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La nieta de Donald Trump hace una confesión que deja a todos sin palabras: «Es raro tener una cita…»

Kai ha sido muy sincera y ha hecho una confesión que sorprenderá a su familia

La nieta de Donald Trump ha explicado cómo es vivir con seguridad las 24 horas del día

"Es raro tener una cita y que estén sentados dos mesas detrás de ti"

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La nieta de Donald Trump en su entrevista. (Foto: YouTube)

Vivir bajo protección permanente es una realidad poco conocida para el gran público, incluso cuando se trata de miembros de una de las familias más expuestas del panorama político estadounidense. Kai Madison Trump, la mayor de los diez nietos de Donald Trump, ha puesto palabras a esa experiencia en una reciente entrevista en la que se ha sincerado, con una franqueza poco habitual, sobre las dificultades cotidianas de crecer y hacerse adulta rodeada de escoltas del Servicio Secreto.

«Estaría mintiendo si dijera que no es duro», reconoció la joven, de 18 años, al hablar del impacto que tiene en su día a día la presencia constante de agentes encargados de velar por su seguridad. Kai Trump, hija mayor de Donald Trump Jr. y Vanessa Kay, explicó que solo ha contado con escolta en los periodos en los que su abuelo ha ejercido la presidencia de Estados Unidos: durante su primer mandato, entre enero de 2017 y enero de 2021, y de nuevo desde enero de 2025, cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca.

Durante la primera etapa, Kai era apenas una niña. Tenía alrededor de diez años y cursaba sus primeros años de instituto cuando comenzó a experimentar lo que supone vivir permanentemente acompañada por agentes de seguridad. «Fue duro», recordó, al evocar aquellos años en los que quedaba con su grupo de amigos y siempre había «un tío alto» siguiéndola de cerca, una presencia constante que la diferenciaba inevitablemente del resto de adolescentes de su edad.

El suceso que lo cambió todo

El cambio llegó durante el mandato de Joe Biden, cuando dejó de contar con escolta y pudo, por primera vez en mucho tiempo, experimentar una vida sin vigilancia permanente. Según explicó, ese periodo le permitió aprender «a vivir su vida como una persona normal», una etapa que hoy recuerda como un paréntesis de libertad y anonimato relativo.

Sin embargo, el regreso de su abuelo a la presidencia ha supuesto también el regreso de la protección oficial, esta vez en una etapa vital completamente distinta. A sus 18 años, Kai Trump se encuentra en un momento de transición hacia la vida adulta, con nuevas inquietudes personales y profesionales, y con una percepción mucho más consciente de las limitaciones que implica vivir bajo estrictas medidas de seguridad.

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Donald Trump con su nieta Kai. (Foto: Instagram)

Uno de los aspectos más llamativos de su testimonio fue la referencia a situaciones tan cotidianas como una cita. «Es raro cuando estás en una cita con un chico y están sentados dos mesas detrás de ti», confesó, describiendo con sencillez una escena que ilustra hasta qué punto la escolta condiciona incluso los momentos más íntimos y personales.

Kai explicó que, aunque intenta que esa presencia no le afecte, no siempre resulta sencillo. «He aprendido, especialmente en el último año, desde que mi abuelo volvió a ser presidente, a acostumbrarme a que me sigan y a pretender que no están ahí», señaló. Aun así, reconoció que los primeros meses fueron especialmente complicados, ya que no es fácil asumir que alguien te acompaña de forma constante, incluso en los momentos más triviales.

¿Qué hacen los escoltas?

Durante la entrevista, la joven también quiso aclarar cuál es exactamente el papel de los agentes que la protegen. Según explicó, su única función es garantizar su seguridad personal. «Si hay otras personas cerca de mí bebiendo y son menores de edad o lo que sea, no pueden detener a esa persona. Lo único que pueden hacer es, si es una amenaza para mí, sacarme fuera», afirmó, subrayando que su labor está estrictamente delimitada.

Esta comprensión del trabajo de los escoltas ha sido clave para que Kai Trump pueda convivir con la situación de una manera más serena. Aunque admite que no deja de ser una carga emocional, asegura que ha aprendido a centrarse en sí misma y a dejar que los agentes «hagan su trabajo», sin convertir la seguridad en el eje de su vida diaria.

Más allá de su apellido, Kai Madison Trump ha comenzado a construir su propio camino. Es una prometedora jugadora de golf y, al mismo tiempo, una figura muy seguida en redes sociales, donde acumula más de 2,6 millones de seguidores en Instagram y 3,6 millones en TikTok. Esa doble condición, como deportista emergente e influencer, añade un nivel adicional de exposición que convive con las exigencias de la seguridad oficial.

«Con una vida normal no piensas en esas cosas, simplemente sales de casa y te vas», reflexionó durante la conversación. Una frase que resume con claridad la diferencia entre una adolescencia corriente y una marcada por la vigilancia constante. Aun así, la joven parece decidida a no dejar que esa circunstancia defina por completo su identidad ni sus aspiraciones.

Una vida muy interesante

Lejos del dramatismo, el testimonio de Kai Trump ofrece una mirada sobria y humana sobre una realidad poco visible: la de quienes crecen bajo el peso de un apellido que implica privilegios, pero también renuncias. Consciente de que la protección es necesaria, la nieta mayor del presidente de Estados Unidos asume su situación con madurez, tratando de disfrutar de lo que hace y de no perder de vista que, más allá de la escolta, su vida sigue avanzando.

Un equilibrio complejo entre lo excepcional y lo cotidiano, entre la seguridad y la libertad, que define el presente de una joven que, pese a todo, busca construir su propio espacio al margen de la política y del poder que rodea a su familia.

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