Cristina Martín Blasi, presidenta de Luxury Spain: «El gran lujo del futuro será tener aquello que la tecnología no puede masificar»
Responsable de Relais & Châteaux: «El perfil con alto poder adquisitivo no quiere ir a un gran hotel, sino a un destino pequeño y acogedor»
Un experto nos habla sobre cómo está cambiando el viajero de lujo: «Quieren vivirlo más y presumir menos»

Eva Longoria, François-Henri Pinault, Miguel Ángel Moratinos, Esther Koplowitz, Albert Adrià o Peter Sisseck han protagonizado la segunda edición de los International Luxury Awards, celebrada este miércoles 30 de septiembre en Madrid. Impulsados por la Asociación Española del Lujo, Luxury Spain, estos galardones nacieron con una premisa poco habitual: entender el lujo no sólo como una industria vinculada a grandes firmas, productos exclusivos o precios elevados, sino como un ecosistema en el que también caben la cultura, la tecnología, la gastronomía, la empresa, el arte, la hospitalidad o las instituciones internacionales.
Para conocer de primera mano cómo ha cambiado este concepto y qué papel ocupa España en el mapa internacional del lujo, hemos hablado con Cristina Martín Blasi, fundadora y presidenta ejecutiva de la Asociación Española del Lujo, Luxury Spain y creadora de estos premios.
Un lujo que ya no se mide sólo por el precio
Para Cristina Martín Blasi, el cambio en la percepción del lujo durante los últimos años ha sido evidente. Aunque el producto continúa teniendo un papel fundamental, la definición actual incorpora factores que van mucho más allá de aquello que puede comprarse.
«El lujo ha evolucionado muchísimo. Evidentemente, el producto sigue siendo importante, porque detrás de una pieza excepcional hay calidad, creatividad, artesanía, investigación y muchísimas horas de trabajo. Pero hoy el lujo va mucho más allá del objeto», explica.
Tiempo, privacidad, bienestar, personalización, cultura, gastronomía o experiencias únicas forman parte ahora de ese concepto. También la manera en la que se produce un producto y los valores de la compañía que existe detrás. «El consumidor quiere saber quién está detrás de una marca, cómo se produce, qué historia tiene y cuál es su propósito», apunta.
La empresaria resume esa transformación en una idea: «Para mí, el lujo contemporáneo es precisamente la unión entre excelencia y emoción». Y añade: «Algo puede ser muy caro y, sin embargo, no transmitir absolutamente nada. El verdadero lujo empieza cuando existe una historia, una emoción y una excelencia difíciles de replicar».

¿Qué tienen en común Eva Longoria y François-Henri Pinault?
La lista de premiados explica por sí sola la filosofía de estos galardones. Eva Longoria, cofundadora de Global Gift Foundation junto a María Bravo; François-Henri Pinault, presidente de Pinault Collection; Miguel Ángel Moratinos, subsecretario general de Naciones Unidas y Alto Representante de la Alianza de Civilizaciones; Esther Koplowitz; Lino Cattaruzzi, presidente de Google; Albert Adrià o Peter Sisseck comparten reconocimiento pese a desarrollar trayectorias completamente diferentes.
«Nosotros no entendemos el lujo únicamente como una industria vinculada a determinadas marcas. Entendemos el lujo como excelencia, liderazgo, creatividad, innovación e impacto», señala Martín Blasi.
Por eso, explica, «una personalidad del mundo empresarial, un gran chef, una institución internacional, un líder tecnológico o alguien con una importante dimensión filantrópica pueden pertenecer perfectamente al mismo ecosistema cuando comparten una misma forma de entender la excelencia».
La transversalidad es precisamente una de las señas de identidad de los International Luxury Awards. «El lujo actual conecta cultura, empresa, gastronomía, tecnología, hospitality, sostenibilidad, innovación y compromiso social», afirma. Y resume el criterio con el que se construye la lista de reconocidos: «Lo que buscamos son personas e instituciones que hayan conseguido transformar su ámbito y dejar una huella».

El lujo que llegará con la tecnología
La transformación del sector tampoco parece haber terminado. De cara a los próximos años, Martín Blasi anticipa una relación cada vez más estrecha entre lujo y tecnología, aunque con una paradoja: cuanto más tecnológica sea la sociedad, más valor podrían adquirir determinados elementos humanos.
«La inteligencia artificial permitirá una personalización extraordinaria, pero, paradójicamente, creo que cuanto más tecnológica sea nuestra sociedad, más valor tendrá lo humano», sostiene.
La conversación personal, el conocimiento del cliente, la atención excepcional o la artesanía podrían convertirse así en activos todavía más exclusivos. «El gran lujo del futuro será tener acceso a aquello que la tecnología no puede masificar: tiempo, humanidad, privacidad y experiencias verdaderamente irrepetibles», asegura.

