Antigua Roma

Isaac Moreno Gallo, historiador experto en ingeniería antigua: «Las carreteras del Imperio romano tenían cunetas de balizamiento de 20 metros a cada lado de la calzada»

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Recreación construcción calzada romana.
  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Los investigadores españoles nos han ayudado a entender muchos secretos de la Antigua Roma. Por ejemplo, una de las cosas que más llama la atención es la construcción de las calzadas y cómo han aguantado tanto tiempo.

En un vídeo de YouTube, el experto en ingeniería antigua Isaac Moreno Gallo ha detallado cómo se construían estas vías desde el terreno inicial hasta la capa de rodadura.

Pero lo más llamativo son los últimos hallazgos que han hecho en los márgenes. Al parecer, los romanos construían unas cunetas de balizamiento a unos 20 metros de la calzada que servían para ordenar el acceso y mejorar la seguridad del entorno.

Las calzadas de la Antigua Roma tenían cunetas de balizamiento, según un ingeniero

Moreno Gallo destaca en el vídeo un elemento descubierto hace poco y que cambia la forma de mirar estas vías: «Un dato relevante descubierto hace poco. A ambos lados de la calzada, y a una distancia de unos 20 metros de esta se establecían las cunetas de balizamiento que impedían el acceso sin control de los vehículos desde fuera de la vía».

Lo llamativo es que no sólo funcionaban como límite físico para los usuarios de la vía, sino que también servían como protección tanto contra los animales como contra algunas personas indeseables.

Así lo ha explicado el ingeniero: «Estas cunetas, cuya existencia se ha descubierto recientemente, también aumentaban la visibilidad del espacio periférico, evitaban sorpresas con la fauna salvaje y dificultaban el acecho de eventuales asaltantes».

Cómo empezaba la construcción de una calzada romana

El proceso arrancaba mucho antes de colocar la primera capa de piedra. «Primero se procedía a deforestar una amplia zona desbrozando toda la vegetación. Después en la tierra que se había proyectado la vía se retiraba la tierra vegetal hasta encontrar una base sólida», relata Moreno Gallo.

Una vez preparada esa base, llegaba el momento de marcar el ancho de la carretera. En palabras del experto, «a continuación, sobre esta base, se colocaban los bordillos de acuerdo con el ancho escogido para la vía».

A partir de ahí empezaba la estructura interior de la calzada: «Entre los bordillos se colocaban piedras gruesas que servían como cimentación y sobre ellas otras capas de piedras más pequeñas mezcladas con áridos finos, para evitar que quedasen huecos».

El paso último para la construcción de la calzada romana era la colocación de la capa de rodadura. Para ello «se añadían las zahorras, un conjunto de gravillas, arena y arcilla».

La construcción por capas y el drenaje: lo mejor de la ingeniería de la Antigua Roma

Un detalle muy especial de la ingeniería romana es que las construcciones se hacían por fases y con materiales ya compactados. Por ejemplo, Moreno Gallo señala que «los carros basculantes avanzaban sobre las diferentes capas ya compactadas para depositar los materiales de la siguiente».

Para que nos entendamos y, aunque el ojo puede engañarnos, construir una calzada romana no era tan sencillo como verter piedra. Para que hayan aguantado siglos se seguía un proceso de extensión, riego y compactación en cada tramo.

«En un proceso en el que después del vertido en montones debía realizarse el extendido con tablones, el regado con cubas y la compactación con rodillos», explica el ingeniero.

Con ello ocurría un proceso continuo hasta conformar la capa de rodadura, que estaba compuesta por los materiales de mayor calidad para que circulasen por encima los vehículos y los animales.

Además, Moreno Gallo argumenta que el diseño final estaba totalmente pensado para la lluvia: «La geometría final de la calzada ofrecía ligeras pendientes laterales que permitían desaguar el agua de lluvia del exterior para ser conducida lejos de la calzada».

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