Hoy la langosta es sinónimo de lujo, pero durante siglos tuvo una fama muy distinta. En las costas atlánticas de Norteamérica era tan abundante que se usaba como alimento barato, comida para presos, recurso para animales e incluso fertilizante. Su ascenso llegó con las conservas, el ferrocarril, el turismo y la refrigeración, que cambiaron por completo su imagen. Así, un crustáceo asociado a la pobreza terminó convertido en un gran símbolo de la gastronomía cara.
Hay propiedades que trascienden la idea de vivienda para convertirse en símbolos de una forma de vida. Eso es exactamente lo que ocurre con La Consentida, la finca sevillana de Andrés Roca Rey. Situada en Gerena, a pocos kilómetros de Sevilla, esta propiedad mezcla historia, arquitectura regionalista, tradición taurina y el carácter íntimo de los grandes cortijos andaluces.