Maribel Verdú recuerda a la mujer que marcó su infancia: «Mi abuela Isabel era la persona más buena y bonita del mundo»
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Maribel Verdú ha hablado en distintas ocasiones de los primeros años de su carrera y de las personas que estuvieron a su lado cuando comenzó a trabajar como actriz siendo todavía una adolescente. Entre esos recuerdos ocupa un lugar especialmente importante su abuela Isabel, con quien vivió durante parte de su infancia y a la que siempre ha descrito con enorme cariño. La intérprete madrileña recuerda a aquella mujer como una figura fundamental durante sus primeros años, tanto por la educación recibida como por el vínculo que mantuvieron. También ha contado alguna de las divertidas situaciones que protagonizaron cuando comenzó a aparecer en películas, como la explicación que inventó para tranquilizarla ante las escenas de besos.
Una abuela muy presente en su infancia
Maribel Verdú creció entre su casa familiar y la de sus abuelos. Sus padres vivían en San José de Valderas, al sur de Madrid, pero querían que su hija estudiara en el colegio del Santo Ángel de la Guarda, situado en Argüelles, donde ellos mismos habían estudiado. Por ese motivo, la actriz se trasladó a vivir con sus abuelos, ya que su casa estaba cerca del centro escolar.
Aquel periodo dejó una huella profunda en la actriz, especialmente por la relación que mantuvo con su abuela Isabel. Al recordar aquellos años, Verdú no escatima en elogios: «Mi abuela Isabel era la persona más buena y bonita del mundo», aseguró en una entrevista concedida a Jot Down. También la definió como «una mujer de orden, como suele decirse».
La historia familiar de Isabel también llamó especialmente la atención de la actriz. Según explicó, su abuela se casó con un coronel de Infantería y juntos tuvieron dieciséis hijos. Una familia numerosa que formó parte de la historia personal de Maribel Verdú y del entorno en el que creció.

El curioso secreto de los besos en el cine
Cuando Maribel Verdú comenzó a trabajar como actriz, todavía era muy joven. A los catorce años ya se enfrentaba a rodajes y a situaciones propias de una profesión que, para su familia, no siempre resultaba sencilla de comprender.
Uno de los asuntos que más preocupaba a su abuela eran las escenas de besos. Para una mujer de su generación, ver a su nieta protagonizando este tipo de secuencias en una película podía resultar desconcertante. La solución de Verdú fue recurrir a una pequeña mentira que todavía recuerda con humor.
«No, abuela, que lo hacen con un vidrio, nos ponen un vidrio en medio, y como es transparente, luego en pantalla no se ve», le explicó para tranquilizarla.
La actriz reconocía no saber si su abuela llegó realmente a creerse aquella explicación o si simplemente decidió seguirle el juego. «Nunca supe si se lo creyó o hizo ver que se lo creía», contó. Lo que sí tenía claro Verdú era el orgullo que sentían sus abuelos por ella.

Sus abuelos siguieron sus primeros pasos
La relación con sus abuelos estuvo estrechamente ligada a los comienzos profesionales de la intérprete. Maribel Verdú empezó a trabajar siendo adolescente y su primer contacto con la interpretación llegó de una manera bastante casual. Según relató, estaba en una cafetería con una amiga al salir del colegio cuando un hombre se acercó para preguntarle si quería ser actriz.
Aquel encuentro terminó llevándola hasta las pruebas para El crimen del capitán Sánchez, producción de la serie La huella del crimen. El director era Vicente Aranda, que inicialmente no estaba convencido de que aquella adolescente pudiera asumir el papel.
Verdú recordó que tuvo que interpretar distintas situaciones durante la prueba y que respondió a todas ellas sin miedo. «Y yo lo hice todo, porque a esa edad no tenía miedo de nada», explicó años después.
Finalmente consiguió el papel y comenzó una trayectoria que la convertiría en una de las actrices más reconocidas del cine español.

El orgullo de Isabel por su nieta
Aunque la carrera de Maribel Verdú avanzó rápidamente, sus primeros trabajos no siempre fueron fáciles de asimilar para sus abuelos. La propia actriz reconoció que hubo películas que ellos nunca llegaron a ver porque ella prefería que no las vieran.
Aun así, aseguraba que tanto su abuela como su abuelo estaban orgullosos de sus pasos profesionales. «Pero estaba muy orgullosa de mí. Mi abuelo era muy duro, pero también lo estaba», recordó.
La figura de Isabel permaneció ligada a la carrera de Verdú incluso después de su fallecimiento. De hecho, la actriz ha explicado que algunas de sus películas están inevitablemente asociadas a recuerdos personales de su abuela. Entre ellas se encuentra Amantes, dirigida por Vicente Aranda, un título especialmente importante en su trayectoria.
Durante aquel rodaje, Isabel estaba ingresada en el hospital. Verdú compaginaba el trabajo con las visitas y con los ensayos de una obra de teatro. «Por las tardes iba al hospital a verla y ella me pasaba el texto. Le hacía muchísima ilusión que yo hiciera aquel papel, y nunca llegó a verme», contó.
La muerte de su abuela coincidió además con el final del rodaje de Amantes. La actriz recibió la noticia al regresar a casa de sus padres después de trabajar. Desde entonces, su recuerdo ha seguido acompañándola en su profesión: «Desde entonces, cada vez que salgo a escena miro hacia arriba y le dedico la función».