frente al Museo Reina Sofía. Había más policías y curiosos que manifestantes. Lo cual demuestra que la gente ya no se deja engatusar por engañabobos como TVE y sus secuaces. Que lo del «¡No a la guerra!» les suena más a comunismo que a pacifismo de verdad. Del Consejo de Ministros socialcomunista no fue ni perri. Curioso.
Jamás entenderé cómo puede haber gente que proteste por que se intente derrocar un régimen que prohíbe a las mujeres ir vestidas como les da la gana, que asesina a las que se quitan el asqueroso velo (con Mahsa Amini como símbolo de esta barbarie infinita), que lapida a las que el marido acusa de adulterio, que cuelga homosexuales por el hecho de serlo, que remata a los manifestantes que no han muerto en la represión callejera inyectándoles aire en el organismo y que es el financiador número 1 del terrorismo internacional.
A Alejo Vidal-Quadras no le van a contar cómo se las gasta la teocracia iraní. El 9 de noviembre de 2023 le descerrajaron un tiro en el rostro al que sobrevivió de milagro al girar la cabeza milésimas de segundo antes de que el sicario de Teherán apretase el gatillo. El balazo no fue mortal de necesidad porque impactó en su mandíbula y no en la nuca. Noticia, por cierto, adelantada en rigurosa primicia por OKDIARIO. Al físico y político catalán no le perdonan el respaldo que ha dado históricamente a la oposición iraní, empezando por el Consejo Nacional de Resistencia, fundado por Abolhasán Banisadr, primer presidente del país con Jomeini hasta que a los dos años puso pies en polvorosa y se exilió en Francia, terminando por los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK) o la asociación European Friends of Israel, ni toda la batería de propuestas que ha presentado en el Parlamento Europeo para sancionar a los ayatolás.
Que este atentado terrorista lo pagó Teherán no lo digo yo o la propia víctima. Lo afirma el magistrado que instruye el caso en la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, que añade textualmente que «la República Islámica de Irán se ha visto involucrada en operaciones encubiertas para perseguir, intimidar e incluso asesinar a opositores, disidentes y voces críticas fuera de sus fronteras, existiendo diferentes procedimientos por estos hechos en varios países europeos como Países Bajos, Dinamarca, Francia o Reino Unido». Esta es la verdad, la contradigan Jamenei o sus porqueros españoles.
Lo único bueno del Gobierno criminal que aún sobrevive en Irán es que no se suele esconder. Que cuando perpetra un crimen se jacta de ello. Lo cual permite perseguir a los asesinos que envía para aterrorizar Occidente. El comunicado que la agencia de noticias Fars, dependiente de Los Guardianes de la Revolución, los terroristas oficiales de la República Islámica —oficiales sin comillas—, emitió cinco días después del atentado en el madrileño barrio de Salamanca contra el protagonista de esta columna fue inequívoco: «Advertimos a todos los países que acoger al MEK y otros grupos tendrá graves consecuencias para ellos». Pedraz interpretó correctamente el aviso a navegantes: «Está relacionado con el intento de asesinato del señor Vidal-Quadras, fue formulado subrayando que el Gobierno español haría bien en no acoger al MEK porque, de lo contrario, tendría graves consecuencias para nuestro país».
Exterminar a los ayatolás iraníes es una bendición del cielo. Como él mismo se encarga de recalcar acertadamente, Trump sólo está haciendo un necesario trabajo al que sus antecesores hicieron oídos sordos durante 47 años. No sólo es que Irán sea una dictadura genocida, que lo es, lo cual resulta motivo más que suficiente para acabar con ella, es que exporta el terrorismo urbi et orbi. De Jamenei padre, que ojalá se esté pudriendo lentamente en el infierno a la vera de Satanás, también partió la orden del atentado contra los marines en Beirut de 1983, con 250 muertos, y los bombazos en la Embajada de Israel y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires, con un saldo global de 107 fallecidos en la primera mitad de la década de los 90. Y mantuvo la fatwa para asesinar a Salman Rushdie por sus Versos Satánicos dictada por Jomeini en 1988. Al escritor indio no le quitaron la vida pero sí le dejaron ciego de un ojo y le anularon la movilidad de un brazo tras las 12 puñaladas recibidas en Nueva York 35 años después. La satrapía no cejó hasta consumar la venganza por haber ejercido una libertad de expresión que es anatema en la nación persa.
Éstos son los seres diabólicos que provocan el orgasmo de presentadores, presentadoras y contertulios de TVE y otras cadenas. Los monstruos que defienden implícitamente Pedro Sánchez y explícitamente Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Ione Belarra e Irene Montero. Estos tres últimos porque Irán los tenía a sueldo como caballos de Troya en España. Todo lo cual permite, además, calibrar moralmente en qué manos estamos los españoles. Son igualmente los genocidas que a punto estuvieron de mandar al otro barrio a un Alejo Vidal-Quadras del que prácticamente nadie se acuerda estos días. Representan el mal en estado absoluto. Eliminarlos de la faz de la tierra constituye un imperativo moral. Va por ti, Alejo, y por las miles de víctimas que no viven para contarlo.