Recetas sencillas

Es el dulce más típico del otoño español pero todo el mundo los compra en la pastelería: la receta más fácil para hacer buñuelos de viento en casa

buñuelos de viento en casa
Buñuelos de viento. Foto: Tamorlan en Wikimedia Commons.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

No hay vueltas que darle. El otoño trae consigo castañas, boniatos asados y una de las tradiciones dulces más arraigadas en España: los buñuelos de viento. Ligeros, dorados y huecos por dentro, son los grandes protagonistas de la festividad de Todos los Santos, cuando las pastelerías multiplican su producción para atender las colas de clientes que buscan su bandeja.

Lo curioso aquí es que muy pocos se plantean prepararlos en casa. Y sí, la masa tiene fama de complicada y la fritura impone respeto, así que la mayoría opta por comprarlos ya hechos. Sin embargo, se trata de una elaboración con ingredientes muy básicos y unos pasos fáciles de seguir, incluso para quien no tiene experiencia en repostería.

La receta más fácil para hacer buñuelos de viento en casa

Partiendo de la base, los buñuelos de viento se hacen con una masa escaldada, la misma que se usa para los profiteroles o las lionesas: primero se cuece la harina en un líquido caliente y después se añaden los huevos.

Al freírse, el agua de la masa se convierte en vapor y la hincha desde dentro, lo que explica ese interior hueco. Para unas cuatro raciones se necesitan estos ingredientes:

  • 65 gramos de harina de trigo.
  • 125 mililitros de agua.
  • Quince gramos de mantequilla.
  • Veinte gramos de azúcar.
  • Dos huevos.
  • La ralladura de un cuarto de limón y una pizca de sal.
  • Aceite de girasol para freír y azúcar glas para decorar.
  • Paso a paso para que salgan unos buñuelos de viento perfectos

    La clave de esta versión es que basta con un cazo, una cuchara de madera y dos cucharillas. El tiempo total ronda la hora y media, aunque buena parte se va en el reposo de la masa. A continuación, los pasos a seguir:

    1. Calentar el agua en un cazo con la mantequilla, el azúcar, la sal y la ralladura de limón.
    2. Cuando hierva y la mantequilla se haya fundido, retirar del fuego y añadir la harina de golpe.
    3. Remover con energía hasta formar una bola de masa que se despegue de las paredes del cazo.
    4. Pasarla a un bol y dejar que se temple unos minutos.
    5. Incorporar los huevos de uno en uno, sin añadir el segundo hasta que el primero esté bien integrado.
    6. Tapar con film y dejar reposar entre una y dos horas a temperatura ambiente.
    7. Freír pequeñas porciones en abundante aceite, ayudándose de dos cucharillas, hasta que se inflen y se doren.
    8. Escurrir sobre papel absorbente y espolvorear con azúcar glas.

    Los trucos para que los buñuelos de viento queden huecos

    Obviamente el paso más delicado es la fritura. El aceite debe estar entre 165 y 170 grados: si está demasiado caliente, se forma una costra que impide que el buñuelo crezca y el interior queda crudo; si está frío, la masa se hunde, se pega al fondo y absorbe grasa.

    Sin termómetro, una buena referencia es echar una pizca de masa y comprobar que sube a la superficie rodeada de burbujas suaves.

    También conviene freír en tandas pequeñas, porque meter demasiadas porciones de golpe baja la temperatura del aceite.

    No hay que alarmarse si los buñuelos se abren al girar en la sartén. Esta es una señal de que están creciendo y vaciándose por dentro. Untar las cucharillas con un poco de aceite evita que la masa se pegue y ayuda a lograr bolitas más redondas.

    El reposo de la masa tampoco es un trámite, ya que le da cuerpo y facilita que los buñuelos se inflen de forma homogénea.

    Y aquí va un detalle importante: la masa crece mucho al freírse, así que las porciones deben ser del tamaño de una avellana. Lo ideal es tomarlos el mismo día, porque con las horas pierden su textura crujiente.

    Cómo rellenar los buñuelos de viento

    Aunque se pueden tomar tal cual, lo más habitual es rellenarlos. La forma más cómoda es usar una manga pastelera con boquilla fina: se hace un pequeño corte o agujero en cada buñuelo, una vez frío, y se introduce el relleno con suavidad hasta notar que está lleno.

    Los clásicos son la crema pastelera, la nata montada y la trufa, aunque también admiten chocolate fundido o cabello de ángel.

    ¿Por qué se comen buñuelos de viento en Todos los Santos?

    Aunque muchos no lo crean, su origen se remonta a la Edad Media y se suele vincular a la repostería árabe y a los bimuelos, unos bollos fritos que los judíos sefardíes preparaban para celebrar la Janucá.

    Incluso, ya aparecen en el recetario de Francisco Martínez Montiño, cocinero de tres reyes, publicado en 1611. Con el tiempo, la tradición cristiana los asoció al recuerdo de los difuntos: según el dicho popular, cada buñuelo que se come saca un alma del purgatorio.

    En este sentido, Madrid es una de las ciudades donde la costumbre sigue más viva. En la capital llegaron a ser tan populares como los churros, y hoy sus cerca de 600 pastelerías venden alrededor de 300.000 kilos de buñuelos durante la campaña de Todos los Santos, según estimaciones del sector, muy por delante de los huesos de santo y del resto de dulces típicos de estas fechas.

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