Yo amé a Michael Jackson

Michael Jackson
  • Carla de la Lá
  • Escritora, periodista y profesora de la Universidad San Pablo CEU. Directora de la agencia Globe Comunicación en Madrid. Escribo sobre política y estilo de vida.

Pero no tanto como Sergio Ramos, que es mucho más amoroso y ha felicitado a su mujer, Pilar Rubio, públicamente con motivo de su aniversario. A mí esas declaraciones tan sentidas en redes sociales de los famosos me resultan embarazosas y no disparatadamente creíbles (lo cursi está en las antípodas de la autenticidad y también de la elegancia, cursi es, por definición, hortera). Por cierto, no creo que exista una pareja donde ambos miembros tengan un gusto tan sumamente poco sofisticado… ¡Y eso los convierte en campeones! ¿Cuántas horas de felicidad y diversión nos han dado? A su lado, Cristiano, con sus brillantes de 50 quilates en sendas orejas, y Georgina, me parecen Lord Grantham y Cora Crawley.

¿Y qué es la horterada, lo saben ustedes? Vulgaridad, cursilería, ostentación… Algo o alguien que, con apariencia de elegancia o riqueza, es pretencioso y de mal gusto. Lo que ustedes quieran, pero la horterada es preferible a que todos acabemos portando, impecables, como Paloma Cuevas, una bandeja de bombones Ferrero Rocher.

¿Y qué me dicen de la Sergio Ramos Collection? Parece ser que el sevillano ha encontrado en el Arte su mayor inspiración y se pasea por museos, exposiciones temporales y galerías disfrutando y comprando como haría Paul Getty. Y bien que hace. Sergio es audaz y voluntarioso. Pero no tanto como Pilar, que en sus tiempos fue heavy metal de verdad; aún podemos encontrar en las antigüedades online gloriosos estilismos de su juventud absolutamente demenciales (y maravillosos, ¡Te queremos Pilar!) que hermanaban, en algún lugar insólito del tiempo y del espacio, a todas las referencias universales de catálogo de carnaval con monja sexy, enfermera sexy, profesora sexy, mujer policía sexy, bombera sexy y vampiresa buenorra, con la cantante country, con Miguel Ríos en los 80, con Sabrina, con Sabina y con Morticia Adams. Un verdadero festival para los sentidos y para el alma.

Sergio es amante de los tatuajes, y en este punto coincidimos, no en los grabados sobre la piel (yo no tengo ninguno y no me molestan, aunque mi novio dice que son inversamente proporcionales al IQ). A lo que vengo: coincidimos Ramos y yo (y millones de personas en nuestra admiración por Michael Jackson) ¿Saben que el futbolista tiene un tatuaje del rey del pop? Supongo que se lo hizo antes de que publicaran el documental Leaving Neverland. Supongo que habrá visto la película. ¿Y ustedes?

En mi caso, fui al cine con la guardia alta, preparada para despellejar otra hagiografía mediocre, y salí del cine emocionada y algo mejor: convencida. ¡No se la pierdan! Es inspiradora y conmueve; me reconectó con el ídolo de mi pubertad.

Durante años me creí con tristeza la versión cómoda y devastadora: Michael, pederasta. Era el relato dominante, el que mató su reputación y quizá también su vida. Yo había aceptado ese relato como quien acepta una condena judicial que no ha leído, solo porque el rumor social es atronador. Esta película, sin embargo, me ha tirado del caballo.

Cuanto más reviso su figura, más claro lo veo como la víctima perfecta de un padre manipulador y abusivo, exprimido desde niño como una máquina de talento y dinero. Un prodigio al que no se le permitió ser niño, y se quedó para siempre ahí, donde todo es juego, fantasía y miedo al abandono. Un cuerpo adulto y una psique que no consiguió cruzar el umbral de la adolescencia. Un hombre roto que se refugió en un universo infantil no para destruir la infancia de otros, sino porque a él se la arrancaron.

Sus letras están cargadas de una fe casi idiota en la bondad, en la redención, en la posibilidad de cambiar el mundo solo con amor y dulzura. No hablan con el cinismo del depredador; lo hacen desde la vulnerabilidad del que suplica que le vean como algo más que un monstruo o una máquina de hits. ¿Fuimos incapaces de distinguir entre rareza y crimen? ¿Optamos por llamar monstruo a todo lo que no entendimos?

A los 10 años me volví loca perdida por Michael Jackson, yo estudiaba ballet y él era un genio musical y un brillantísimo bailarín y coreógrafo… Lo encontraba tan sexy… hubiera huido con él segurísimo; menos mal que no se le ocurrió venir a mi colegio de monjas de Vitoria a buscarme. Menos mal que no me hice un tatu con su cara. Dejé de amarle gradualmente a medida que se convertía en blanco. Y digo yo, Freud, Lacan, Jung, Jaspers, López Ibor… Que el resto de la historia es mejor no declararla.

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