Igualdad culpa a los jueces de que las pulseras antimaltrato sean inútiles en distancias cortas

jueces pulseras

Pues si las pulseras antimaltrato fallan —algo que ha quedado de manifiesto, pese a la negativa del Gobierno— y, al mismo tiempo, el Ministerio de Igualdad de la socialista Ana Redondo admite que los dispositivos telemáticos para proteger a las víctimas  «no resultan operativos» cuando el juez decreta una orden de alejamiento de 100 metros, el panorama no invita precisamente al optimismo. Insistimos en que el fallo de las pulseras es un hecho probado, pero que los dispositivos presenten también carencias, según admite el Gobierno, cuando las medidas de protección impongan una distancia menor de 500 metros, es el remate.

Según Igualdad, la distancia de la orden de alejamiento de 100 metros no permite margen operativo de las Fuerzas de Seguridad y dificulta, o directamente, imposibilita la protección efectiva de la víctima. El ministerio insiste en que «el tiempo de reacción es extremadamente reducido». Sobre todo, «si el agresor recorre esa distancia en vehículo, el margen de actuación se reduce a apenas unos segundos», dificultando la «intervención preventiva efectiva».

La cartera de Ana Redondo lo que hace -muy típico en este Gobierno- es criticar la decisión de un juez de interponer una orden de alejamiento con una distancia tan corta: «La eficacia del sistema no depende únicamente de la tecnología, sino también de las condiciones fijadas en la medida judicial, especialmente la distancia de exclusión». Más claro, agua.

Y para curarse en salud, acusa al juzgado de imponer unas medidas «simbólicas»: «Las órdenes de alejamiento deben ser medidas reales de protección, no pueden ser simbólicas ni meramente formales, deben establecer distancias y condiciones que reduzcan de forma efectiva el riesgo y permitan una respuesta preventiva y coordinada para proteger a las víctimas».

En suma, que cuando OKDIARIO desveló en exclusiva que las pulseras fallaban, era un bulo. Y cuando las órdenes de alejamiento imponen distancias cortas, la culpa de que no resulten efectivas las pulseras es de los jueces.

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