Construcción sostenible

Austria rompe las leyes físicas: reduce un 60% el CO2 con muros de ladrillo que se desmontan y reutilizan de un edificio a otro

CO2
Muros desmontables de Re-Use Ziegelwand. Foto: IBPSC – TU Graz.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Gran parte de la huella de CO2 global proviene directamente del ladrillo y el hormigón. La producción de cemento y el transporte logístico pesado liberan inmensas cantidades de CO2 a la atmósfera, un duro peaje insostenible para el actual modelo de consumo estrictamente lineal.

A diferencia de bienes comunes, las grandes superficies comerciales tienen ciclos de uso sorprendentemente cortos. Superados apenas quince o veinte años, las estructuras terminan derruidas por completo. Esta mala práctica manda al vertedero componentes de altísima calidad que perfectamente merecen una segunda oportunidad productiva en otros lugares.

Conociendo la tecnología de los muros desmontables y cómo logra reducir un 60% las emisiones de CO2

Investigadores de la Universidad Tecnológica de Graz (Austria) han unido fuerzas con el principal fabricante austriaco de materiales cerámicos para diseñar el proyecto bautizado como Re-Use Ziegelwand. Su principal meta es crear módulos prefabricados de arcilla totalmente recuperables tras finalizar su función estructural original.

El secreto de este formato innovador radica en unas complejas uniones mecánicas reversibles. Al descartar la clásica argamasa húmeda que fusiona las piezas para siempre, los obreros pueden separar los pesados paneles prefabricados como si fuesen simples piezas de un popular juego de construcción infantil.

Este simple pero efectivo cambio de paradigma industrial desacopla la vida del material de la vida del propio edificio.

Según los expertos responsables de la iniciativa, mantener estos ladrillos en circulación durante tres ciclos completos reduce de forma directa y cuantificable el impacto medioambiental negativo.

Para estar bien abrigado en invierno: el rendimiento térmico que propone este proyecto

La apuesta austriaca no descuida las exigentes normativas actuales sobre máxima eficiencia energética. Los prototipos cerámicos ensayados tienen 44 centímetros de grosor y albergan gruesa lana aislante en su interior para garantizar la plena retención del calor durante los meses más fríos del crudo invierno.

El laborioso proceso productivo se traslada desde la intemperie hasta el cómodo interior de las naves industriales. Allí, las máquinas de precisión ensamblan los paneles de arcilla y aplican las capas de yeso pertinentes antes de trasladar el conjunto final directamente a la parcela asignada.

Esta industrialización previa recorta notablemente los amplios tiempos de ejecución y disminuye los temidos sobrecostes imprevistos. Los operarios especializados solo necesitan acoplar las grandes y pesadas estructuras con grúas ligeras, sin guardar semanas de cortesía hasta que los materiales húmedos se asienten de forma definitiva.

El futuro circular de la edificación urbana

La Agencia Austriaca de Promoción de la Investigación financia parte de estos desarrollos para impulsar la prometedora economía circular en todo el territorio europeo.

Téngase presente que reutilizar elementos estructurales intactos evita la constante extracción de nuevas materias primas desde las canteras y alivia el volumen de desechos inactivos.

Cuando un supermercado moderno o una simple nave logística agota su viabilidad comercial, los dueños suelen ordenar el derribo demoledor y completo. Con esta nueva y limpia técnica, las empresas especializadas pueden desmontar las sólidas fachadas y venderlas para levantar un nuevo proyecto a pocos kilómetros.

La viabilidad técnica de este ambicioso circuito cerrado ya está demostrada en los laboratorios del Instituto de Física y Construcción de Graz. Ahora, el gran reto para el estricto sector inmobiliario reside en adaptar su férrea legislación para certificar y avalar legalmente estos sólidos componentes rescatados.

La solución austriaca, pensada para la arquitectura comercial

Los enormes centros comerciales y las naves de distribución por carretera se erigen hoy como los principales candidatos para adoptar este bloque modular cerámico. Sus ciclos operativos resultan tan sumamente breves que la demolición tradicional supone una verdadera aberración ecológica y una enorme pérdida financiera injustificable.

La posibilidad factible de recuperar intacto el cerramiento exterior cambia radicalmente las reglas del lucrativo mercado secundario de materiales.

Como se mencionó antes, en lugar de pagar fuertes tasas municipales para depositar los escombros triturados, los propietarios pueden monetizar sus viejos muros mediante la venta a terceros para nuevas iniciativas constructivas.

El clásico modelo de negocio de las grandes inmobiliarias podría virar hacia un formato nuevo que ofrezca al cliente las siguientes ventajas directas:

  • Alquiler temporal de estructuras pesadas y muy resistentes.
  • Retención jurídica de la propiedad del material básico utilizado.
  • Traslado ágil de los enormes bloques desde parcelas obsoletas hacia zonas mucho más rentables.

Nuevas normativas para contener el CO2 mundial

Para contener el CO2, la Unión Europea prepara una batería de directivas estrictas para forzar el reciclaje obligatorio de componentes pesados en la próxima década. Las grandes constructoras deberán justificar el origen de sus diversos suministros y presentar planes detallados para la futura y limpia deconstrucción de sus enormes bloques residenciales.

Francia, por ejemplo, ya impone un porcentaje obligatorio de materiales biológicos o netamente reciclados en los nuevos y colosales edificios promovidos por el Estado. Parece ser desde entonces que estas firmes exigencias legales aceleran el interés inversor por sistemas reversibles capaces de superar las duras inspecciones de calidad de manera transparente.

Durante el último ejercicio completo contabilizado, el sector global de la construcción generó más de 3.000 millones de toneladas de escombros en todo el planeta.

Solo en territorio europeo, esta febril actividad genera casi el 35% de todos los residuos sólidos enviados anualmente a vertederos autorizados.

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