Una regularización caótica a la medida de mafias y delincuentes

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Es tal el diámetro del coladero de la regularización masiva de inmigrantes decretada por el Gobierno, que los ojos de las mafias y de los delincuentes se han posado en España, convertida en refugio para esa legión de personas nada recomendables que aprovechan la coyuntura brindada por el Ejecutivo para colarse en el país. Que la inmensa mayoría de los demandantes de papeles que estos días hacen interminables colas para regularizar su situación es gente que sólo viene a trabajar y ganarse un futuro en paz es una obviedad manifiesta, tanto como que entre esa mayoría hay un número de indeseables que se está aprovechando de los agujeros de la norma.

No es por casualidad que la Policía haya detectado que delincuentes excarcelados de Marruecos y Argelia están intentando colarse en la regularización, ni que, como hemos informado, pakistaníes procedentes de Gran Bretaña hayan venido a España a obtener un pasaporte con documentación falsa. Y es que cuentan con una enorme ventaja: los requisitos, filtros y controles para la regularización son mínimos, lo que convierte el proceso en una bomba de relojería social de dimensiones colosales.

Insistimos en que el hecho de que la mayoría de demandantes sea gente honrada no significa que la gestión del proceso abierto por el Gobierno no presente problemas, porque son dos cosas distintas. Es obvio que la actual situación es de caos —y no porque el Gobierno no estuviera advertido de los problemas que se podían presentar—, sino porque todo ha sido un dislate gigantesco desde el primer momento.

Y en el río revuelto de un proceso caótico como este siempre ganan los mismos: los que pretenden aprovecharse del coladero para delinquir desde el primer momento, porque falsificar documentos es ya un delito. Y eso es lo que está ocurriendo. Es lo que tiene abrir las puertas de forma generalizada sin poner a nadie controlando a la entrada.

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