España quiere ganar peso en el lujo internacional
Los premios también funcionan como escaparate de una industria española que, según Martín Blasi, tiene todavía margen para crecer internacionalmente. «España vive un momento extraordinario, pero todavía tenemos muchísimo recorrido», afirma.
La lista de fortalezas es amplia: gastronomía, cultura, patrimonio, clima, lifestyle, hoteles, artesanía, moda, vinos y arquitectura. A ello se suma la transformación que está viviendo Madrid y el interés creciente que despierta España entre viajeros, inversores y grandes patrimonios internacionales.
Sin embargo, la fundadora de Luxury Spain señala un reto concreto: «Creo que durante muchos años hemos sido extraordinariamente buenos creando excelencia, pero no siempre hemos sido igual de buenos comunicándola y proyectándola internacionalmente».
Hospitality, gastronomía, turismo, inmobiliario premium, vinos y espirituosos, moda, belleza, artesanía y diseño aparecen entre los sectores con mayor potencial. Y hay un elemento que, para ella, resulta especialmente difícil de replicar: «España tiene algo muy difícil de fabricar: una forma de vivir».
Por eso, cuando se le pregunta cuál es el principal activo del país, responde con una sola palabra: «Nuestra identidad». Una identidad construida a partir de siglos de historia, patrimonio, arquitectura, gastronomía, artesanía y cultura, pero también de un lifestyle que atrae al consumidor internacional.
«El gran lujo de España es España misma: nuestra cultura, nuestra forma de vivir y nuestra capacidad de hacer sentir al visitante que forma parte de algo auténtico», afirma.

Cómo se elige a los grandes nombres de los premios
Tras los nombres de la gala existe también un proceso de selección que busca ir más allá de la popularidad. El jurado está formado por miembros del Comité de la Asociación Española del Lujo, Luxury Spain, expertos del sector y embajadores de la Asociación, que aportan diferentes perspectivas nacionales e internacionales.
«No buscamos únicamente nombres conocidos», explica Martín Blasi. En la selección se estudian «la trayectoria de cada candidato, su aportación a su sector, su capacidad de innovación, su influencia internacional, su legado y los valores de excelencia que representa».
No existe, además, un único criterio determinante. «En algunos casos pesa especialmente una trayectoria de décadas; en otros, la capacidad de innovación; en otros, haber transformado completamente una industria o haber construido una organización con una influencia internacional extraordinaria», detalla.
Lo que sí permanece como denominador común es «la excelencia y la autenticidad». Y esa idea permite entender por qué en una misma edición pueden convivir grandes nombres de la moda y los negocios con chefs, tecnólogos, representantes institucionales o figuras vinculadas a la filantropía.

François-Henri Pinault, Albert Adrià y Peter Sisseck: diferentes formas de excelencia
Entre los premiados, François-Henri Pinault representa una de las grandes transformaciones experimentadas por la industria internacional del lujo. Para Martín Blasi, su trayectoria está vinculada a la evolución de algunas de las casas más relevantes del sector y a la necesidad de combinar patrimonio y futuro.
«Los grandes grupos de lujo han tenido que evolucionar desde modelos fundamentalmente centrados en producto hacia organizaciones globales en las que conviven creatividad, cultura, innovación, sostenibilidad y gestión empresarial», explica.
También la gastronomía ocupa un lugar destacado en esta nueva concepción del lujo. Albert Adrià y Peter Sisseck representan dos maneras distintas de entender una excelencia vinculada al producto, el territorio y el conocimiento.
«Porque la gastronomía reúne prácticamente todos los valores del lujo contemporáneo», señala Martín Blasi. «Hay creatividad, producto, territorio, conocimiento, artesanía, servicio, emoción y, sobre todo, experiencia».
En el caso de una gran experiencia gastronómica, además, existe un componente que conecta directamente con su definición de lujo contemporáneo: «No puede almacenarse ni reproducirse exactamente. Sucede en un momento determinado, en un lugar determinado y alrededor de una mesa».
Una idea que también traslada al vino, donde identifica «territorio, tiempo, conocimiento, tradición y una enorme carga emocional». Para la fundadora de Luxury Spain, ambos se han convertido así en «dos de los grandes lenguajes internacionales del lujo».