Historia

¿Por qué las planchas medievales duraban siglos, mientras que las planchas actuales se oxidan en pocos años?

Las planchas medievales
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Hay una imagen que todos observado en alguna ocasión: una vieja puerta de hierro, una barandilla en un edificio histórico o una pieza de metal que ha durado siglos en perfecto estado. Y, por otro lado, una herramienta moderna que empieza a oxidarse en poco tiempo. La pregunta parece sencilla, pero resulta muy interesante para los amantes de la historia: ¿cómo es posible que las planchas antiguas duraran tanto, mientras que hoy vemos que las estructuras metálicas se desgastan tan rápidamente? La respuesta, según los científicos, no reside en algún material «mágico», sino en la forma en que se trabajaba el metal en la antigüedad.

Un estudio publicado en Scientific Reports analizó muestras de hierro producidas mediante una técnica tradicional de la India para comprender por qué algunos hierros antiguos resistían mejor la oxidación que los metales que se fabrican en la actualidad. Pues bien, a diferencia de la producción industrial moderna, el hierro obtenido hace siglos no era un material perfecto, puro y uniforme; se producía en hornos tradicionales, en una masa esponjosa que también contenía escoria, es decir, residuos del proceso de producción.

La razón por la que las planchas medievales duraban tanto

El proceso de forjado en caliente tuvo un papel esencial en la conservación del metal, ya que compactaba la estructura interna del hierro, disminuyendo la presencia de poros y corrigiendo parte de las imperfecciones que podían facilitar su degradación con el tiempo. Sin embargo, uno de los hallazgos más interesantes del estudio está vinculado a la propia corrosión. Aunque normalmente el óxido se interpreta como un signo de deterioro de los metales, en este caso los expertos observaron que la corrosión superficial pudo funcionar como un mecanismo natural de protección. En lugar de acelerar el desgaste, favoreció la creación de una película protectora sobre la superficie del hierro.

Esto no quiere decir que todas las planchas antiguas fueran superiores a las actuales, ni que el hierro pueda equipararse al acero inoxidable, un material específicamente diseñado para resistir la corrosión. La comparación más adecuada es con los aceros y planchas convencionales que, cuando se exponen a la humedad una protección adecuada, se oxidan con relativa rapidez.

El estudio plantea, además, que la metalurgia antigua no era necesariamente «primitiva»; los artesanos del metal acumulaban una gran experiencia práctica que les permitía obtener materiales con propiedades sorprendentes.

El hierro en la Edad Media

La utilización generalizada del hierro como material de uso en la Edad Media, puede considerarse como una innovación técnica que tuvo una gran incidencia en el desarrollo de la sociedad medieval. Dicha generalización vino condicionada, en cierta medida, por la introducción, también generalizada, de la energía hidráulica en el proceso de producción siderúrgica, lo que permitió un considerable aumento de la producción y una mejora de la calidad del producto», detalla el estudio «El hierro en la Edad Media: desarrollo social y tecnología productiva», publicado en el Anuario de Estudios Medievales.

En lo que respecta a la producción de hierro, si se compara el lugar que ocupa esta actividad dentro de los sistemas técnicos tardoantiguos y altomedievales, deben considerarse principalmente dos aspectos. En primer lugar, el hierro como material de uso se generaliza en la Alta Edad Media, sustituyendo por completo al bronce, que aún era considerado el material de mayor calidad en época tardoantigua. En segundo lugar, la generalización de la energía hidráulica aplicada a diversos procesos productivos constituye una de las innovaciones más relevantes de la Alta Edad Media.

El trabajo en las fraguas y talleres se puede reconstruir, en parte, a través de las «Etimologías de San Isidoro de Sevilla», donde se ofrecen explicaciones sobre las herramientas y su uso en la forja del hierro.

El yunque se describe como el lugar donde se golpea el hierro. Su nombre (incus) se relaciona con la acción de golpear (caedere), ya que sobre él se da forma al metal mediante percusión. En tradiciones anteriores se habría denominado intus, aludiendo al proceso de batir o laminar el metal. De forma relacionada, el martillo (malleus) se vincula con el hecho de golpear lo blando o caliente (mollis). Se distinguen además distintos tamaños: marcus para el más grande, martellus para el mediano y marculus para el más pequeño, lo que refleja cierta especialización en las herramientas del taller.

Asimismo, las tenazas (forcipes) se explican como instrumentos destinados a sujetar el hierro candente, ya que permiten tomar y удержar el metal caliente sin contacto directo. La lima, por su parte, recibe su nombre por su capacidad de suavizar la superficie del material, mientras que el cincel se asocia al trabajo de los plateros y al acabado detallado del metal.

El papel de los herreros era relevante dentro de la sociedad, ya que su actividad resultaba esencial para la producción de herramientas, armas y útiles cotidianos. Su oficio solía transmitirse de generación en generación.

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